Mis padres nunca me brindaron el apoyo que necesitaba, pero mis amigos siempre estuvieron a mi lado en los peores momentos. Aunque dicen que la familia es para siempre, en mi caso no fue así. Mis amigos me acompañaron, me animaron y me ayudaron cuando más falta me hacía.
Nuestra amistad nació en el colegio, donde un grupo de muchachos y muchachas nos hicimos inseparables. Cuando manifesté mi deseo de matricularme en unas clases de arte, mis padres se negaron a pagarme las lecciones. Sin embargo, mis amigos acudieron en mi auxilio. Me ofrecieron material de dibujo sin dudarlo, y uno de ellos, Diego, consiguió que su hermana mayor, una diseñadora con gran talento, me diera clases particulares sin pedirme nada a cambio. Al acercarse mi graduación, mis padres no mostraron interés; ni siquiera querían gastar un céntimo en la celebración. Pero mis amigos se pusieron manos a la obra: buscaron trabajos a media jornada para costear el evento y se encargaron de todo, desde coserme el vestido hasta ayudarme con el maquillaje y el peinado.
Cuando decidí cambiarme de universidad, mis padres volvieron a oponerse rotundamente. Me dieron un ultimátum: o estudiaba donde ellos querían o tendría que pagar mis estudios sola. Por fortuna, mis amigos estuvieron a mi lado en esos momentos difíciles. Me acogieron en su casa y me ayudaron a cubrir los gastos básicos mientras ahorraba lo suficiente para mi educación.
A lo largo de mi vida, mis amigos se mantuvieron fieles a mi lado, ayudándome de mil formas distintas. Contribuyeron a pagar la hipoteca de mi piso, se unieron para renovar mi casa y me cuidaron cuando estuve enferma. En cambio, ni mis padres ni mi hermano movieron un dedo para prestarme ayuda en ninguna de esas ocasiones. Ellos siempre repitieron que la familia debía ser un apoyo incondicional, pero hace ya cuatro años que no tengo contacto con ellos. Al final, no encuentro razón para buscar reconciliación, pues mis amigos han sido mi verdadera familia: siempre dispuestos a darme una mano, ofrecerme un hombro y acompañarme en la adversidad. Hoy mi familia está formada por seis personas: cuatro amigos del instituto y dos de la universidad. Les doy gracias cada día por estar a mi lado.






