Mi suegra ha decidido instalarse en mi piso y cedérselo a su hija, que es mi cuñada.
Mi marido creció dentro de una familia numerosa. Su madre siguió teniendo hijos hasta que al fin nació su hija pequeña. Una manera peculiar de ver la vida, aunque no me corresponde a mí juzgarla. Juegos de familia.
Cuando contraje matrimonio con Alejandro, pensaba que había tenido suerte. Parecía responsable, valiente, fuerte. Sabía lo que significaba la familia, pero jamás logró desprenderse de su madre y de su hermana menor. A mi suegra, en realidad, no le importaban tanto sus hijos varones; para ella la felicidad de su hija siempre ocupó el primer lugar.
Carmen tenía 10 años cuando la conocí. Al principio no me supuso ningún problema, pero con los años sentí la carga. No tenía ningún interés por los estudios, se juntaba con chicos problemáticos y, al final, mi marido era quien tenía que resolverlo todo. Mi cuñada era capaz de llamarle a las tres de la mañana si necesitaba ayuda.
Pensaba que Carmen maduraría, que se casaría y que, entonces, todo encajaría por sí solo. Pero no fue así. Cuando decidió casarse, mi suegra convenció a sus hermanos para que aportasen dinero para la boda porque ella no tenía ni un euro. El marido de Carmen tenía poca cosa, trabajaba mucho por un sueldo escaso, así que los recién casados no tuvieron más remedio que quedarse a vivir con mi suegra.
Luego llegó un hijo, y otro… Al final, mi suegra se dio cuenta de que era insostenible vivir así. Entonces, ideó la solución perfecta: venirse a vivir con nosotros y dejarle el piso a su hija. Pero, ¿es justo? Yo fui la que compró el piso con mis ahorros, y mi marido ni siquiera puso un céntimo. Lo más curioso es que él está totalmente conforme con la situación, y me dice: Mi madre te va a ayudar, verás.
Nuestro piso solo tiene dos habitaciones. Y yo no quiero renunciar a mi espacio para compartirlo con otra persona. Mi suegra está convencida de que es nuestra obligación acogerla, porque Alejandro es el hijo mayor y, por tradición, debe velar por sus padres.
Yo quiero a mi marido, el divorcio ni siquiera entra entre mis opciones. Pero, ¿cómo consigo que abra los ojos? ¿Cómo puedo explicarle que convivir con su madre es un auténtico infierno? ¿Alguien podría darme un consejo?



