Tengo 58 años y ya no sé qué hacer con mi vecina: vive justo enfrente y parece que su principal afic…

Life Lessons

Mira, te cuento, tengo ya 58 años y, de verdad, ya no sé qué hacer con mi vecina de enfrente. Vive justo en la puerta de al lado aquí en Salamanca y parece que su hobby favorito es vigilar cada movimiento que doy. Sabe perfectamente a qué hora me traen el pedido del supermercado, si es comida preparada o la compra del mercado municipal, cuántas bolsas traigo y quién me las sube. Si el repartidor del Glovo se retrasa un par de minutos, al día siguiente ya tiene comentario preparado, como si fuese noticia de portada.

Y no acaba ahí la cosa, eh. Controla cuándo bajo la basura, cuántas bolsas saco y qué día de la semana lo hago. Si una semana bajo dos y la siguiente tres, ya suelta alguna indirecta. Y si algún día no bajo porque apenas hay basura, lo comenta también. Una vez hasta se atrevió a preguntarme, sin ningún pudor, si tiro comida. Yo la miré pensando en qué momento mis desperdicios se habían convertido en asunto de interés público.

Luego está lo de mi perro, Tomás. No es grande ni nada malo, sólo ladra cuando alguien se pega mucho a la verja. Pues cada ladrido le parece un escándalo. Ha llamado varias veces a mi puerta solo para decirme que el perro ha ladrado demasiado cuando estaba yo en el trabajo. Y lo curioso es que siempre sabe la hora exacta, cuántas veces y sus teorías sobre por qué lo hace. A veces pienso que ella controla el ritmo de mi casa mejor que yo misma.

Ni mi marido se libra. Si vuelve más tarde del trabajo, al día siguiente suelta cosas como que ayer os acostasteis tarde o tu marido llegó rozando la medianoche. Como vuelva temprano, ya pregunta si está malo o si le han despedido. Lo observa absolutamente todo. Y luego va con el cuento a otros vecinos y te acabas enterando por otros, pero ya distorsionado.

Mi hija Lucía, que tiene dieciséis años, también está bajo la lupa. Si sale con amigas, la vecina cuenta cuántos entran y cuántos salen de casa. Si viene alguien, controla quién es, a qué hora llega y a qué hora se va. Una vez le dijo a Mari Carmen, la del primero, que esa chiquilla sale demasiado, como si la niña fuera suya. Tuve que plantarle cara porque me sentó fatal y me pareció de una falta de respeto increíble.

Y lo peor es que no es una señora que acabe de mudarse ni nada de eso, lleva toda la vida aquí, igual que yo. La casa era de mi madre que en paz descanse y me la dejó porque soy hija única. Ni se me pasa por la cabeza irme, adoro mi hogar, mi historia y mi espacio. El problema no es el sitio, el problema es tener que convivir a la fuerza con quien no conoce los límites.

Hoy en día, de verdad, no sé cómo manejarlo. He intentado de todo: ignorarla, ser amable, ponerme firme nada funciona. Siempre está ahí, vigilando, comentando, sacando conclusiones. Por eso te pregunto: ¿tú cómo harías con una vecina así sin perder la calma, sin montar un escándalo pero tampoco permitiendo que te invadan la vida como si fuera la suya?

¿Tienes algún consejo, de verdad? Porque yo ya estoy por dejarle una caja de pastas en la puerta y desearle que encuentre una nueva afición…

Rate article
Add a comment

eleven + 16 =