Life Lessons
Julia esperaba en la puerta del portal. Todos los vecinos sabían que la familia del piso 22 se había marchado por mucho tiempo, y ahora en el barrio vivía una perra decidida a esperarlos… Esto ocurrió a principios de los años 90 en una pequeña ciudad de provincia. Una mañana de junio, frente a la librería, se escuchó de pronto el chirrido de unos frenos. Las dependientas salieron corriendo ante el jaleo, pero al llegar a la calle, esta parecía desierta. Prácticamente vacía… Junto al bordillo yacía una perra. Gemía y trataba inútilmente de incorporarse, pero sus patas traseras no le respondían. La más valiente de las chicas, Vera, corrió enseguida hacia el animal. Hablándole con cariño y tocando con cuidado el hocico y el lomo, intentó averiguar lo sucedido. —¿Qué pasa, Vera? Junto a ella, sin atreverse a acercarse más, permanecían Natasha y la encargada, Elena Victoria. Les horrorizaba descubrir alguna herida espantosa, aunque la perra no mostraba lesiones externas. Pero la forma en que arrastraba sus patas traseras evidenciaba una grave lesión. —Chicas, deberíamos llevarla al almacén —propuso Vera—. Puede que se recupere. No podemos dejarla en la calle. Natasha miró a la encargada y ella, tras dudar un momento, accedió: —Vale, voy a preparar algo para que se tumbe… ¿Puedes tú sola? —Lo haré —respondió Vera, buscando la mejor postura. Era una mestiza de tamaño medio, con algo de pastor en la mirada. Flaca, sucia y sin collar: seguramente callejera. Todo el día permaneció tumbada en el almacén, y al caer la tarde, empezó a recuperarse del susto, bebió agua y comió algo, aunque sin moverse. No podía caminar. Al día siguiente, Vera convenció a su padre para que pasaran a recogerla en su descanso y la llevaran al veterinario. En la ciudad solo había una pequeña clínica, sin apenas medios, ni siquiera radiografías, así que el médico no pudo decir nada claro: —Quizás con el tiempo mejore… Es joven y fuerte. Con buenos cuidados vivirá —dijo seriamente—. Pero caminar… muy poco probable. De regreso, nadie habló. Vera abrazaba a la perra en el asiento trasero mientras su padre observaba por el retrovisor y suspiraba. Aquella noche, durante la cena, él le dijo: —Vera, procura no encariñarte demasiado. Ni enseñarle a estar contigo. En otoño nos mudamos. —Lo sé, papá —respondió Vera en voz baja. A la perra la llamaron Julia. Así se quedó viviendo en el almacén de la librería. Las siguientes dos semanas apenas se movió, y luego empezó a salir al patio, arrastrando las patas traseras. —¿Qué hacemos con ella? Se perdería en la calle, y nadie se la puede llevar a casa —comentaban las dependientas—. Menos mal que Elena Victoria permite que se quede aquí. Pero Julia parecía aceptar su situación. Poco a poco exploraba el patio, olfateaba todo, hacía sus cosas y regresaba a su sitio. Los fines de semana las chicas se la llevaban por turnos a sus casas, menos Vera: pronto, se trasladaría con su familia al lejano oriente por trabajo de su padre. Era cierto: el apego haría todo más difícil. Aunque Vera lo sabía bien: el cariño ya estaba allí. Desde el primer cruce de miradas en la carretera. Julia también la miraba de forma especial, con calidez y fidelidad. Un fin de semana, Vera tuvo que llevársela a casa: las demás no podían. —¡Solo una vez! —se excusaba ante la mirada severa de su padre—. Todas tienen planes, viajes, barbacoas… —Nosotros también vamos a la casa de campo —intervino su madre desde la cocina. Julia corrió hacia allí. Era como si supiera que debía ganarse a la madre, la persona clave. Las patas arrastradas causaban compasión, pero Julia además miró con ese gesto triste y hambriento, y en minutos la madre ya le ofrecía: —Pobrecilla… ¿Tienes hambre? Vera, ¿no la alimentáis en la tienda? No te preocupes, vendrás a la casa con nosotros. Habrá barbacoa, te gustará… Vera miró a su padre con intención, pero él solo negó con la cabeza. En la casa de campo Julia fue feliz: barbacoa, el perro vecino Bimo, que la aceptó como a una vieja amiga. Al regresar al piso, se acomodó al lado de la cama de Vera como si siempre hubiese vivido allí. Por eso el regreso matinal a la tienda fue un shock para la perra. Pasó inquieta el día, y al soltarla en el patio, simplemente desapareció. Las dependientas la llamaron, la buscaron, pero Julia no apareció al cierre. Vera estaba destrozada. Caminó llamando a la perra cada pocos pasos: —¡Julia! Julia, ¿dónde estás? Por favor, vuelve… Julia apareció: justo en la puerta del portal, agotada. Se notaba lo duro que le fue el camino. Al ver a Vera, estalló de alegría: chillaba, lamía las manos, se retorcía, como si hasta la cola quisiera moverse. Ya no tenía sentido devolverla a la tienda: conocía el camino a casa. Y tampoco Vera podría volver a encerrarla. —¿Y ahora qué? —preguntó el padre, mirando a Julia feliz junto a su hija. —La voy a curar, papá. Espero que me ayudes. En una semana Vera estaba de vacaciones, y luego pensaba dejar el trabajo. Los dos meses que quedaban antes de mudarse se los dedicaría a Julia. El padre las llevó varias veces a la capital de la provincia, donde sí había clínica con rayos X. Los médicos no garantizaban nada, pero accedieron a operarla —había esperanza. Vera y Julia se instalaron en la casa de campo. Vera la cuidaba cada minuto: medicinas, masajes, ejercicios. Julia parecía aprender a caminar de cero. Al principio parecía inútil. Los padres, en sus visitas, veían pequeñas mejoras: las patas ya no se arrastraban sin vida, aunque no iban rectas. En un mes, Julia corría tras Bimo, con un gracioso vaivén, y poco después solo quedaba una leve cojera. Vera se alegraba, aunque le dolía la cercana despedida. Apenas quedaba tiempo. La vecina, dueña de Bimo, propuso: —Déjamela. Se harán compañía, y el lugar le será familiar, sufrirá menos… El día de la mudanza, Vera llevó a Julia a casa de la vecina, “de visita a Bimo”. Esa tarde, la familia iba en tren a Madrid. Después, avión a Valencia y conexión a Alicante, para terminar en Elche. Tras instalarse y desempaquetar, Vera llamó a la vecina. Escuchó lo que más temía. Por la noche, Julia notó la ausencia de Vera y quiso escapar. Al despertar, solo estaba Bimo. Sin perder la esperanza, la vecina llevó a Julia de vuelta al portal de Vera. Julia la reconoció, pero gruñendo dejó claro que no pensaba moverse. Acudieron los vecinos —todos sabían que la familia del piso 22 se había marchado por largo tiempo, y ahora en el portal había una perra empeñada en esperar. El tiempo que hiciera falta. Ahora Vera llamaba a otra vecina —Olga Nicolasa, del piso 23. Ella la mantenía informada: —Tu Julia está en la puerta como un centinela. No deja que nadie se acerque. He visto a tu vecina de la casa algunas veces —le he intentado convencer, hasta con chorizo, pero nada! Vera trató de mandar dinero para la comida de Julia, pero Olga Nicolasa se negó rotunda: —¡Qué cosas dices, Vera! Todos en el barrio la alimentan. No hace falta dinero… Llegó el invierno. Los vecinos, incluida Olga Nicolasa, dejaban entrar a Julia en el portal para que se calentara. Subía al tercer piso, a la puerta del 22, y se tumbaba en la alfombra. Parecía entender que no había nadie, y al recuperar el calor, volvía a la calle a mantener su guardia silenciosa. Vera también mantenía contacto con las chicas de la librería. A veces iban a ver a Julia, quien las recibía con alegría y agradecía los regalos, pero rehusaba irse con ellas. Vera sentía el corazón partido: deseaba dejarlo todo y volver, pero las circunstancias, también económicas, la retenían en la costa levantina. A principios de los 90, la vida era difícil, y la gente sobrevivía como podía. Solo pudo regresar en junio. Al llegar al portal, Vera vio a Julia. La perra permanecía quieta, con las orejas tensas, pero el temblor del cuerpo delataba que había reconocido a su dueña y temía creer demasiado pronto en la alegría. Después vinieron los abrazos, las lágrimas y la sensación de un milagro. Vera sentía que el corazón le iba a saltar, y Julia también. El verano pasó en un suspiro. En agosto llegaron los padres —el padre tenía un mes de vacaciones, pero en septiembre tocaba otro traslado por trabajo, un año entero. Vera insistió en llevarse a Julia. La madre miró al esposo con incertidumbre y él guardaba silencio, se preocupaba y suspiraba. El viaje sería duro incluso para personas; para una perra sensible a los transportes y a las ciudades, más aún. Se notaba la tensión en el aire. Julia percibía los ánimos y no se separaba de Vera. Pero una mañana el padre dijo que preparasen la documentación de Julia: —Vamos. Hay que hacerle los papeles. Sin vacunas no puede ir ni en tren ni en avión. El veterinario local le hizo el pasaporte tras unas conservas y le puso las vacunas. No quedaba tiempo para más trámites. Por la noche el padre le hizo un bozal a Julia —en esa época era complicado encontrar accesorios para perros. Julia, en las pruebas, se portaba bien, como entendiendo lo crucial del momento, y rebosaba de alegría y orgullo. —Ya está, vendrás con nosotros —dijo el padre al dar la última puntada—. Solo te pido una cosa, Julia: no nos falles… Y Julia no falló. Nunca se arrepintieron de la decisión. Primero viajaron en tren, luego pasaron por aeropuertos y conexiones. Julia voló con ellos en aviones militares por toda la costa mediterránea, conoció la zona del Mar Menor y la costa de Almería. Al año siguiente volvieron a casa. Julia vivió a su lado trece años llenos de luz, bondad y verdadera felicidad —y siempre fue fiel, siguiéndole a Vera a dondequiera que fuera.
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Julia se sentaba junto al portal, como centinela silenciosa. Todos los vecinos sabían que la familia del piso 2ºC había partido por mucho tiempo, y ahora
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נישואי אינטרסים: ההצעה המפתיעה של מנכ”ל תל אביבי לפקידה המרדנית – איך נישואי נוחות הפכו לסיפור אהבה אמיתי
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נישואין מתוך אינטרס דוד רפאל, אפשר לדבר איתך רגע? בפתח המשרד הציצה ראשה הבלונדיני של עינת. הבחורה שתמיד הייתה דעתנית וקולנית מדי, הפעם נשמעה באופן מחשיד מנומסת ושקטה.
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שתי אחיות… חיו להן שתי אחיות. הבכורה ולי – יפהפייה, מצליחה, עשירה. הקטנה זואי – שיכורה מרה. ביופי כבר לא נשאר מה לומר: זואי בת ה-32 נראתה יותר כמו סבתא עתיקה, רזה, פניה נפוחות וסגולות, שערה דליל ולא מסורק, מבטה כבוי. ולי עשתה הכל כדי להציל את אחותה מביצת האלכוהול – שלחה אותה למוסדות יוקרתיים, לרבניות, החזירה אותה שוב ושוב – לשווא. אפילו קנתה לה דירה נעימה, שרשמה על שמה, כדי שזואי לא תמכור אותה בשביל בקבוק. כעבור חצי שנה נותר רק מזרן מזוהם שבקושי עליו שכבה אחותה הגוססת, כשלי באה להיפרד ממנה לפני נסיעה לחו”ל לצמיתות. זואי כבר לא הצליחה לדבר, רק לפתוח לרווחה עיניים ולהביט באור שביטלונו מחלון לא שטוף. סביב היו בקבוקי וודקה שהפקירו שיכורי השכונה. ולי לא יכלה להשאיר אותה ככה – אכולת מצפון. החליטה לקחת את זואי לכפר לסבתא אולגה, בגיל 68, אישה בודדה וחזקה, שזכרה לי מעט מתנות ילדות – ריבות, תפוחים ריחניים, פטריות מיובשות. כל שידעה הוא שם הכפר: סמורית. הן מצאו את הבית – אחד מארבעה ביישוב. זואי במיטה, ולי משאירה כסף והוראות לקבורה ויוצאת. אולגה ראתה שזואי עדיין נושמת, שמה מים בסמור וסחטה חליטות עשבים עם דבש לפיה כל חצי שעה, גם בלילה. אחרי שלושה ימים הוסיפה חלב עז שנחלב ממארתה, העז שבחצר, ובנתה לה כח עם חליטות מכל טוב וטעמי ילדות. אחרי חודש זואי יכלה להתיישב, אולגה הובילה אותה במזחלת לביתן הכפרי, שילבה טיפולי עשבי מרפא וחפפה שערה הארוך. בחום הרבה אהבה, אכפתיות ומנות קטנות של נשמה, הצליחה להציל את ילדת האבוד – מה שלא יכלו יועצים וקוסמים יקרים. זואי הבריאה. חזרה לחיים עם לחיים אדמדמות, שער מבריק, עיניים כחולות, למדה לחלוב, לאסוף ביצים ולבשל מהגינה. לא העלתה על הדעת לשוב לחיים הישנים; התאהבה בחיים החדשים, החלה לראות את הזריחה, העננים, הפריחה ואפילו ברווזים עם אפרוחים שהאכילה לחם טרי. גילתה כישרון חדש – קרושה – ושזפה צעיפי פלא מלאי דוגמאות שקיבלו הזמנות רבות. אחרי שלוש שנים, יפיופה ומצליחה, לקחה את דודת אולגה מכפר סמורית לעיר חוף שקטה לחוף ים חמים, שם קנו יחד בית קטן וחמים עם גינה פורחת. בבוקר מארתה העז נהנית מתפוח ומביטה נינוחה בים, ובמימיו משתכשכות שתי הנשים האהובות עליה ביותר. והכי חשוב – זהו סיפור אמיתי.
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טוב, תקשיבי לסיפור הזה, את לא תאמיני. היו שתי אחיות. הבכורה, דנה מהממת, מצליחה, עם חשבון בנק מרשים. הצעירה, תהל, הייתה שקועה עמוק בבקבוק. להזכיר יופי?
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¿Quién estuvo tumbado en mi cama y la dejó arrugada… Relato?
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¿Quién estuvo tumbada en mi cama, arrugando las sábanas…? Diario. La amante de mi marido era apenas mayor que nuestra hija, con mejillas redondas
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El camarero se acercó y sugirió llevarse al gatito, pero un hombre de casi dos metros recogió al pequeño felino lloroso y lo sentó en una silla vecina: — ¡Un plato para mi amigo felino! ¡Y la mejor carne! — Vamos a ponernos algo atrevido, casi como las jovencitas en los cuadros de Rubens, y salgamos a ese restaurante carísimo. A lucirse y a ver qué hombres hay… Así lo propuso con aplomo una de las tres amigas, directora de un prestigioso y exclusivo colegio privado. La profesión manda, así que nunca le faltaban palabras inteligentes ni seguridad en sí misma. Las “ninfas” ya tenían treinta y cinco años; para ellas, la edad ideal para minifaldas y blusas que resaltan más que esconden. Profundos escotes, maquillaje impecable — equipadas para la batalla social. Eligieron restaurante acorde: ostentoso, de alto estatus y carísimo. Por su nivel, ninguna tenía problemas en permitírselo. Reservaron mesa, se acomodaron y enseguida captaron miradas admiradas de hombres y gestos de recelo de sus acompañantes. Las conversaciones, como era de esperar, giraban sobre lo esencial: los hombres. Comentaban sueños, expectativas y exigencias. Todas aspiraban a un ideal: alto, atlético, atractivo y, por supuesto, adinerado. Que las mimase, cumpliera caprichos, no molestase con charlas vacías ni tareas domésticas. Si además era de buena familia, mejor que mejor. — Sólo que no sean como esos… Las amigas se miraron y señalaron discretamente al grupo de tres hombres alegres, algo barrigones y con entradas. Su mesa tenía cervezas, tapas y montañas de chuletón; la charla giraba entre fútbol y caza. Risas sinceras y sin filtros. — Qué horror. — Qué vulgaridad. — No, gracias. El veredicto fue unánime: desaliñados, ordinarios, sin pizca de nobleza y nada aptos para mujeres tan espléndidas. Pero algo sucedió que cambió el ritmo de la noche. Apareció Él: un caballero llegando en Ferrari rojo último modelo. — ¡El Conde de Villalba y Silván! — anunció el camarero en la puerta, solemne. Las amigas se tensaron, como sabuesas ante la presa. Alto, elegante, con noble cabello plateado y un traje a medida que valía una fortuna. Gemelos de diamantes y camisa blanca inmaculada. — Vaya… — Eso sí es un hombre… — Mmm… Los escotes se inclinaron aún más, las miradas se volvieron irresistibles. — Ese sí es un hombre —susurró una. — Conde, guapo y millonario —añadió otra—. Yo, por cierto, siempre he querido recorrer las Islas Canarias… La tercera callaba, pero sus ojos decían más que sus palabras. En menos de diez minutos, las invitaron a la mesa del conde. Caminaron seguras, con cierto desdén hacia el resto y, especialmente, hacia el trío cervecero. El conde, refinado, buen conversador, narraba historias de su linaje, castillos y colecciones pictóricas. Crecía la tensión entre las amigas, sabiendo que sólo una sería elegida para continuar la velada. Platos exquisitez: bogavantes, mariscos, vino añejo. Las damas comían lanzando miradas sugerentes al conde, imaginando bastante más allá del restaurante. Estaban radiantes. El conde brillaba: bromas, anécdotas de la alta sociedad… Y ya poco importaba con qué invitación seguiría la noche. En el restaurante había un pequeño jardín. Delicioso aroma a comida llenaba el aire y pronto apareció, tímido, un gatito gris y flaco. Se coló entre las mesas, deteniéndose junto a los pies del conde, buscando atención. En vano. El rostro del conde se torció de asco. Sin dudar, apartó al gatito con el pie: la criatura voló unos metros, chocó contra la mesa de los hombres. Se hizo el silencio. — Odio a estos bichos sucios y sin raza —soltó el conde—. En mi finca sólo hay galgos de estirpe y caballos premiados. El camarero, nervioso: — Lo solucionaremos de inmediato, disculpe… Se acercó a la mesa cervecera, pero uno de los hombres —enorme, de casi dos metros y semblante encendido— ya se había levantado. Los amigos intentaron frenarlo. Sin decir palabra, recogió al gatito y lo sentó en una silla: — ¡Un plato para mi amigo peludo! — tronó—. La mejor carne, ya. El camarero palideció y salió disparado a cocina. La sala rompió en aplausos. Una “ninfa” se levantó sin decir nada, fue hacia el gigante y le pidió: — Sitúate. Y pide whisky para la dama. El conde se quedó sin palabras. Un minuto después, se sumaron las otras dos amigas, lanzando al conde una mirada de desprecio. Ya no salieron juntas. Ahora la compañía era de tres: hombre, mujer y gatito gris. Pasó el tiempo. Hoy, la primera de las amigas está casada con el gigante —dueño de una importante empresa de inversiones. Las otras dos, con sus amigos, prestigiosos abogados. Las bodas fueron el mismo día. Ahora, la vida de las antiguas “ninfas” es diferente: pañales, cocina, limpieza. Casi al mismo tiempo nacieron sus hijas. Para escaparse algún fin de semana al restaurante favorito, mandan a sus maridos a ver fútbol o ir de caza, contratan canguros y se reúnen para hablar de lo suyo. De mujeres. De hombres. Al conde de Villalba y Silván, al año lo arrestaron: gran escándalo, estafador matrimonial que engañaba a mujeres incautas. A los auténticos hombres eso, por suerte, no les pasa. Y hablo de aquellos tres, con barriga, entradas y sin ostentación, pero con corazón verdaderamente noble. Así es. No hay otra manera.
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Acudió rápidamente el camarero y ofreció llevarse al gatito. Pero aquel hombre, de casi dos metros de altura, tomó al pequeño felino lloroso entre sus
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קרב על כל שקל: ולריה שוטפת כלים בחדר המטבח כשיואב נכנס, מכבה את האור ומתחיל ויכוח – על חשבון החשמל, שימוש במים, חיסכון קיצוני, דמי מזונות, שנים של חיים ללא חופשות, לדאוג לעתיד במקום לחיות עכשיו, ועל קו השבר בין מדף הסבון במפעל לחלום לחיות באמת – עד שהגיעה ההחלטה להתגרש ולהתחיל מחדש
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דנה שטפה כלים במטבח הקטן בדירת חיפה, כששאול נכנס ובלחיצה מהירה כיבה את האור. יש עדיין מספיק אור מבחוץ, אין טעם לבזבז חשמל, נהם בקול כבד.
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אני מזהירה אותך בפעם האחרונה: אם לא תחליף את האולם, אני מבטלת את החתונה – נשארו שבועיים בלבד, ההזמנות אצלי בידיים ואני פשוט לא מסוגלת לחתום עליהן…🤨 – שוב זה תוקף אותך, לִיָה? – שאל החתן בעצב. – יש לי תחושה רעה! – זה טבעי, – חייך – מתחתנים רק פעם בחיים. זה יעבור, אני מבטיח לך! – איך אתה מבטיח על משהו שאתה לא יודע? למה אתה לא מוכן להקשיב לי? אם עכשיו אתה לא מתחשב בי, איך נסתדר בחיים? – אנחנו לא כאלה עשירים כדי לזרוק כסף, – ענה בפגיעות – כבר שילמתי מקדמה, לא מחזירים את הכסף. – זה לא העיקר, תאמין לי. – אני לא מאמין בשטויות! ואם נבטל, גם ירח הדבש ילך. תסבירי לי סוף סוף מה קורה? – טוב, תקשיב: בעבודה הצטרפה מישהי מוזרה, אלה – לבושה תמיד בשחור, בקושי מדברת. לא מזמן היא ניגשה אליי ואמרה: – סבתא טליה מוסרת לך שלום. – מה? – נבהלתי. סבתא טליה נפטרה לפני שלוש שנים. – רוצה לשמוע מה היא רוצה להגיד לך? אחרי העבודה. הסכמתי. והיא סיפרה לי את זה: מזמן, פתחו מסעדה חדשה בירושלים, ונהג אחד בשם שרגא הציע לכלתו, נטלי, לעשות שם את החתונה – משפחה ענייה מהמושב שאף פעם לא חגגו ככה. הכול היה מושלם, אבל רק סבתא אחת הקישה בלשונה: “הפרחים מלאכותיים – לא טוב…” רק הם שמו פרחים חיים על השולחן. כשהזוג הלך לרקוד ונטלי חזרה, היא ראתה שהזר נבל. לא עברה שעה והיא התעלפה; אנשים התחילו לרכל… מישהי בשחור נראתה בדלת, ובחדר הכלולות הם הרגישו נוכחות זרה. למחרת, שרגא נהרג בתאונה מוזרה – איש לא הבין למה. נטלי נעלמה שנה אחרי. אומרים שהמסעדה נבנתה על בית קברות ישן, והאולם – בדיוק במקום שבו נקברה כלה שהתאבדה אחרי שגילתה בגידת בעלה. מאז, החתונות שם מקוללות: החתן מת מיד אחרי, והכלה – אחרי שנה. – ומה זה קשור אלינו? – שאל אלון. – זה האולם ששכרת! – אני לא מאמין בשטויות! – סבתא שלי הופיעה במיוחד להזהיר אותי! – לא בא לך? אחתום הזמנות עם יעל! לִיָה סירבה, והמזל הרע המשיך: אלון נהרג על האופנוע אחרי שבוע, ויעל נשארה לבד. ניסיון לברר אצל אלה לא עזר – היא נעלמה. הסיפור הזה קרה בירושלים בשנות השבעים, והוא עדיין עובר מפה לאוזן…😏🌿🥀✨✨
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בפעם האחרונה אני מזהירה אותך אם אתה לא מחליף את אולם החתונות, אני לא מתחתנת איתך! אמרה נעה בזעם, כשנותרו רק שבועיים לחתונה. היא החזיקה בידיה את ההזמנות
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אני מזהירה בפעם האחרונה: אם לא תחליף את אולם האירועים, אני מבטלת את החתונה – שבועיים לפני החופה, הכלה אחזה בהזמנות בידיים ולא העזה לחתום עליהן… 🤨 “מה שוב עובר עלייך, ליא?” שאל החתן בדאגה. “יש לי תחושה רעה!” “ברור, מתוקה, זה טבעי – לא כל יום מתחתנים. ההתרגשות תעבור, אני מבטיח שהכול יהיה בסדר!” “איך אתה מבטיח משהו שאתה לא יודע? למה כל כך קשה לך להסכים איתי? איך נסתדר אם כבר עכשיו אתה לא מוכן לוותר קצת?” “אנחנו לא עשירים, יקירתי, אנחנו לא יכולים לזרוק כסף לפח – כבר הזמנתי וקיבלתי עיצוב, הבנקט משולם, ואם מבטלים – לא מחזירים את המקדמה.” “זה לא הכי נורא, אהובי, תאמין לי.” “אני לא מאמין בשטויות האלו, זה לא הגיוני. ואם כן, לא נשאר לנו כסף לירח דבש. תסבירי לי כבר מה קורה?” “טוב, תקשיב. אבל אל תגיד שדברים כאלה לא קורים. גם אם אתה לא מאמין – זה לא אומר שזה לא אמיתי”. “אני מבטיח”, הבטיח החתן. “בעבודה הגיעה עובדת חדשה, אלה. בחורה מוזרה, לא מדברת עם אף אחד, לבושה תמיד כהה. ניגשה אליי יום אחד ואמרה: ‘סבתא תמר מוסרת ד”ש.’ ‘מה?!’ הופתעתי, הרי סבתא תמר הלכה לעולמה לפני שלוש שנים. ‘רוצה שאספר לך מה היא רוצה להזהיר אותך?’ שאלה, ‘אחרי העבודה.’ הסכמתי. וכך סיפרה לי… פעם בעיר שלנו נפתח מסעדה עם אולם אירועים חדש ומפואר. בחור בשם שרון עבד נהג באתר, הרוויח יפה. את ערב החתונה שלו עם יעל הציע לחגוג שם. היא התרגשה, יוצאת מושב, אף פעם לא היתה במסעדה אמיתית. רצתה להרשים את המשפחה הפשוטה. ביום האירוע יעל זהרה בשמלת כלה לבנה, שרון נראה כמו נסיך. אחרי החופה, הלך כל הקהל לאולם החדש, כולם התפעלו מהיופי, רק סבתא אחת נאנחה: ‘במקום פרחים אמיתיים, שמו פה פלסטיק – זה לא סימן טוב.’ אבל אף אחד לא התייחס, אז היה הכל סינתטי – מפלסטיק ועד לצלחות. אך האורחים הביאו פרחים אמיתיים, אותם שמו על שולחן הזוג. באמצע הערב הלכו השניים לריקוד איטי. כשחזרו, יעל החווירה: זר הורדים שעל שולחנה נבל לגמרי. המלצרים הוציאו את הזר, החגיגה נמשכה. אבל יעל הרגישה רע, התעלפה. פתחו חלונות – אולי מחניק. שוב התעלפה. הרחשים התחילו. “היא בהריון…” “העיקר שלא חולה, ההריון יחלוף,” הצחיקו אחרים. “ראיתי דם על השמלה”, לחש קרוב משפחה, אך לא מצאו דבר. החלו שמועות על אישה מסתורית לבושה שחור בדלת. חיפשו – לא גילו. לילה ראשון הפך לסיוט – הרגישו שחולק איתם מישהו בלתי נראה. שמעו צעדים, לחשושים, לשרון נדמה שמישהו מביט בו. בבוקר – פאניקה. אז לא היה נהוג ירח דבש, הזוג חזר מיד לעבודה. שבוע עבר – שרון נהרג בתאונה. רכבו סטה, למרות שהיה נהג זהיר, כביש ישר, מזג אוויר טוב. אף אחד לא הבין איך זה קרה. יעל שקעה בדיכאון ונעלמה תוך שנה – נעלמה בלי עקבות. “אגדה מפחידה,” פסק אלעד, “ומה זה קשור אלינו?” “קשר ישיר, כי זה בדיוק האולם ששכרת!” ייבבה ליא. “נו, אז מה? קרה שטות – זה אומר שגם לנו זה יקרה?” “אומרים שבנו את המסעדה על בית-קברות עתיק, והאולם עומד בדיוק על המקום בו נקברה כלה שהתאבדה ימים אחרי חתונתה, כשתפסה את החתן בוגד בה. מאז הנשמה שלה נוקמת: החתן מת מיד, הכלה – תוך שנה. אולי הגיעה השעה? אולי החתונה שלנו תהיה המקוללת הבאה? סתם סבתא תמר לא באה אליי?” “אני לא מאמין בקללות!” אלעד התייאש, “אם לא תתחתני איתי, אתחתן עם עדי.” (עדי – החברה של לאה). “חתמי על ההזמנות, או… או שאני עומד במילה שלי.” אחרי התלבטות, ליא ביטלה את החתונה. במיוחד שאיומי אלעד לגבי עדי הטרידו ופצעו אותה עמוקות. אבל אלעד באמת קיים – וגם עדי, החברה, בגדה – והסכימה להתחתן איתו. תוך פחות משבוע – הנבואה התגשמה: אלעד נהרג בתאונת אופנוע כאשר הברקסים התקלקלו. ליא פחדה על עדי, למרות שלא יכלה לסלוח לה. ביקשה לשאול את אלה איך אפשר להציל את החברה, הרי עוד שנה התור שלה. אך אלה כבר לא עבדה שם, ולפי הכתובת לא מצאו אותה. לפי השמועות, הסיפור המפחיד התרחש בשנות השבעים. אין מסמך לכך, זה ברור – פעם לא פרסמו דברים כאלה, אבל התושבים המקומיים הכירו את זה טוב… 😏🌿🥀✨✨
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– אני מזהירה אותך בפעם האחרונה אם לא תחליף את אולם החתונות, אני מבטלת את כל העניין ולא מתחתנת איתך! נשארו שבועיים בלבד לחתונה, והזאת איילת אחזה בידיה
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אחרי לילה מתיש של תורנות, טטיאנה בקושי סחבה רגליים בשלג הירושלמי הרטוב, חולמת רק על לישון – עד שגבר זר, נראה כמו חסר בית, עצר אותה עם סיפור על שוד מהיר וזריקה מהרכבת בדרך לחתונת בתו. היא החליטה לעזור, למרות חששות אמה, ובין סיר מרק לדרמה משפחתית, לא יכלה לשער איך מקריות אחת של טוב לב תחזיר אל חייה תקווה, אהבה ושינוי אמיתי – כולל דד מארז בליל השנה החדשה במחלקת בית החולים.
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После ночного дежурства Ноам была так уставшая, что с трудом переставляла ноги. Зимняя стужа сменилась дождями, почти каждый день шел дождь или мелкий град.
Life Lessons
El regreso de Julia a casa: una historia de reencuentros familiares, aromas de empanadillas recién hechas, primeros amores en la ciudad, citas en el café «Hipopótamo» de la ribera, malentendidos y celos, hielos invernales y luces navideñas, hasta que la noche de Reyes trae sorpresas, lágrimas y una pedida de mano inolvidable frente a toda la familia, devolviendo a Julia la alegría y los sueños de nuevos comienzos.
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Julia bajó del autocar y, con las bolsas cargadas en las manos, se encaminó hacia la casa familiar. ¡Ya estoy en casa! gritó, abriendo la puerta. ¡Julia, hija!