Hugo estaba a punto de graduarse de la Universidad Complutense de Madrid cuando, de repente, tuvo la idea de casarse con su primer amor del instituto, Alba. Alba era guapa, pero además era una joven amable e inteligente. En ese momento, también estaba terminando su tesis. Los dos acordaron casarse en cuanto terminaran sus trabajos.
Hugo decidió contarle sus planes a su madre, pero ella no le traía buenas noticias. Su madre le dijo que debía casarse con Carmen, la vecina del piso de abajo, o con nadie más. Luego le preguntó qué era más importante para él: su carrera profesional o el amor. La madre soñaba con ver a su hijo convertido en un hombre exitoso.
Carmen venía de una familia acomodada y, además, llevaba tiempo enamorada de Hugo. Pero él seguía enamorado de Alba, que era de familia sencilla y sin renombre. Además, la madre de Alba tenía mala fama en el barrio… ¿Qué pensaría la gente?
No necesito otra nuera y tú haz lo que quieras, le dijo la madre con voz firme.
Hugo intentó convencer a su madre durante semanas, pero ella seguía inflexible. Incluso le dijo que, si se casaba con Alba, les echaría una maldición. Hugo no pudo resistir la presión. Así, Hugo y Alba salieron juntos durante seis meses y poco a poco, la relación se fue apagando.
Finalmente, Hugo se casó con Carmen. Ella estaba realmente enamorada de él, pero ambos decidieron no hacer celebración para evitar que Alba pudiera ver siquiera una sola foto de la boda. Así comenzaron su vida juntos. ¿Qué se puede decir? Carmen era de familia rica, y Hugo se mudó al enorme piso familiar en Salamanca. Los padres de Carmen le ayudaron a escalar posiciones en su carrera. Pero Hugo nunca fue feliz.
No quería tener hijos. Cuando Carmen se dio cuenta de que no lograría convencerle, solicitó el divorcio por su cuenta. Cuando esto ocurrió, Hugo ya tenía cuarenta y tantos años y Carmen, treinta y ocho. Ella después tuvo un hijo y por fin halló la felicidad.
Hugo soñaba con poder casarse con Alba, intentó buscarla, pero fue imposible. Era como si Alba hubiera desaparecido. Hasta que un día un conocido le contó que, después de separarse, Alba se casó con el primer hombre que conoció y que resultó ser un canalla.
A partir de entonces, Hugo volvió a vivir en el antiguo piso de sus padres en Vallecas y se sumió en la tristeza, ahogándose en la bebida. Miraba constantemente la foto de Alba, incapaz de perdonar a su madre.
Al final comprendió que, a veces, dejar que otros decidan sobre nuestro destino puede robarnos la oportunidad de un verdadero amor. La vida le dejó una lección: No hay mayor arrepentimiento que renunciar a lo que realmente deseas por miedo a lo que los demás puedan pensar.




