No habrá boda: Una historia sobre amores en pausa, familias entrometidas y decisiones aplazadas en la España de hoy

Life Lessons

No habrá boda

¿Por qué estás tan callado hoy? preguntó Lucía, Quedamos en ir el sábado a elegir los muebles para el dormitorio. Pero te veo muy mustio, ¿qué te pasa?

Dani sabía: ahora o nunca. Era el momento de decirlo.

Luci… Quería hablarte de algo. Sobre la boda.

Lucía llevaba esperando esa conversación una eternidad. Cuando hablaron del tema decidieron hacer algo sencillo, pero ella sabía bien que Dani quería organizarle una boda de película, con un fiestón, cámara, organizadores… ¡Menuda ilusión le hacía que él sacara el tema!

Pero venga, sin rodeos, ¿eh? Creo que sé lo que vas a decir sonrió Lucía.

Pero Dani soltó:

Vamos a posponerla… Vamos a retrasar la boda.

No era la charla que ella se había montado en la cabeza.

¿Posponer? se quedó a cuadros ¿Y esta actuación repentina? ¿Por qué? Pero si justo antes hablábamos de encargar las invitaciones… ¡Si hasta tú elegiste el diseño! ¡Que ya tenemos hasta lista de invitados! ¿Te arrepientes de casarte conmigo?

Lucía, ya metida en el drama, estaba preparada para escuchar que todo era porque el amor se había acabado.

Pero Dani fue muy poco original:

Es que vamos un poco justos de dinero murmuró Llevan tres meses sin pagarme y ahorrar no ahorramos nada… Y… Luci, llevamos solo medio año viviendo juntos. Igual es pronto, ¿no crees?

¿Pronto? Lucía casi se atraganta Pero, Dani, ¡que llevamos tres años saliendo! Tres años y medio año viviendo juntos ¿Eso es pronto para ti?

Dani, repentinamente, ya no parecía tan angustiado.

Luci, no empecemos, no quiero pelea. Solo… es una pausa, nada de no querer casarme. Pero la boda es que… es cara.

Vale… pues entonces casémonos solo nosotros dos, civil, y lo celebramos después con los amigos.

Luci, así no es una boda de verdad.

¡Pues que le den!

Pero si tú siempre has soñado con eso

Pues mira, viviré igual si no lo tengo.

¡Vaya excusas rebuscadas se buscaba el Dani!

Luci…

Dímelo claro. ¿Ha pasado algo? ¿No estás seguro de que me quieres? ¿O has conocido a otra? Porque la boda es cara, no me parece el argumento de tu vida…

Dani negó con la cabeza, casi resignado.

No, Luci, te lo juro. Es solo que quiero que todo salga perfecto y ahora no puedo darte esa boda ideal. Además, llevamos poco solos Hay que ver si estamos hechos el uno para el otro

Un poco de lógica sí tenía Dani hablaba como si intentara convencer incluso a sí mismo, pero la intuición de Lucía empezó a sonar alarmas. Si antes él insistía en casarse cuanto antes ¿a qué venía ahora esto?

Pero Lucía decidió hacer como que le creía.

Después de aquella conversación, Dani empezó a comportarse como novio ideal de catálogo: detalles que antes ni veía ahora los tenía en cuenta, fregaba los platos siempre, preguntaba por todo en el súper Parecía intentar compensar la boda cancelada. Eso sí, el chaval tenía una expresión de acelga marchita: pasaba el día pensativo, suspirando mirando el techo, y a las preguntas de Lucía sólo respondía: Nada, que estoy cansado.

Lucía evitó presionar. Luego, luego, luego, repetía su instinto.

A las dos semanas, los padres de Dani les invitaron a cenar. Lucía se hacía la dura: no le apetecía un pelo; además, seguro que los padres preguntarían por la boda. Vaya compromiso.

Pero no hubo manera de librarse.

La inevitable conversación sobre el enlace apareció en la mesa.

¿Para cuándo nos vais a dar una alegría? preguntó su madre cuando el padre se fue a ver el fútbol Ya hemos fichado un sitio para la celebración. Veinte personas, que no cabe más en el restaurante de la tía Pilar. ¿Qué día reservo?

Dani, con la misma triste cara que Lucía, contesta con un hilillo de voz.

Mamá, que dijimos que esperábamos. Lo hemos aplazado.

¿Aplazado? ¿Por qué? ¿¡No tenéis dinero!? Dani, hijo, haberlo pensado antes, que ya tienes una edad…

Después de cenar, mientras los señores debatían cómo arreglar la cafetera eternamente rota, Lucía fue al baño.

Allí, todo estaba limpio como un quirófano. Ni rastro de cosméticos la madre de Dani guardaba todo en su habitación y lo llevaba y traía cada vez, vete tú a saber por qué.

Lucía, mientras se daba un repaso con la toalla, escuchó voces amortiguadas. Aquello no era cotilleo, pero en ese baño cualquier murmullo parecía un informativo. Dani volvía a la cocina a charlar con su madre… Y Lucía escuchó perfectamente:

Dani, ¿sigues pensando en dejarlo con Lucía?

Lucía se quedó quieta. ¿Perdón? Intentó no moverse, oreja pegada al azulejo.

Mamá, te lo he dicho mil veces. Lo hemos retrasado, no lo hemos dejado.

Aplazado, bah, excusas. Te veo sufrir, hijo. ¿Tú crees que es mujer para ti? Una esposa tiene que obedecer a su marido, y esta Si vais a acabar divorciándoos el año que viene, ¿para qué casaros?

Que yo la quiero, mamá.

A Lucía casi le da un ataque de ternura.

Pero la frase siguiente de la futura suegra le volvió a la realidad:

¿Que la quieres? Mira qué lista es esa chica. Ni casada está y ya te ha puesto en contra de nosotros. No ayudas a tu hermana, no vienes a la casa del pueblo Está claro: te está cambiando, pero para mal.

Lucía apretó la oreja contra el frío azulejo. ¿Ponerle en contra? Si siempre había sido más amable imposible con ellos, hasta cuando don Paco le soltó su opinión no solicitada sobre su nuevo corte de pelo. Que le dolió, sí, pero ni rechistó.

Nunca le había dicho a Dani nada malo de su familia, al revés: le animaba a pasar tiempo con ellos, porque sabía lo importante que era para él.

De repente le cuadró todo: lo de posponer la boda no era por dinero, no señor. Era por la mamá, que de cara le sonreía pero, a sus espaldas, prefería ponerle la zancadilla a la boda.

Lucía salió del baño con la cabeza bien alta.

¡Hombree, si ya sale Lucía del baño! Mira, justo comentábamos que no hay que dejar pasar la juventud pero que, vamos, sin estar casados tampoco lo apruebo, le dijo, casi con caricia y veneno, su suegra.

Por supuesto, señora Manuela, dijo Lucía No queremos posponerlo mucho. Vamos ahorrando y directos al registro. ¿Verdad, Dani?

Sí, Luci, vamos, es como si ya estuviésemos casados siguió la corriente él.

De camino a casa en el coche de Dani, él intentó abrazarla pero Lucía deslizó el asiento para alejarse. No le salían las palabras. ¿Debería siquiera decir algo? Si Dani seguía con ella a pesar de sus padres, quizá sí la quería Pero la boda, de momento, estaba en el aire.

Has estado raro cuando tu madre empezó a hablar soltó Lucía mientras las luces de la M-30 desaparecían tras el retrovisor.

¿Yo? Nah, es que insiste con lo de la boda y…

No mientas. No está insistiendo, está haciendo todo lo posible para que no nos casemos. Me ha dicho que te he separado de la familia. Que deberíamos romper.

Dani apretó el volante con los nudillos blancos.

¿Lo oíste? Mamá está asustada, cree que si me caso desaparezco, es lo típico. No te lo tomes a pecho, acabará por aceptarlo.

Lucía no se lo tomaba como algo personal de la suegra invasora, lo que le dolía era Dani. Él no la defendió. Solo intentó complacer a su madre, sin más.

El tema boda quedó como la nevera de casa de su abuela: siempre medio vacía. Dani seguía con la cara agria, y cuando Lucía insinuaba algo de futuro, respondía con un: Ya veremos…

Y entonces apareció el móvil de Dani, solito y sin bloquear, en la mesa.

Solo voy a mirar la hora, se dijo Lucía nada de leer mensajes, solo… bueno, de reojo.

La última notificación era de su hermana, Carla. Carla solo tenía dos años menos que Lucía, pero una actitud de niña de doce. Nada de trabajo, ni estudios, viviendo en casa de los padres y sin intención de cambiar.

Y el mensaje decía, sin rodeos:

Está claro, no volveré a ver ni un euro. Otra vez bajo la chepa. Pues nada, chico, vive con ella si te importa más que tu familia.

Lucía leyó palabra por palabra. Bajo la chepa.

Y entonces recordó…

Antes de cancelar la boda, cuando Carla le llamó a Dani, otra vez para pedirle dinero, Lucía no pudo evitarlo y le soltó:

Dani, tiene veintisiete y sigue en casa pidiendo pasta para salir de fiesta. Igual ha llegado el momento de que madure y busque curro, ¿no? Que nuestro presupuesto no es una hucha sin fondo.

Lucía no lo habría dicho si solo fuera dinero de él, pero ella también aportaba lo suyo, y no iba a financiar a la familia. Aquella vez, Dani le dio la razón a regañadientes: tienes razón, Luci, se acabó el chollo”.

Ahora ya estaba claro quién andaba por ahí poniendo a todos en contra de Lucía.

Cogió el móvil y, ni corta ni perezosa, se envió el mensaje al suyo para tener prueba. Luego lo dejó exactamente donde estaba.

Dani apareció quitándose la bufanda, con una barra de pan y chocolate con almendras, su favorito.

He traído el pan, y tu chocolate, el que te gusta. Estaba pensando, Luci, que podríamos ir…

Dani le cortó Lucía.

¿A que no te esperabas verme? intentó bromear él, pero Lucía no entró al juego.

¿Qué es eso que te escribe Carla? le preguntó, mirándole a los ojos.

Dani, recordando viejos trucos, lanzó la ofensiva típica:

Pero, ¿has mirado mi móvil? ¿Mientras yo no estaba?

Defensa clásica: buscar culpable en vez de responder.

No importa lo que he hecho. Quiero una explicación, Dani. Ahora mismo.

Dani se quedó unos segundos mudo, pasando de indignado a perdido.

Bah, Luci, ni caso. Es que está acostumbrada a que el hermano solucione todo, así es ella. Ya se le pasará.

¿Molesta por qué? ¿Por decirle que madure, que busque trabajo? siguió Lucía.

Normal, el chollo se le ha acabado. Pero olvidémoslo, se le pasa, ya verás.

¿Y ha convencido a tus padres también?

Bueno sí admitió al fin Yo intenté explicarles que ese dinero es de los dos, que Carla debe buscarse la vida Pero mi madre saltó: “Claro, Lucía te domina, ya ni eres parte de la familia”. Pero no creo igual, Luci.

Pero la boda la cancelaste Muy bien. Ya lo entiendo. No puedo tratar con ellos. ¿Y tú? ¿Tú sí quieres casarte conmigo o solo pospones porque te da miedo decirle que no a tu madre?

¡Claro que quiero casarme contigo! Pero ahora mismo… Pues no puedo. Quizá, después… cuando todo se tranquilice…

Ahí lo tienes.

Mira, Dani, he entendido algo: no quiero casarme con alguien que ni está seguro de lo que siente ni tiembla cada vez que respira su hermana. Menos mal que cancelamos la boda.

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