Mi nuera, Begoña, se enfureció cuando le dije que en nuestra familia es costumbre nombrar a los varones con el nombre del abuelo.
Yo siempre he mantenido una relación cordial con Begoña; vivíamos en la casa de la calle San Bernardo en Madrid sin mayores enfrentamientos. A veces surgían roces, pero siempre los superábamos rápidamente y no guardábamos rencor.
Cuando supe que Begoña estaba embarazada, la alegría me invadió; ya no tardaría en llegar un nieto a nuestro hogar. El hecho de que fuera un niño llenó de felicidad a mi hijo, Javier, pues había anhelado un hijo propio. Al conocer el sexo del bebé, Javier proclamó de inmediato que lo llamarían Alfonso, en honor a su propio padre, siguiendo la tradición familiar de nombrar a los hijos varones como sus abuelos.
Al escuchar que el nombre del bebé ya estaba decidido, Begoña estalló en una acalorada discusión, asegurando que ella nombraría a su hijo a su manera y que nuestra opinión no contendría.
Quise tratar el asunto con calma, pero ella se mantuvo firme, diciendo que la decisión ya estaba tomada. Javier intentó respaldarme, pero su esposa no quiso escuchar y afirmó que sus padres la sacarían del quirófano y que ella viviría con el recién nacido en su casa.
Javier trata a Begoña con todo su cariño y hace lo posible por demostrarle amor y cuidado, pero ella parece no valorar sus esfuerzos. Es una mujer muy egoísta, que ni siquiera calla por su marido. Cuando intenté explicarle las tradiciones de nuestra familia, Begoña me interrumpió al instante.
Para mi sorpresa, descubrí que ella y Javier ya habían elegido un nombre para el bebé y que, según ellos, todas las decisiones referentes a su familia serían exclusivamente suyas, sin importar mi parecer. Yo veía la situación de otro modo, pues ese niño será mi nieto y continuará la línea familiar.
Cuando volvió a surgir el tema del nombre, Begoña me respondió de forma grosera que aquello no me incumbía. Me quedé paralizado. Había entregado todo mi corazón y mi energía a Javier, y ahora me sentía inútil en su vida. No entiendo cómo seguir adelante, ni cómo comunicarme con mi nuera ni con mi propio hijo.







