“¡Calva, despierta!” solía decirme mi marido por las mañanas.
El año pasado decidí hacer algo que antes ni se me habría pasado por la cabeza. Hace un tiempo empecé a notar que tenía granitos por toda la cabeza, parecían un sarpullido; el cuero cabelludo me picaba muchísimo y el pelo se me caía a montones.
Fui a varios dermatólogos y también a un tricólogo, pero ninguna visita me sirvió de nada. La doctora incluso me desaconsejó tomar vitaminas, decía que a nadie le habían funcionado. Un día, leí un artículo que afirmaba que afeitarse la cabeza al ras fortalecía muchísimo los folículos pilosos. Estuve dándole vueltas durante semanas antes de atreverme del todo. Incluso cuando mi hijo me decía que le iba a dar miedo verme calva, decidí seguir adelante
Le pedí a mi marido que primero pasara la maquinilla de cortar el pelo por mi cabeza, y después la de afeitar. Aunque obedeció, no se creía del todo que yo fuese en serio. Cuando terminó y me miré al espejo, me sorprendió ver lo bien formada que era mi cabeza, parecía casi perfecta.
Eso sí, hacía un frío terrible al salir a la calle con la cabeza descubierta y cuando empezaron a crecer los pelos de nuevo, se pegaban a la almohada y era de lo más incómodo.
Desde que mi marido me afeitó la cabeza, cada mañana me despertaba diciendo: ¡Calva, despierta! y a mí me daba tal ataque de risa que no podía parar; ahora era sin duda la más pelada de toda la familia. Al principio mis hijos no sabían cómo reaccionar, aunque después mi hijo también quiso parecerse a mí.
Mi madre, Mercedes, me dijo que no me presentara delante de ella hasta que me volviera a crecer el pelo, que si no, no lo iba a poder soportar. Mi hija, Inés, me rogó que no saliera sin gorro cuando tuviera que ir a las reuniones del colegio, y mi marido, Francisco, me soltó tan tranquilo que si iba sin cubrir la cabeza seguro que todos olvidarían a qué iban y que las amigas de nuestra hija me iban a envidiar por ser la madre más moderna.
Después de raparme el pelo, los granitos desaparecieron solos. Inés no para de reírse de mí y me dice que ya no sabe qué será lo próximo que se me ocurrirá hacer. Un día la escuché contándole a su hermano que creía que algún día iba a tatuarme algo en la cabeza pelada
Madrid, junio de 2023. Cierro el diario y me sonríoquién me lo iba a decir.







