Mi esposo se niega a ceder el piso heredado por su tía a nuestra hija mayor: ¿deberíamos dárselo solo a ella ahora que comienza la universidad, venderlo y repartir el dinero entre los tres hijos, o existe una solución más justa para nuestra familia en Madrid?

Life Lessons

La tía de mi esposa le dejó en herencia un piso. Es un piso pequeño, situado en pleno centro de Madrid. Nosotros tenemos tres hijos. Nuestra hija mayor, Inés, tiene ahora diecinueve años y está estudiando en la universidad. Nuestro hijo mayor, Pablo, tiene doce años, y el más pequeño, Diego, cinco. Vivimos en un piso amplio, con tres dormitorios, así que cada uno tiene su espacio.

Hace poco tuvimos una discusión sobre ese piso que heredó mi mujer. Le propuse que nuestra hija Inés se instalara allí, porque ya es toda una mujer y pronto podría independizarse o incluso casarse. Sin embargo, mi esposa está convencida de que eso sería tremendamente injusto para nuestros hijos varones; su idea es vender el piso y repartir el dinero en partes iguales entre los tres. A mí eso me parece un disparate, porque con el dinero que saldría hoy de esa venta, nuestros hijos no podrían aspirar a comprarse nada en Madrid.

Incluso si hiciéramos lo que quiere mi mujer, ese dinero se quedaría guardado en sus cuentas hasta que Diego y Pablo cumplan los dieciocho y, mientras tanto, Inés sólo podría permitirse un coche barato con lo que le tocara. Yo defiendo que más vale pájaro en mano que cien volando, por eso prefiero asegurarles el piso a uno de los hijos, y, cuando los pequeños sean mayores, quizás podremos encontrar alguna solución para ellos.

Mi mujer teme que, si le dejamos el piso a Inés, eso acabe por estropear la relación con sus hermanos y que jamás puedan vivir en armonía por culpa de esa diferencia; pero yo creo que no ocurriría nada grave, porque los chicos aún no comprenden la situación del todo y todavía tenemos tiempo para pensar también en su futuro.

De momento, no hemos hablado nada de esto con Inés, porque decidimos reflexionar primero nosotros dos solos. Además, el piso de mi tía necesita una reforma seria y, en su estado actual, no es habitable. Ahora mismo, no tenemos dinero para rehabilitarlo.

Miro esta situación y me pregunto quién tiene razón, si yo o mi esposa. ¿Debo seguir defendiendo mi idea, o sería más sensato ceder y aceptar lo que ella propone? Quizás alguno de los lectores pueda ver una tercera vía que nosotros todavía no hemos imaginado…

Rate article
Add a comment

two × three =