Life Lessons
A Flor de Piel… En esta familia, cada uno vivía a su aire. El padre, Alejandro, además de su esposa, mantenía relaciones con otras mujeres, a veces diferentes cada vez. La madre, Eugenia, aunque sospechaba las infidelidades de su marido, tampoco era un modelo de moralidad: le gustaba pasar tiempo fuera del hogar con un compañero de trabajo casado. Los dos hijos crecían prácticamente solos, sin verdadera orientación ni atención. La madre sostenía que el colegio debía ser quien se encargara por completo de los niños. Únicamente se reunían los domingos a la mesa de la cocina, para comer rápido y en silencio antes de desaparecer de nuevo tras sus propios intereses. Así habría seguido la familia, entre vicios y secretos, viviendo en su pequeño mundo roto, dulce solo en apariencia, hasta que un día ocurrió la tragedia irreparable. Cuando el hijo menor, Denis, tenía doce años, su padre le llevó por primera vez al garaje, como ayudante. Mientras Denis curioseaba entre las herramientas, su padre salió un momento con unos amigos aficionados al motor. De repente, del garaje comenzó a salir humo negro y después llamas. Nadie entendía nada. Más tarde se descubriría que Denis había dejado caer por accidente un soplete encendido sobre un bidón de gasolina. La gente quedó paralizada. El fuego avanzaba descontrolado. Alguien arrojó un cubo de agua sobre Alejandro y él corrió al interior. Todos contuvieron el aliento. A los pocos segundos, Alejandro salió de las llamas llevando en brazos a su hijo, inconsciente y gravemente quemado, excepto el rostro, que protegió con las manos. Alguien ya había llamado a bomberos y ambulancia. Denis fue trasladado al hospital con vida. Lo llevaron directamente al quirófano. Tras horas de angustia, el médico comunicó a los padres: – Estamos haciendo todo lo posible e imposible. Su hijo está en coma. Sus probabilidades de sobrevivir son una entre un millón. La medicina oficial no puede hacer más. Pero si Denis muestra una voluntad insólita de vivir, quizás ocurra un milagro. Resígnense. Alejandro y Eugenia corrieron a la iglesia más cercana bajo un aguacero torrencial, ajenos a todo salvo a la necesidad de salvar a su hijo. Por primera vez, mojados hasta los huesos y entre sollozos, entraron al templo. Al ver al sacerdote, se acercaron con timidez: – Padre, ¡nuestro hijo se muere! ¿Qué debemos hacer? – preguntó Eugenia entre lágrimas. – Me llamo padre Sergio. Vaya, cuando hay susto, ahí aparece Dios… ¿Os sentís muy pecadores? – No, tampoco tanto, no hemos matado a nadie, – respondió Alejandro bajando la mirada bajo el escrutinio del sacerdote. – Pero habéis matado el amor. Está ahí, muerto, a vuestros pies. Entre marido y mujer no cabe ni un hilo, y entre vosotros podrías poner un tronco de cedro que no molestaría a nadie… Rezad, hijos míos, por la salud de vuestro hijo a San Nicolás. ¡Rezad con fervor! Pero recordad, todo está en manos de Dios. No os quejéis a Él. A veces así aprende el necio. De otro modo, nunca lo entenderíais. ¡Salvad vuestras almas! ¡Con amor todo se salva! Alejandro y Eugenia, destrozados, escucharon la dura verdad frente a la imagen de San Nicolás. Clavados de rodillas, rezaron, lloraron, prometieron… Todas las relaciones fuera del matrimonio quedaron terminantemente cortadas y desterradas para siempre de sus vidas. De la vida revisaron cada hebra, cada letra… A la mañana siguiente, el médico llamó: Denis había salido del coma. Alejandro y Eugenia ya velaban a su lado. Denis abrió los ojos e intentó sonreírles. La sonrisa fue débil. En su cara se reflejaba el dolor más adulto que infantil. – Mamá, papá, os lo suplico… no os separéis, – susurró el chico. – Hijo, ¿por qué lo dices? Estamos juntos, – contestó Eugenia, acariciando suavemente la mano ardiente y débil de Denis. Él se quejó de dolor y Eugenia apartó la mano enseguida. – Lo vi, mamá… Y también, mis hijos llevarán vuestros nombres, – aseguró Denis. Alejandro y Eugenia se miraron. Seguro que deliraba, pensaron: ¿hijos? ¡No puede ni moverse! Si lograra salir adelante, eso ya sería un milagro… Pero desde entonces, Denis mejoró poco a poco. La familia volcó todos los recursos en su recuperación: se vendió el chalet, el garaje y el coche se habían perdido en el incendio, pero lo importante era que Denis vivía. Abuelos y familiares ayudaron en todo. La tragedia unió a la familia. Hasta el día más largo tiene su final. Al cabo de un año, Denis se encontraba en un centro de rehabilitación. Ya podía caminar y valerse por sí mismo. Allí conoció a María, una chica de su misma edad. También ella era víctima de un incendio, y su rostro estaba quemado. Tras varias operaciones, se avergonzaba de sí misma, huía de los espejos. Denis sintió hacia ella ternura y admiración: María irradiaba una luz especial, con una sabiduría y una vulnerabilidad fuera de lo común. Era fácil querer protegerla. Pasaban juntos todo el tiempo libre. Había muchas cosas en común. Su conversación era inagotable. El tiempo pasó… Denis y María celebraron una sencilla boda. Tuvieron hijos: primero la pequeña Alejandra, y tres años después, un hijo llamado Eugenio. Cuando por fin la familia parecía respirar en paz, Alejandro y Eugenia decidieron separarse. Toda aquella dura historia les había dejado exhaustos y no se soportaban juntos. Ambos buscaban liberación y calma. Eugenia se fue a casa de su hermana en las afueras. Antes de irse, visitó la iglesia para recibir la bendición del padre Sergio – a quien en los últimos años había dado las gracias varias veces por la recuperación de Denis. – Da gracias a Dios, Eugenia, – corregía el sacerdote. No aprobaba su marcha: – Pero si no puedes más, vete un tiempo. Descansa. La soledad puede ser buena para el alma. Pero vuelve. Marido y mujer son uno solo, – aconsejó el padre Sergio. Alejandro se quedó solo en el piso vacío. Los hijos, ya con sus familias, vivían aparte. Los ex esposos visitaban a los nietos por turnos, evitando cuidadosamente encontrarse. Y así, por fin, cada uno encontró su rincón de paz…
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A FLOR DE PIEL… En esta familia cada cual iba a su bola. El papá, Alejandro, además de su mujer, mantenía una relación paralela, a veces ni siquiera
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אני לא רוצה לחיות על פי התסריט של אמא – על הקשרים שנשמרים, על אכזבה שמבעבעת שנים, ועל המסע לבניית גבולות, זהות ובית חם משלי
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אני אף פעם לא חשבתי שיש ביני לבין אמא שלי סודות. טוב, כמעט שאין. היה לנו תמיד קשר פתוח: דיברנו על פחדים מגיל ילדות, על ההצלחות הראשונות, ועל הלב השבור
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לא רוצה את התסריט של אמא: איך גיליתי שאהבה וקבלת החלטות בחיי לא חייבות לעמוד בציפיות של הדור הקודם
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לא רוצה את התסריט של אמא תמיד הייתי בטוחה שאין בינינו, ביני לבין אמא, שום סודות. טוב, אולי כמעט שאין. אפשר לדבר איתה על הכולהפחדים שהיו לי בתור ילדה, הניצחונות
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Yo Te Lo Recordaré —María, aquí no me sale el rizo —susurró con tristeza Temi, el alumno de segundo de primaria, señalando con el pincel una hoja verde, tozuda, que en su flor pintada se curvaba en dirección contraria. —No aprietes tanto, cariño. Así, suave, como si acariciaras la palma con una pluma. ¡Perfecto! ¡Eso no es un rizo, es una maravilla! —sonrió la anciana profesora—. ¿Y para quién es ese dibujo tan bonito? —Para mi mamá —respondió Temi, orgulloso tras haber domado la rebelde hoja—. ¡Hoy es su cumpleaños y es mi regalo! —¡Qué afortunada tu madre, Temi! Espera un poquito, no cierres el cuaderno, deja que se seque, así no se estropea. Cuando llegues a casa, lo arrancas despacito. ¡Ya verás cuánto le va a gustar! La profesora lanzó una última mirada al niño cabizbajo sobre el folio y, sonriendo para sus adentros, volvió a su mesa. ¡Menudo regalo! Hacía tiempo que su madre no recibía uno tan bonito. Temi tiene talento, sin duda. Debería llamar a la madre, hablarle de la Escuela de Arte. No se puede dejar escapar un don así. Y además, preguntar a su exalumna si le ha gustado el regalo. Ni siquiera ella, María, podía apartar la vista de las flores radiantes del dibujo. Casi sentía que sus hojas iban a susurrar de un momento a otro. ¡Ay, Temi ha salido a su madre! Larisa también pintaba de maravilla a su edad… ***** —María, soy Larisa, la madre de Arturito Coto —sonó la llamada en casa de la maestra—. Llame para avisar que mañana Arturito no irá. —El tono, severo, era el de una mujer joven. —Hola, Larisa, ¿ha pasado algo? —¡Y tanto que sí! ¡Vaya cumpleaños que me ha dado el niño! Y para colmo ahora con fiebre, la ambulancia acaba de irse. —¿Fiebre? Pero si salió del cole bien, llevaba el regalo para ti… —¿Regalo? ¿Esos borrones? —¡Borros…? ¡Larisa, si son flores, preciosas! Justo iba a llamarte para hablar de la Escuela de Arte… —No sé qué flores serían, pero el pegote ese lleno de manchas no era el regalo que esperaba. —¿Pegote? ¿De qué hablas? —María se fue poniendo cada vez más seria, mientras escuchaba la explicación atropellada de la madre—. ¿Sabes qué, Larisa? ¿Te importa que me acerque? Sólo un momento, total estamos cerca. Unos minutos después, con el permiso de su antigua alumna, ahora madre de su alumno (¡cómo pasa el tiempo!), María salió de casa. Llevaba un grueso álbum repleto de fotos desteñidas y dibujos de sus primeros, lejanos niños de clase. La cocina donde Larisa recibió a María era puro desorden. Mientras quitaba la tarta y apilaba platos sucios, la madre de Arturito se desahogó: Cómo llegó tarde y chorreando barro… Cómo sacó de la chaqueta un cachorro empapado que olía fatal, y se había lanzado tras él a un charco helado donde unos críos lo tiraron… Cuadernos y dibujos estropeados. Fiebre altísima en una hora. Los invitados se marcharon sin probar tarta, y el médico la regañó por descuidada… —Así que cuando se durmió, devolví el perro al vertedero. Y el cuaderno está allí, secándose. No queda nada de flores, solo manchas… —protestaba Larisa. Ni se daba cuenta Larisa cómo la cara de María se iba ensombreciendo con cada palabra. Pero al mencionar la suerte del perrito rescatado, María frunció el ceño. Le dio una caricia al álbum, lo abrió y empezó a hablar despacio… De los rizos verdes, de las flores que cobraban vida… Del esfuerzo y el valor de un niño. Del corazón incapaz de soportar injusticias y de los brutos que arrojaron a un animal indefenso a un agujero. Después tomó la mano de Larisa y la llevó a la ventana: —Mira —señaló—, ahí está el pozo. Ni un cachorro, ni siquiera tu Temi debía estar ahí. ¿Crees que pensaba en eso? Quizá pensaba en esas flores del dibujo y en no estropear su regalo… ¿Y acaso olvidaste, Larisa, cuando llorabas en el banco del colegio abrazando a un gatito callejero rescatado de unos gamberros? ¿Cuando toda la clase lo acariciaba y esperábamos a tu madre? ¿Cómo te enfadaste cuando tus padres lo echaron pero luego rectificaron? ¡Yo te lo recordaré! Te recordaré también a Ticho, a Muñeco, aquel perrito callejero que te acompañó hasta la universidad, y a la grajilla herida a la que cuidabas en el rincón de los animales… María sacó una vieja fotografía: una niña frágil en delantal blanco abrazaba un gatito, rodeada de compañeros sonriendo, y con voz firme añadió: —Te recordaré la bondad que florecía en tu corazón a pesar de todo… Dejó caer un dibujo desvaído: una niña y un gatito en un brazo, en el otro, la mano de una madre. —Si fuera por mí —continuó María, ya seria—, besaría fuerte a ese cachorro y a Arturito. ¡Y enmarcaría tus manchas de colores! Nada hay mejor para una madre que criar un hijo que sea buena persona. Y Larisa, sin darse cuenta, apretujaba el álbum, lanzaba miradas preocupadas a la puerta de la habitación de Temi… —¡María! Por favor, ¿puede vigilar a Temi unos minutos? ¡Sólo unos minutos! ¡Vuelvo enseguida! Bajo la mirada atenta de la maestra, Larisa se puso un abrigo y salió corriendo. Sin siquiera fijarse, corrió al vertedero. Ignoró las botas empapadas, removió cajas y bolsas, llamando, pendiente de la casa… ¿La perdonaría? ***** —Temi, ¿quién asoma el hocico entre las flores? ¿Es tu amigo Diko? —¡El mismo, María! ¿A que se parece? —Muchísimo. ¡Y esa manchita blanca sigue en la patita! Qué recuerdos, cuando lo lavamos entre tu madre y yo —rió la profesora. —¡Ahora le limpio las patas cada día! —presumió Arturito—. Mamá dice que si tienes un amigo, lo cuidas. Hasta compró una bañerita solo para él. —Tienes una gran madre —sonrió María—. ¿Estás haciendo otro regalo para ella? —Sí, quiero ponerlo en un marco. Ahí tiene el de las manchas y siempre le sonríe. ¿Se puede sonreír a las manchas, María? —¿A las manchas? Pues si salen del corazón, sí. Dime, ¿cómo va la Escuela de Arte? —¡Muy bien! Pronto le dibujo un retrato a mamá y le va a encantar. Mientras, toma, —dijo Temi sacando una hoja doblada—. Esto es de mamá, también dibuja. María desplegó el papel y le apretó el hombro a Temi. Allí, sobre fondo blanco, un Temi radiante posaba la mano sobre la cabeza de su fiel amigo. A su lado, una niña rubia en uniforme pasado de moda, abraza un gatito… Y desde una mesa de profesora repleta de libros, una sonriente María observa a esos niños felices. Y en cada trazo, sentía la gratitud y el orgullo maternal. María se secó las lágrimas y vio, en un rincón del dibujo, escrito con flores y rizos verdes, una única palabra: «Recuerdo».
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TE LO RECUERDO Doña María Carmen, mire, aquí no me sale el rizo, susurró, triste, el pequeño Tomás, alumno de segundo de primaria, señalando con el pincel
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איך לדבר עם גיסי על כך שהוא שולח את ילדיו לסבתא בקיץ בלי אוכל או כסף – בזמן שאנחנו דואגים לכל ההוצאות עבור הילדים שלנו ומשלמים לה תמורת העזרה שלה, מבלי להיגרר לוויכוחים משפחתיים
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חמותי הציעה לעזור לנו עם הילדים בתקופת הקיץ. היא כבר בפנסיה, ויש לה הרבה זמן פנוי, אז הסכמנו מיד הרי שנינו עובדים ואין לנו אפשרות לקחת חופש ארוך באמת.
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לחיות עד חתונת הזהב: סיפורם של לודמילה ואיוואן – חיי נישואים בקיבוץ, אהבה בגיל חמישים, בגידות, לבטים, ותקווה לחיים מאושרים יחד עם המשפחה
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לשרוד עד חתונת הזהב עשרים וחמש שנה אני חיה עם דביר. עכשיו אני כבר בת חמישים, ודביר גדול ממני בשנתיים. החיים שלנו ביישוב לא שונים מהשאר בית, גינה, עבודה
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להחזיק מעמד עד חתונת הזהב: 25 שנות נישואים של לודמילה ואיבן, אהבות, בגידות, וסודות בכפר הקטן שלנו
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להחזיק מעמד עד יובל הזהב חיים עשרים וחמש שנה ביחד, נעמה ויונתן. לה כבר חמישים, ובעלה מבוגר ממנה בשנתיים. החיים בבית בפרברי ראשון לציון, כמו אצל כולם עבודה
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להגיע יחד לחתונת הזהב: חמישים שנות נישואין של לודמילה ואיוואן, סיפור של חיים, בגידות, תשוקה מאוחרת ואהבה שנפרצת בכפר עברי, כשבן הבכור מתחתן, השכנים מסתבכים והלבבות מתעוררים פתאום בגיל חמישים
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להגיע לחתונת זהב עשרים וחמש שנים חיו יחד איילת ונעם. איילת כבר בת חמישים, ונעם גדול ממנה בשנתיים. חייהם הזוגיים היו שגרתיים, כמו אצל כולם במושב בגליל
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Destino en una cama de hospital: la enfermera que devolvió la vida y el amor a un paciente de tuberculosis abandonado por su esposa en España, y cómo sus caminos volvieron a cruzarse años después
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DESTINO EN UNA CAMA DE HOSPITAL Señora, coja usted la bolsa y cuide de su marido. Yo, la verdad, hasta miedo me da acercarme, no digamos darle la comida
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הפסקתי לבשל ולנקות לבנים הבוגרים שלי – והתוצאה הפתיעה אותי “אמא, למה החולצה הכחולה שלי לא מגוהצת? הרי ביקשתי, יש לי מחר ראיון עבודה”, קרא דני בן ה-25 בקול מתלונן מחדרו. “ובכלל, נגמר לנו אבקת כביסה? יש הר של גרביים באמבטיה”. לאה נכנסה הביתה עם שקיות כבדות. הרצועה חתכה לה בכתף, והרגליים כאבו אחרי משמרת של עשר שעות במכולת. שאלה אחת הדהדה לה בראש: “מתי זה ייגמר?”. היא הניחה את השקיות, הביטה במראה וראתה אישה עייפה עם מבט כבוי מלא ייאוש. במטבח, יאיר בן ה-22 הרעיש עם הכלים. “אמא, קנית לחם? כי נגמר לנו פסטרמה, ואכלנו את הכול בלי כלום. והמרק החמיץ, שפכתי אותו, אבל לא שטפתי את הסיר – דבק. תכיני חדש? ואם אפשר, בורשט, כי המרק כרוב שלך כבר נמאס”. לאה חלצה נעליים, סידרה על המדף. בפנים, משהו בה נשבר. חוט הסבלנות הדק התפוצץ. היא נכנסה למטבח. יאיר ישב מול הטלפון, פירורים ועטיפות סביבו, במטבח גבוה הר של כלים מלוכלכים כמו הבניין העקום של פיזה. “ערב טוב, בן”, אמרה בשקט. “אה, שלום. יש לחם?” “יש – במכולת”. יאיר הרים עליה גבה. “מה זאת אומרת? לא קנית?” “לא קניתי. וגם לדני לא גיהצתי. גם אבקת כביסה לא קניתי, וגם בורשט לא אכין”. דני נכנס, מגרד את הבטן, עם תחתונים בלבד. “אמא, מה נסגר איתך? ברצינות, החולצה. אין לי מה ללבוש! את הרי יודעת שאם אני גיהץ – יהיו לי פסים עקומים”. לאה התיישבה על השרפרף בלי לפרוק שקיות. היא הביטה בשני הבנים שלה – גברים בריאים. דני, בחור גבוה שסיים תואר, עובד מנהל אבל כל המשכורת הולכת על גאדג’טים; יאיר, סטודנט עובד בשליחויות, אבל בבית לא מזיז כלום. “שבו”, אמרה בקול יציב. “יש לי מה לומר”. הם הביטו בה מופתעים. זה לא היה קיטור ולא נרגנות – אלא נחישות. “אני בת חמישים ושתיים, עובדת במשרה מלאה, סוחבת הכל – שכ”ד, אוכל וכל הבית. אתם – לא ילדים, לא נכים. גברים. ואתם הפכתם אותי לעוזרת שלכם”. “אוף, הנה זה מתחיל”, דני התגלגל בעיניים. “אמא, אנחנו עובדים, עייפים. את אישה, פיית הבית, את אמורה לדאוג לאווירה”. “טבעי שאני גם זכאית למנוחה וכבוד”, קטע אותו לאה. “מהיום – שביתה. לא מבשלת, לא מנקה, לא קונה, לא מגהצת. מאותו רגע אתם עצמאיים – רוצים לאכול? תבשלו. רוצים כביסה? תפעילו מכונה. יוטיוב לעזרה”. הבנים בהו בה בתדהמה, מקווים שזה קפריזה שתעבור. בערב הזמינו פיצה, השאירו שאריות, שיחקו עד הלילה – ולאה בפעם הראשונה מזה שנים נחה לה בעצמה, באמבטיה עם ספר. בבוקר צעקות: “איפה המגהץ?!”, דני מחפש, לא מוצא, מאשים. “בדקת בשקע? שמת מים?”, עונה לאה בקור רוח. “אני מאחר, תגהצי לי, רק הפעם!”. “לא. זאת האחריות שלך”. בערב – מטבח חרוך, מחבת שרופה, פסולת כפולה. “אמא, זה התעללות, אין מה לאכול! את רוצה שנמות מרעב?”. “יש הכל במכולת. כסף יש לכם”. “אנחנו לא יודעים לבשל פסטה!”, “כתוב על האריזה. יש לכם עיניים”. שלושה ימים – דממה קרה. כלום לא מסודר, נייר טואלט נגמר, לאה קונה לעצמה ושמה אצלה, פחי אשפה עולים על גדותיהם, ארוחות רק ג’אנק פוד. עד שביום שישי היא קמה חולה – בנים רעבים בחוץ, מציעים להזמין משלוח, אין כסף. מנסים לבשל – שורפים את הסיר לגמרי. לאה מתפרצת בבכי. “לא הסיר חשוב!”, היא צורחת, “אתם לא מסתדרים! אם יקרה לי משהו – תטבעו פה ברעב ולכלוך! מביך שהפכתם לכאלה!” באופן מפתיע – למחרת הם קונים לה תרופות, מכינים תה שחור עז, מורידים קניות, מבשלים ארוחה מגושמת אך ביתית, מנקים (גם אם שוברים צלחות). בהחלמה, הם מתקשרים כל חצי שעה: “אמא, איפה המסנן?”, “צריך להשרות אורז?”, “איך מטגנים בלי לשרוף?”. כעבור שבוע – דף על המקרר: “יום ב’, ד’, ו’ – דני (כלים, אשפה). ג’, ה’, ש’ – יאיר (רצפה, קניות). יום א’ – יחד”. “מה זה?”, שואלת לאה. “גילינו שאת צודקת”, עונה דני. “מביך שעד עכשיו לא תרמנו כלום”. “ותעמדו בזה?” “ננסה. יאיר אתמול אפילו למד באינטרנט איך מטגנים צ’יפס שיהיה קראנצ’י”. מכאן – הגלגלים מתחילים לנוע. נכון, לא מושלם, יש פליטות ופספוסים, מריבות קטנות. אבל סוף סוף עולה קצת אחריות. לאה נרשמת לחדר כושר, נפגשת עם חברות, קונה שמלה חדשה – ואפילו מחייכת לעצמה במראה. הבנים מבשלים, דני מכבס, יאיר מוריד אשפה, משתתפים בשכר דירה ובסופר. ערב אחד – הדירה מריחה מתבשיל, יאיר מקלף בצל, דני פותח בקבוק יין. “קיבלתי עבודה חדשה!”, מחייך דני. “ביום ההוא בראיון הלכתי עם חולצה מקומטת – הביכו אותי. עכשיו כבר למדתי לדאוג לעצמי”. “אני גאה בכם”, אומרת לאה, מתיישבת לארוחה המשפחתית – לא מושלמת, אבל הכי טעימה בעולם. סוף סוף כולם שותפים. כשהחברות מתלוננות לה על הבנים ש”לא עוזבים את הבית”, היא מחייכת: “ניסיתן פשוט להפסיק להיות נוחות?”. “אבל הם יסתבכו!” “הכי טוב שיש. רעב ומרפסת לא שטופה – המורים הכי טובים לעצמאות”. יום שישי, לאה לובשת שמלה, אודם ושמה הופעה. “אמא, לאן את כל כך יפה?”. “לדייט, עם עצמי ועם התרבות. האוכל? קיים במקרר. מתכונים – בגוגל. אתם כבר לא קטנים”. לאה יוצאת החוצה, לוקחת נשימה חופשית – היא כבר לא עוזרת בית, אלא אישה עם חיים משלה. והבנים? למדו סוף סוף לכבד את כל המאמצים שלה, ולהתבגר. התוצאה הפתיעה אפילו אותה – ולעיתים, כדי לעשות מהפך בבית, צריך סתם לבחוש קצת את כל הקלפים ולהתחיל מחדש.
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אמא, למה החולצה הכחולה שלי לא מגוהצת? ביקשתי, יש לי מחר ראיון בקולו של אורי, בני הבכור, בן עשרים וחמש, נשמע גוון מוכר של דרישה, כשהוא צועק מעומק החדר שלו.