Life Lessons
Tú no le quieres, pero nosotros estuvimos bien juntos… ¿Intentamos volver a empezar, cariño?
01
Tú no le quieres, y nosotros estuvimos bien juntos, ¿por qué no intentamos empezar de nuevo, vale? Nos divorciamos hace tres años, fue una separación tranquila
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לא הצליחה להחזיק מעמד: וֶרה מודיעה לארתור על גירושין בשעת תה משפחתית, מתחרטת כעבור חצי שנה כשהוא מתחתן בשנית וזוכה בירושה, מנסה להחזיר את השליטה, אך מגלה שהתוכנית שלה נכשלה ושהילדים מסתדרים נפלא עם אשתו החדשה של בעלה לשעבר
020
16 במרץ, יום חמישי פשוט לא יכולתי להחזיק יותר אני מגישה בקשה לגירושין, אמרתי בנחת, תוך כדי שאני מגישה לאלון כוס תה. ליתר דיוק, כבר הגשתי.
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הלכתי את הדרך שלי: איך חופשה משפחתית הפכה לקרב תיקי, והסבתא שלא הכירה את הנכד שלה – מסע בין ויכוחים, ציפיות ודור חדש של הורות ישראלית
03
עוד מעט תגידו שצריך לשים אותו בפנימייה כמו חתול עזוב. באמת, משלמים ואז תהיו חופשיים ותיהנו מהחיים, סיננה חנה בר-שלום במרירות. תמרה כיווצה את שפתיה בחוסר
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אני את שלי כבר גידלתי
08
אולי הייתם שמים אותו אצל משפחת אומנה, כמו כלב רחוב. אה? שילמתם ויאללה, לכו תטיילו, תהנו מהחופש שלכם, זרקה בסרקזם צורב חנה גבריאלית. נעמי הידקה את שפתיה
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ברירת מחדל: הפרידה – הכול יהיה בסדר, – לחש וובה בקול מתאמץ לביטחון, נשם עמוק, ונגע בפעמון הדלת. הערב הבטיח להיות מורכב – כך זה תמיד בפגישה הראשונה עם ההורים… הדלת נפתחה מיד. בפתח עמדה אלה פטרובנה בשיער מסודר, שמלה אלגנטית ואיפור עדין. המבט שלה סקר את לירה, התעכב קלות על סלסלת עוגיות, ואז נמתחו שפתיה בתנועה כמעט בלתי נראית. לירה הבחינה בכך מיד. – תיכנסו, – אמרה אלה פטרובנה בקור ושלבה ידיים, מפנה להם דרך. וובה נכנס ראשון, מתעלם מהאם, ולירה אחריו, פוסעת בזהירות על הסף. הדירה קיבלה אותם באור רך וריח סנדל. הכול מסודר למופת, כל פרט מעיד על שליטה וסדר. אלה פטרובנה הובילה אותם לסלון הגדול עם חלון מכוסה וילונות שמנת עבים, ספה יוקרתית ושולחן קפה כהה. ברמז קראה להם לשבת. – תה? קפה? – שאלה בלי להסתכל על לירה, קולה יבש, כמעט רשמי. – אשמח לתה, – ענתה לירה באדיבות, המניחה ברכות את סלסלת העוגיות על השולחן. – הבאתי עוגיות מעשה ידי. תרצי לטעום? אלה פטרובנה נעצה מבט קצר בסלסלה, הנהנה, ופנתה למטבח. כשנותרה לבדה, לירה לחשה לוובה: – זה בסדר, העיקר שאתה איתי. השתרר שקט. הדירה הייתה יפה אך זרה, כמעט מוזיאונית. אלה חזרה עם מגש וכלי חרסינה מהודרים, מזגה תה והתיישבה מולם. – ולריה, – פתחה, מהדקת מבט אל פניה. – וובה סיפר שאת לומדת לגננת? – כן, שנה ג’, אני מאוד אוהבת ילדים. – ילדים זו שליחות, – השיבה אלה באירוניה דקה. – אבל את יודעת שגננות מרוויחות צנוע. צריך לחשוב על עתיד – על יציבות. – אמא, למה עכשיו לדבר על כסף? – התפרץ וובה אך ריכך מיד. – לירה אוהבת את העבודה שלה, זה העיקר. נחזק זה את זה. אלה שתתה תה לאיטה, ואז פנתה שוב ללירה: – אהבה למקצוע זה חשוב, אך לא תמיד מספיק. יש לך תכנית להמשך? – אשמח לעבוד בגן, ואז ללמוד על ילדים עם צרכים מיוחדים… זה מרגיש נכון לי. – חשבת על תחום יותר רווחי? – שאלה אלה. – את מתאימה לעולמות השיווק, איפה שהשכר גבוה. לירה הרימה גבה: – ומה את עושה לפרנסתך? אלה התבלבלה ואז ענתה: – אני עקרת בית, תומכת בבעלי ובסדריו. – אז למה ממני את דורשת קריירה עם שכר גבוה? אני רוצה להתפתח בדרכי שלי – זו משפחה אמיתית, כשכל אחד תורם בדרכו. – גישה מעניינת… – אמרה אלה. ואז עברה השיחה לוובה, לעתידו כעיתונאי. האם עליו להקריב חלום, והאם מותר ללירה לא? המתח עלה; בסוף קבעה אלה בנחרצות: – תצאו כבר, פה לא רגוע בלילות. ולדבר איתך, וובה, חייבים, עכשיו! וובה, כבוי, נכנע. לירה לקחה את תיקה, הודתה ביראת כבוד מדודה ויצאה אל הלילה, מרגישה זרה ומאוכזבת. וובה לא ניסה אפילו לעצור בעדה. בימים הבאים ניסתה לירה להתרחק ממנו ומהציפיות של אמו – להבין מה נכון לה. רק כשנתקלו שוב זה בזו, הוא גמגם: “היא אמא שלי… אין לי כוח להכאיב לה”. ואז, כששאלה אותו בפשטות – “אתה באמת רוצה להיות איתי?” – לא היה לו אומץ להשיב. לירה פנתה משם בלי להסתכל לאחור, וכשהגיעה הערב לבד לחיק העיר, הרגישה בפעם הראשונה חופשית. כי לפעמים, גם בישראל של היום, ברירת המחדל – היא דווקא הפרידה.
050
הכול יהיה בסדר, לוחש בשקט אייל, משתדל שהקול שלו יישמע בטוח, למרות הלב שמכה במהירות. הוא לוקח נשימה עמוקה, נושף, ולוחץ על האינטרקום של הדירה.
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Promesa Denis conducía con calma y seguridad por la autopista, junto a él viajaba su amigo Kirill, regresaban de una ciudad cercana, el jefe los había enviado de trabajo durante dos días. —Kir, qué bien que resolvimos todo, el contrato es enorme, el jefe quedará encantado —sonreía Denis alegremente. —Sí, nos ha salido redondo —confirmó Kirill, amigo y compañero de oficina. —Volver a casa cuando te esperan es genial —decía Denis—. Mi Arisha está embarazada y se queja del malestar. Me da mucha pena, pero deseábamos tanto ser padres que ella siempre dice que aguantará todo por nuestro bebé. —Tener un hijo está bien, pero a nosotros con Marina no nos sale; no consigue llevar el embarazo a término. Ahora vamos a intentar la segunda FIV, la primera salió mal —compartía Kirill; él y Marina llevaban siete años esperando, pero… Denis se casó tarde, con treinta y dos años; tuvo sus historias, pero nunca perdió la cabeza por nadie. Cuando conoció a Arina, se enamoró de tal manera que ya no veía a ninguna otra. Kirill conoció a Arina porque Denis se la presentó. Incluso le acompañó de testigo en la boda, y sintió una pizca de envidia; Arina era guapa, dulce, entendía por qué Denis se había enamorado tan perdidamente. Fuera caía una lluvia fina de otoño, el parabrisas la apartaba de vez en cuando, los amigos charlaban animados. Sonó el móvil de Denis, respondió. —Hola, Arisha, sí, vamos en camino, en un par de horas llegamos. ¿Tú cómo? ¿Igual? No levantes pesos, yo lo haré todo al llegar. Un beso, hasta pronto, cariño. Kirill escuchaba e imaginaba a Arina esperando, preocupada; pensó: “Marina nunca me llama, no se preocupa por mí, piensa que estoy atado a ella. No es como la Arina de Denis, lo suyo es trabajo y casa”. De repente Denis giró bruscamente el volante: una “furgoneta” se les venía encima. El choque era inevitable, pero a último momento, el coche se estrelló contra una farola por el lado de Denis y salió de la carretera. Kirill recuperó la conciencia: dolor de cabeza, sangre en el brazo, el coche sobre las ruedas, la puerta de su lado abierta. Miró a Denis, que no se movía. Gente llegó corriendo, los coches paraban. Kirill dolorido, tumbado en la hierba mojada, esperaban la ambulancia. Sacaron a Denis y lo pusieron en una camilla; Kirill se inclinó y Denis susurró: —Ayuda a Arisha… Los llevaron al hospital: Kirill tenía el brazo roto y una fuerte conmoción, pero estaba consciente. Preguntaba a los médicos: —¿Denis, mi amigo, cómo está? Una enfermera le dio la noticia: —Denis ha fallecido… Kirill quedó hundido. No pudo ir al funeral. Marina fue y contó que la esposa de Denis lloraba desconsolada, incapaz de creerlo, apenas de pie junto al ataúd. Al salir del hospital, Kirill fue con Marina al cementerio; ante la tumba de Denis prometió: —No te preocupes, amigo, cuidaré de tu esposa, cumplo tu petición… A los pocos días fue a casa de Arina, tocó el timbre. Al verle, ella rompió a llorar. —¿Cómo vivir sin él? No puedo aceptar que Dena ya no esté —dijo. —Arisha, tu marido me pidió que te ayudara. Lo afrontaremos juntos. Llámame para lo que necesites, te visitaré. El tiempo pasó. Arina estaba algo mejor, temía que el embarazo pudiera truncarse por el disgusto; el médico también se lo advirtió. Kirill la visitaba dos veces por semana, traía la compra y vitaminas, la llevaba a la clínica cuando hacía falta. Arina no abusaba, pedía ayuda sólo cuando era necesario. —Me da apuro que me dediques tu tiempo —le decía ella. —No es ningún esfuerzo, lo prometí a Denis. Kirill tenía sentimientos encontradísimos por Arina. Era su mujer ideal, pero se sentía en conflicto. Mientras Arina sobrellevaba el embarazo, Kirill y Marina volvían a médicos, pruebas, horarios, otra decepción… Su dolor por no tener hijos se había vuelto rutina. Marina no sabía nada de Arina; él la tenía guardada como “Caridad” en el móvil, por si ella veía la llamada. No lograron el segundo embarazo y la relación se tensó. Marina pensaba que Kirill era el culpable; él ya no pensaba nada. Marina notaba que él estaba raro, distraído, a veces irritable, salía por cosas misteriosas. No creía que fuera infiel; en lo suyo seguían bien. Kirill sabía que en lo privado todo iba mal, pero el trabajo iba de maravilla. Consiguió rematar el proyecto que había iniciado con Denis y firmaron un contrato muy exitoso. Arina, a medida que avanzaba el embarazo, se sentía más incapaz. Sus padres estaban lejos, en Siberia, no tenía familia cerca. Sufría dolores de cabeza y los pies hinchados, pero apenas se quejaba a Kirill. Un día la encontró subida a una escalera poniendo cortinas nuevas. —He lavado la ventana y estaba colgando las cortinas —dijo Arina. —Baja ya —ordenó Kirill mirando su enorme barriga—, si te caes… podrías perder al bebé, no son cosas para tomarse a broma. La ayudó a bajar, quedaron frente a frente, Kirill sintió hasta un escalofrío. —Gracias, Kir —le dijo ella, pero enseguida corrió al baño: las náuseas insistían. Kirill suspiró, se secó el sudor y pensó: “¿Verá Denis desde donde está? Quiso que la ayudara, nadie le obligó…”. Algunas semanas después, Arina le pidió: —Kirill, ¿me ayudas a montar el cuarto del bebé? Cuando nazca no tendré tiempo. He visto unos papeles pintados preciosos. Kirill se puso manos a la obra con el cuarto del bebé; no toleraba que Arina, embarazada, trabajara sola. Hicieron el arreglo juntos: ella apoyaba y animaba, él reparaba. Terminó el cuarto, y Kirill andaba entre dos fuegos: Marina hundida por el último fracaso y Arina cada día más cerca de dar a luz. Marina, guiada por la intuición, decidió volcarse en el trabajo para salvar el matrimonio. Escribía artículos y un famoso revista le propuso llevar una columna; aceptó encantada, necesitaba distraerse. Cobró un buen adelanto. Volvió feliz a casa con la compra y un par de botellas de vino. —¿Qué tal? ¿Tenemos algo que celebrar? —se sorprendió Kirill al llegar. —Sí, he cobrado una buena suma, hay que celebrarlo. Llevaba mucho esperando este contrato. Encendieron la tele con su película favorita, descorcharon vino y prepararon la mesa con todo lo comprado. De repente, sonó el móvil de Kirill. Marina leyó “Caridad” en la pantalla mientras él salía a la cocina. —¿Qué pasa? —preguntó él bajito. —Kir, perdona, pero creo que me he puesto de parto… Ya he llamado la ambulancia. —¿Tan pronto? —Siete meses… puede pasar —decía ella, aguantando el dolor. —Vale, voy al hospital. Kirill se vistió a toda prisa; Marina le miraba ansiosa. —¿Te vas? —Sí —mintió improvisando. —¿Quién era? —El jefe. Me llamó tarde, quiere contarme algo sobre lo de Caridad… Ya te lo explico luego, créeme, debo ir. Pero Marina no le creyó. —¿Qué caridad, ni qué jefe? No me cuentes historias, Kirill. Kirill salió disparado y condujo hasta el hospital. Arina ya había llegado. Esperó dos horas y la enfermera le dijo: “Arina ha tenido un niño”. Suspiró aliviado y volvió a casa destrozado, pensando: “Gracias a Dios, todo salió bien. Estaba muy preocupado”. Marina no dormía y le miró con insistencia; vio que estaba agotado y demacrado. —Tu caridad te tiene frito —dijo venenosa. Kirill se sentó en el sofá, sin quitarse el abrigo. —Sí, Marina, sí… Arina acaba de tener un hijo. Le prometí a Denis ayudarla. Está completamente sola —confesó con sinceridad. —Ya lo entiendo todo… —dijo despacio Marina—, y ahora tienes que ayudar a Arina con el bebé, ¿verdad? —Así es —respondió Kirill. —Pues… ya me conoces: no toleraré que dediques tiempo a otro niño, y menos si nosotros jamás podremos tener uno. Voy a pedir el divorcio, haz lo que quieras. Quizá conozca a otro y consiga ser madre. Kirill la miró sorprendido, entendió que ella siempre le ha culpado de no tener hijos. —Es tu decisión, no pienso justificarme. Debo ayudar a Arina con el niño. Pasó el tiempo. Marina se divorció y Kirill se fue con Arina, ayudó con el pequeño Dani. Más tarde se casaron y, dos años después, tuvieron una hija. Gracias por leer, por suscribirte y por tu apoyo. ¡Te deseo mucha suerte en la vida!
03
Promesa Javier sostenía el volante con calma, guiando el coche con seguridad por la autovía de regreso a Madrid después de una breve misión laboral en Valencia.
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הכול חייב להיות חצי-חצי: כשריבים על קניות, חישובים ועל אי-צדק בבית ישראלי – דיאנה מתעמתת עם קוסטה, הארנקים על השולחן, חשבון נפש של משפחה מודרנית
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הכל צריך להיות חצי-חצי נועה, אנחנו חייבים לדבר על ההוצאות. בעצם, על ההוצאות שלך. ליתר דיוק על כמה שאת פזרנית. נועה קפאה עם ספל הקפה באמצע הדרך לפה.
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כשבחשבון הזוגי – הכל צריך להיות חצי-חצי: המריבה של דנה וקוסטה על הוצאות, קרמים, רכב וחשבון אמיתי של בית ישראלי
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הכל חייב להיות חצי-חצי נועה, אנחנו צריכים לדבר על ההוצאות שלך. זאת אומרת, על כמה את פזרנית. הכנתי לעצמי כוס קפה, אבל היד נעצרה באוויר כשהמילים של גיא נחתו עליי.
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הכל חייב להיות חצי-חצי: ככה חשבון משותף כמעט הרס את הזוגיות של דנה וקוסטה, עד שדנה הראתה מה באמת קורה כשמחשבים כל שקל
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הכול חייב להיות שווה בשווה יעל, אנחנו צריכים לדבר על ההוצאות. יותר נכון, על כמה שאת פזרנית. יעל קפאה עם ספל הקפה שלה באמצע הדרך אל הפה. שבע בבוקר, היא
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Antonia, bajo la lluvia y entre lágrimas, encontraba consuelo: nadie distingue el llanto cuando llueve. “La culpa es mía, llegué en mal momento, soy la invitada incómoda”, pensaba mientras reía recordando el chiste del yerno que pregunta a su suegra: “¿De verdad, mamá, ni siquiera tomas una taza de té?”. Hoy era ella la “mamá” del chiste: llorando y riendo a la vez, hasta llegar a casa, donde se quitó la ropa mojada, se tapó con una manta y dejó que el llanto la invadiera sin testigos, salvo por su pez dorado en la pecera. Nadie más la oía. Antonia siempre atrajo a los hombres, pero nunca funcionó con el padre de su hijo Nikita, alcohólico y celoso con todos, hasta con el vecino. Un día, tras un saludo cordial, su esposo la golpeó brutalmente delante del hijo, quien relató todo a los abuelos; el abuelo echó al yerno desde el cuarto piso, advirtiéndole que jamás volviera. Antonia, libre, jamás volvió a casarse. Prioridad: criar a Nikita. Hubo hombres que quisieron conquistarla, pero le bastaba con aprender del pasado. Tenía buena posición: experta en hostelería, trabajaba en un restaurante y ahorraba, primero para un piso, luego para la boda y el hogar de Nikita y la dulce Anastasia. Viviendo sola en su pequeño piso, ayudaba a los hijos, incluso ahorrando para un coche nuevo, aunque ella prefería no molestarles. Un día, sorprendida por una tormenta cerca de su casa, sin paraguas, decidió refugiarse con su nuera Anastasia para conversar como amigas, sólo pedir una taza de té. Pero Anastasia, fría en el recibidor, la despidió: “¿Vienes por algo? La lluvia ya terminó, puedes irte andando”. Así, Antonia volvió a salir bajo la lluvia, llorando, y al llegar a casa, soñó con su pez dorado gigante que le hablaba: “¿Llorando? ¡Qué tonta! Ni siquiera te ofrecen té, ahorras para su coche y ellos ni lo agradecen. Vive un poco por ti, vete al mar, date un respiro”. Al despertar, con el mensaje claro, tomó el dinero reservado para el coche y se fue de vacaciones al Mediterráneo. Volvió bronceada y feliz, y nadie lo supo; los hijos sólo la buscaban cuando necesitaban algo – dinero o niñera. Antonia dejó de evitar a los hombres, y se enamoró de un hombre muy especial: el director del restaurante. Todo encajó. Ahora compartían vida y trabajo juntos. Un día, Anastasia apareció reclamando: “Antonia, ¿por qué no vienes, no llamas? Nikita ha encontrado un coche…”, insinuaba. Pero Antonia, firme, le respondió: “¿Quieres algo, Anastasia?”. Entonces, el hombre asomó: “Toni, ¿tomamos té?”. “Por supuesto”, sonrió Antonia. “Invita a la visita”, insistió él. “No, Anastasia ya se va… Y el té no le apetece, ¿verdad, Anastasia?”. Antonia cerró la puerta y, guiñando a su pez, se rio: “¡Así es la vida!”
04
Antonina García caminaba bajo la lluvia por las calles de Madrid, con lágrimas deslizándose por su rostro y mezclándose con las gotas del cielo.