Mi suegro pensó que siempre le íbamos a mantener

Life Lessons

Mi suegro pensó que íbamos a seguir apoyándole.

Mi esposa creció en una familia unida y feliz. Sin embargo, cuando su padre tenía 57 años, su madre falleció tristemente. Evidentemente, para mi suegro aquello fue un golpe casi imposible de superar. Por eso, decidimos vender su piso de toda la vida en Salamanca, repartir el dinero y traer a mi suegro a vivir con nosotros en Madrid, al menos hasta que pudiera superar aquel dolor. Nos pareció lo más sensato, como si jugáramos en familia.

Pensábamos que viviría con nosotros unos seis meses y que después se compraría otro piso, pero no fue así. Le encantó la vida en nuestra casa. Jamás aportaba un euro para los gastos ni para la compra. Yo le cocinaba, lavaba su ropa, y le tenía su habitación siempre limpia. Él sólo iba a trabajar y después volvía con la tranquilidad de pasar los días como si estuviera de vacaciones.

Así pasaron once años. Con el tiempo empezó a darnos lecciones sobre cómo deberíamos hacer las cosas en casa, imponiendo sus propias normas. Llegamos a sentirnos agobiados. Fue entonces cuando tomamos la decisión de comprarle una casa cerca de Alcalá de Henares. Es un hombre en buen estado, aún lleno de vitalidad, perfectamente capaz de vivir solo.

Le compramos una casa y pusimos todo a punto para que él pudiera instalarse cómodamente. Sin embargo, mi suegro comenzó a quejarse, inventándose dolores en el pecho o cualquier excusa para intentar quedarse con nosotros. Pero yo ya no puedo más. Quiero por fin relajarme con mi familia más cercana y disfrutar de nuestra intimidad. Estoy cansado. ¿Qué debería hacer?

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