¿Vivir en casa ajena? ¡Entonces paga alquiler!
No sé si la boda de mi hija va a celebrarse. Todos han acabado enfrentados. Y el futuro yerno está completamente descontrolado. Faltan dos semanas para la boda y está como una cabra. No tengo ni idea de cómo terminará esto, me da mucha lástima mi hija suspira Elvira.
¿Y por qué discutís?
No te lo vas a creer, por culpa del piso. Quisimos darles una alegría a los jóvenes: reunimos todos los ahorros y les compramos un piso como regalo de boda. Tuvimos incluso que vender la casita de la sierra de Gredos y el trastero del barrio, para que nos alcanzara para todo. La propiedad quedó a nombre de mi hija. Pero vamos, si se casan, ¿qué más da a nombre de quién esté?
Eso mismo
Tanto mi marido como yo pensamos igual. El piso, claro, está vacío. Hay que reformarlo y amueblarlo, pero ya no nos queda ni un euro ahorrado. Entonces mi marido le propuso al futuro yerno arreglarlo entre todos, para que se mudaran cuanto antes. ¡Y él no quiere ni oír hablar de reformas!
¿Por qué no?
Porque dice que no es su piso. Que no piensa invertir ni un céntimo en algo que no es suyo. Nos ha pedido que nos encarguemos nosotros de la reforma; en el mejor de los casos, dice que como mucho puede comprar cuatro cosas básicas, pero que no piensa gastar mucho dinero.
Bueno, que se queden tal cual entonces, sin reformar.
Imposible, el piso está completamente vacío. Hay que cambiar la fontanería, la instalación eléctrica, nivelar suelos y alisar paredes. Las ventanas son tan viejas que mejor quitarlas antes de que se caigan solas. Aunque sea un acabado mínimo, hay que hacer algo dice Elvira.
Yo veo imposible vivir ahí, y mira que no soy muy exigente. ¿Cómo van a vivir los chavales en una ruina así? Da vergüenza. El futuro yerno trabaja en una gran empresa, gana un buen sueldo, pero le da pereza gastar. Porque, claro, está ahorrando para su propio piso, para no quedarse algún día sin casa.
Total, quiere vivir a nuestra costa. Nos exige que lo reformemos por nuestra cuenta. Así que le dije: «Si dices que el piso es de otro, tendrás que pagar alquiler». Se rió y aceptó suspira Elvira.
¿Y tu hija qué piensa?
Está hecha polvo, no deja de llorar. Está enamoradísima, pero no podemos poner también el piso a su nombre. Ahora dice que no le importa ni piso ni reforma. Pero a mí no me gusta nada que él no quiera invertir en la familia. ¿Qué va a pasar después? Aún no se han casado y ya están pensando en divorcios y en qué pasará con los bienes se lamenta Elvira.
¿Tú crees que el futuro yerno debería invertir en ese piso? Tiene pensado vivir allí, tener hijos y echar raíces. ¿Qué más da a nombre de quién esté? ¿O su postura es razonable? ¿Tú qué harías en su lugar?







