Mi marido solo piensa en sí mismo: se come todo, sin dejar ni un plátano para nuestro hijo, y tengo que esconder la comida para que el niño no pase hambre. Nuestros problemas de pareja por culpa de su egoísmo y mi preocupación por el bienestar familiar.

Life Lessons

Mi marido piensa únicamente en sí mismo. Se lo come todo, ni siquiera deja nada para el niño.

Luis, ¿dónde han ido a parar los plátanos? le pregunto a mi marido.
Me los he comido, es que me apetecían.
¿No podías haber dejado al menos uno para la merienda de nuestro hijo?
Vaya drama, como si en el supermercado no vendieran más plátanos.
Pues venga, baja y compra unos cuantos.
Imposible, tengo partido de fútbol. ¿Cómo quieres que vaya?

Esto en nuestra casa es el pan de cada día: el queso fresco, las galletas, las manzanas… Hasta tengo que esconder la comida, porque con un padre así nuestro hijo puede acabar muerto de hambre.

Llevamos cinco años casados. Nuestro hijo va a cumplir dos dentro de poco. Tenemos una hipoteca, así que puedes imaginar que nos apretamos el cinturón. Mi marido dice que es el sustento de la familia porque nos ha conseguido piso. En realidad, vendió su antiguo apartamento y puso la entrada, pero mis padres también nos echaron un cable. Mi madre siempre dice que Luis es un egoísta de manual. La verdad, no le falta razón.

Un día, preparando la casa para el cumpleaños del peque, yo cocinando para recibir invitados y él merodeando por la cocina vaciando todos los platos. Pero lo peor fue con la tarta. La dejé en la terraza porque no cabía en la nevera, la traje para cortarla y sorpresa: solo quedaba un pegote decorado de chocolate. Imagina la vergüenza que pasé.

Esto es el cuento de nunca acabar. Sí, él gana el dinero, pero se puede organizar todo de otra manera, pensar un poco en los demás. Luis siempre sale con lo mismo: ¡Pues se compra y punto, no te rayes!. Vale, que pase de mí, pero ¿cómo no le importa ni lo más mínimo su hijo? Y más ahora, que andamos justos de euros y yo cuento con lo que compro. Entre semana devoramos provisiones como para sobrevivir un mes.

¿Por qué le das la tabarra? Déjale que coma, que para eso curra salta mi suegra para defenderle. Y tú, en vez de ponerle pegas, cocina más.

Y lo surrealista es que, aunque cocines más, ¡no hay manera! Él se lo zampa todo igual. Comprar más ni de broma, ¡si tenemos que pagar la hipoteca, comprar ropa y todas las cosas de la casa!

En fin, le avisé: como vuelva a hacerlo, nos divorciamos. Nos repartimos el piso y cada uno a vivir la vida por su cuenta. Se enfadó, fue corriendo a llorarle a su madre. Ahora mi suegra ni me coge el teléfono. Pero, oye, creo que tengo toda la razón del mundo. ¿Tú qué piensas?

Rate article
Add a comment

17 + thirteen =