Pagué el precio por la felicidad de mi hijo: Cómo elegí a mi nuera ideal y tejí el destino de mi familia en Madrid

Life Lessons

Mira, te voy a contar algo que jamás le he contado a nadie, pero me da confianza abrirme contigo, porque esto no se escucha todos los días. Durante mucho tiempo le estuve dando vueltas a la cabeza y al final tomé una decisión radical: yo iba a elegir la esposa ideal para mi hijo, y además, a la nuera perfecta para mí. Mi hijo, que te lo juro, es el mejor hijo de este mundo, el niño de mis ojos. Lo he criado casi en exclusiva, dándole todo mi amor y desvelos. Desde que era un bebé le he dedicado cuerpo y alma, y claro, ahora pensar en entregarlo a otra mujer me costaba horrores, ¡era como si me arrancaran un trocito!

Siempre había tenido claro que llegaría ese momento en el que él querría formar su propia familia, pero me resultaba insoportable verle marcharse con otra. Así que me propuse tomar las riendas y maquinar algo antes de que se me escapara de las manos.

Cuando empezó a salir con chicas, lo asumí con aparente calma. Pero, sinceramente, esa novia que tenía entonces… no era de mi gusto, ni me entendía bien con ella, era demasiado mimada para mi hijo. Fui clara: esa chica no era para él. Yo quería para él una chica formal, sencilla y buena.

Sin decirle nada a mi hijo, me puse en proceso de selección. Tenía claro que debía encontrar a una chica con la que yo también pudiera llevarme bien. Me limité a las candidatas conocidas: la vecina de al lado, la hija de una amiga de toda la vida, y un par de chicas del instituto de mi hijo. Hablando con la vecina y su hija, vi que aquello no era lo mío. Sinceramente, la chica tenía un físico poco saludable, y quería a alguien que pudiera hacer feliz a mi hijo también en ese sentido. Así que, descartada.

Luego hablé con la hija de mi amiga, pero resulta que ya tenía novio serio, así que tampoco. Las otras compañeras del instituto directamente ni las cuento, eran imposibles.

Me encontraba atascada, ya no sabía por dónde tirar. Decidí entonces hacerme la despistada y le dije a mi hijo que me enseñara cómo trabajaba, así podía espiarle un poco en la oficina y ver con quién se llevaba bien. A él la idea le pareció rara, pero aceptó.

Pasé allí el día, observando con lupa el ambiente y a las compañeras. Hablé incluso con alguna de ellas para enterarme de algún cotilleo, pero nada, ninguna me convencía.

De vuelta a casa, mi hijo sugirió que fuésemos a una cafetería y pensé que, total, no perdía nada por mirar allí también. Y fíjate, allí mismo, lo vi claro: mi hijo empezó a hablar con la camarera, una chica joven, tan maja, sencilla y muy educada. Esa era la chica, lo supe en el acto.

Así que esperé a que mi hijo fuese un momento al baño y me acerqué a hablar con ella. Le expliqué la situación tal cual: que quería que saliera con mi hijo. Me miró como si estuviera loca: ¿Pero usted se ha vuelto loca? Eso no es normal me dijo. Yo fui muy directa: Seguro que quieres una vida mejor y mi hijo puede ofrecértela.

Acabé ofreciéndole una suma importante de euros, lo justo para que pudiera pagar la matrícula universitaria de su hermano pequeño. Resulta que la chica tenía un sentido de familia increíble y, por él, accedió a intentarlo.

Después de eso, empecé a mantener el contacto con ella, explicándole lo que más podía gustarle a mi hijo, dándole pistas para conquistarle. Quería ver resultados y, claro, en menos de lo esperado, mi hijo cayó rendido por ella. No paraba de hablar de lo maravillosa que era Alba, de lo guapa que le parecía, de lo bien que cocinaba, la música que escuchaba, las películas que veía. Vamos, que estaba coladito.

Un día le pedí que me la presentara oficialmente y, al poco, vino a casa. Hablé tranquilamente con Alba; me confesó entre susurros que se había enamorado de mi hijo de verdad de la buena y que, si podía, quería devolverme el dinero. Le dije que no, que ese no era el plan.

Si entre los chavales había surgido el amor, ¿por qué iba a quitarle el dinero? Le aconsejé que lo guardara, y que empezara a pensar en la boda con calma.

Y mira, ahora mis hijos están felices, y yo tengo una nuera maravillosa, la mejor compañera y confidente que podría pedir. Nuestro pequeño secreto nos lo guardamos para siempre. Y sinceramente, estoy feliz de haber tomado el asunto en mis manos y asegurarme de que mi hijo fuera tan dichoso.

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