Y por qué cambié a mi esposa económica por otra mujer

Life Lessons

Volví a fregar los platos. Ya llevaban tres días sin tocarse en el fregadero. Ni siquiera quedaba una taza limpia para un café. Esperé, esperé… ¿Qué podía hacer? Llegué del trabajo hambriento, enfadado, cansado, y antes de cenar tenía que limpiar todo el menaje, porque no quedaba nada.

Y tampoco había nada para comer. Puse a calentar la tetera y puse una cazuela con agua en la vitrocerámica. Al menos podría cocer unas salchichas. O hervirlas tal cual. De verdad, tenía un hambre terrible. Jamás pensé que tendría que pasar por todo esto… Y qué sopa de verduras hacía mi Marina Cómo echo ahora de menos su cocina

Y aquellas empanadas, y hojaldres con rellenos distintos. Y sus costillas, la especialidad de la casa. Y todo siempre tan ordenado, tan limpio. Entrabas por la puerta y todo relucía. El aroma de frescura impregnando el hogar. Y ahora…

¿Cómo no me di cuenta antes? Parecía que Marina sólo vivía para la colada y la comida…

Un día vi a Elena. Guapísima, con una falda corta y tacones altos. Salía de una peluquería, impecable. Era la única, la especial, pensé entonces

Yo nunca iba a salones, ni gastaba dinero en peinados, ni me gustaba teñirme el pelo. Y tampoco era de tiendas de moda. Aunque también era delgada y bonita. Solo que no le gustaba todo eso tan femenino. Siempre en vaqueros y zapatillas, corriendo a por el pan o limpiando la casa.

Quiero a otra le dije a Marina al llegar a casa. Me voy con ella. No quiero engañarte.

Marina seguía montando nata para el pastel. Ni siquiera se giró. No vi las lágrimas que le caían silenciosas…

Me cansé de tener a mi lado no a una mujer, sino a la ama de casa. Tal vez por eso me dejé llevar por Elena. Y ahora friego los platos, el suelo, hago la limpieza. Cocinar apenas he aprendido, y por las noches todavía sueño con las empanadas de Marina…

Elena lleva manicura nueva, así que los platos ni tocarlos. Ahora está sentada en el sofá, hojeando una revista, pensando en ir a la peluquería. Alrededor, varios vestidos por el suelo; sus zapatos ya me han hecho tropezar un par de veces. No sabe qué ponerse para ir al salón. Y el vaso en la puerta ayer no lo recogió, ahí sigue.

¿Por qué cambié a mi esposa por una chica tan perezosa? Este hambre no hay quien lo aguante. ¿Cuezo otra vez unos macarrones? Qué hambre tengo…

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