La luna brilla sobre Madrid mientras el coche yace volcado, con el cristal trasero hecho añicos. Estoy despierta, pero mis piernas no responden; el dolor me paraliza.
Más tarde, descubriré que he sufrido una fractura de pelvis en tres lugares a raíz del accidente.
De repente, veo cómo un coche aparece en la carretera. Los faros me iluminan, y aún tengo fuerzas para agitar la mano en señal de auxilio. Grito que estoy herida, antes de perder el conocimiento por completo. El conductor, un hombre de la ciudad, ve mi situación y detiene el vehículo sin dudar. Baja y corre hacia mí, intentando comprobar cómo me encuentro.
He perdido el sentido, pero él sigue viendo que sangro peligrosamente por la cabeza y los brazos. Llama enseguida al 112 y permanece a mi lado hasta que llega la ambulancia. Gracias a su ayuda, puedo sobrevivir este momento tan aterrador.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero cuando recobré el sentido, percibí una presencia fuerte a mi alrededor. Una mujer, llamada Marisol, paseaba por el Retiro con su perro cuando, de pronto, se desplomó en el suelo.
Había sufrido un infarto y permanecía inconsciente mientras su mascota, un perro llamado Paco, la vigilaba fielmente. Pasaron horas hasta que alguien los encontró y llamó a una ambulancia; por desgracia, Marisol ya había fallecido.
Un hombre, Antonio, cae en coma y su fiel perro, Pepe, permanece a su lado durante tres días, sin apartarse ni un instante de su cama. Este leal compañero es considerado un héroe, demostrando que los perros son, sin duda, los mejores amigos del ser humano en los momentos más difíciles.





