¡Un año entero dando dinero a los niños para pagar un préstamo! ¡No daré ni un céntimo más!

Life Lessons

¡Tía, te cuento lo que ha pasado en casa! Llevamos un año entero pagando la hipoteca de los nietos y, al fin y al cabo, ya no quiero seguir tirando la casa por la ventana.

Yo y mi marido, José, sólo tenemos un hijo, Carlos, que ya es adulto y tiene su propia familia. De hecho, ya somos abuelos. Crecí en la época del franquismo y me casé a los treinta y tantos, cuando todavía me llamaban vieja solterona. Por entonces, la gente esperaba que te casaras y tuvieras hijos al instante; quedar sin descendencia se veía casi como una señal de mala suerte.

Cuando finalmente nos llegó Carlos, decidimos que con un solo hijo bastaba. Sabíamos bien que criar a un niño cuesta un pastón y, cuanto más hijos, más dinero hay que destinar. Así que nos enfocamos en darle una buena educación, asegurarnos de que tuviera todo lo necesario y, por fin, poner el piso en orden.

Pero el hijo tiene otra idea. Casi al casarse, su mujer, Lucía, quedó embarazada y nació nuestro primer nieto. La pareja no tenía piso propio, así que se lanzaron a pedir un préstamo para comprar un piso en Barcelona. Nosotros les fuimos ayudando a pagar la cuota cada mes. Y, como si fuera poco, Lucía volvió a quedar embarazada. Yo le pregunté cómo iban a alimentar a dos niños y, al mismo tiempo, a pagar el préstamo. Ella se ofendió, me dijo que se las arreglarían y yo, con la mejor intención, le dije: Si lo logran, genial.

Al principio lo lograron, pero luego las cosas se complicaron: Lucía no pudo seguir trabajando y Carlos perdió el curro. Entonces, sin ninguna alternativa, se mudaron al piso que nosotros alquilábamos. José, con su buen corazón, decidió echarles una mano y cubrir la hipoteca durante un año entero. Yo pensé que estaríamos haciendo un gran favor a los niños, pero no fue así.

Hace poco descubrí que la hipoteca no se ha liquidado; llevan seis meses de retraso. ¿Dónde se ha metido el dinero? José está que trina, dice que ya no tiene fuerzas para seguir. Yo estoy flipando, no sé qué decir ni qué hacer. Hemos intentado ayudarles y, en vez de agradecimiento, nos tienen pegados a la garganta y sin un céntimo a la vista. ¿Y ahora qué vamos a hacer, tía?

Rate article
Add a comment

19 + 14 =