Cuando fui a visitar a mi amiga Alina, mi marido de repente la llamó. Contesté yo y escuché algo increíble. Esta es la historia de nuestra relación, las dificultades recientes de Alina y una inesperada revelación

Hace seis meses, Lucía fue abandonada por su marido y yo procuré estar a su lado para apoyarla en ese momento tan complicado. Sin embargo, durante el último mes ella se mostraba distante, apenas respondía a mis mensajes y parecía evitar cualquier contacto. Preocupada por su ánimo, decidí ir a visitarla y ver cómo se encontraba realmente.
Al llegar a su casa en Salamanca, Lucía apenas me recibió con una sonrisa forzada y su expresión era seria, por no decir sombría. Estaba ocupada cocinando algo en la cocina, y yo intenté romper el hielo elogiando lo bien que olía su guiso. Sin embargo, contestó de manera displicente y enseguida volvió a la cocina, diciendo que tenía que cuidar la comida que se le estaba pegando.
Mientras me encontraba en su salón, recibí una llamada de mi marido diciéndome que esa noche trabajaría hasta tarde, algo que últimamente se estaba volviendo habitual. Curiosamente, fue en ese mismo periodo cuando Lucía dejó de contarme detalles de su vida personal, aunque antes solía compartirlo todo conmigo.
De repente, justo después de terminar mi llamada, sonó el móvil de Lucía, que estaba sobre la mesa, a mi lado. Al mirar la pantalla, me sorprendí al ver el nombre de mi esposo. Instintivamente respondí la llamada, y comprobé, para mi espanto, que era él. Habló con ternura a Lucía, diciendo que la echaba mucho de menos y que en breve iría a verla.
En ese instante, la realidad cayó sobre mí como un jarro de agua fría: mi amiga Lucía mantenía una relación con mi marido a mis espaldas. Abrumada por las emociones, salí de allí. Sentí vergüenza, rabia y tristeza, pero al mismo tiempo, como si una losa se hubiese desprendido de mis hombros. No tenía que seguir aguantando a ese marido perezoso que apenas trabajaba, que no aportaba casi ningún euro a casa y que siempre dependía de mí para salir adelante.
Pasado un tiempo, decidí averiguar cuánto aguantaría mi marido conviviendo con Lucía. Para mi sorpresa, estuvieron juntos seis meses, hasta que ella finalmente lo echó de su piso. Él creyó que yo le recibiría de nuevo con los brazos abiertos, pero yo ya había tomado mi decisión y le cerré la puerta para siempre. Ahora llevo una vida mucho más tranquila, libre del peso de una relación tóxica.
A veces la vida te pone pruebas para abrirte los ojos y enseñarte a valorarte a ti misma. Lo importante es saber soltar aquello que solo trae dolor y buscar siempre tu paz interior.

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