Mi marido me dejó por mi hermana y se fue a vivir con ella. Pero tres años después la abandonó tambi…

Life Lessons

Mi marido me dejó por mi hermana. Se fue a vivir con ella. Tres años después la abandonó tambiéna esta vez, por su mejor amiga.

Estuvimos casados siete años. Nuestro matrimonio no era perfecto, pero tampoco malo. Llevábamos una vida normal: trabajo, casa, familia, comidas juntos los domingos. Mi hermana venía a menudo a nuestro piso en Madrid. Siempre estaba cerca de nosotros. Jamás sospeché nada raro. Al contrario, me parecía lógico que se llevaran bien. A veces se quedaba a comer, otras le llamaba para que me echara una mano, ya que yo pasaba todo el día en la oficina. Nunca me pasó por la cabeza ninguna otra cosa.

Hasta aquel jueves, tan normal que lo recuerdo ahora como una pesadilla. Él salió temprano, diciendo que iba a trabajar. No volvió a comer. Tampoco apareció esa noche ni al día siguiente. Al tercer día, cuando por fin respondió al móvil, no se disculpó, ni dio explicaciones. Solo dijo: No voy a volver. Necesito distancia. Pensé que era una crisis, que estaría en casa de algún amigo. Pero esa misma semana, alguien de mi familia nombró en voz baja lo que nadie quería decir: se había ido a vivir con mi hermana, al otro lado del barrio de Salamanca.

El rumor se arremolinó y se hizo certeza. Se enteraron mis padres, tíos, la vecina del segundo. Mi hermana dejó de cogerme el teléfono. Él tampoco volvió a acercarse a la casa. A los pocos días, ella se llevó su ropa cuando yo no estaba. Nadie dio explicaciones, ni siquiera lo intentaron. Parecía que ya todos daban por supuesto que no había nada más que decir.

Vivieron juntos en otro barrio, lejos del edificio familiar y del mundillo de siempre. Después empezaron a acudir a las reuniones del domingo, donde yo ya no tenía fuerzas para ir. Mi hermana repetía por lo bajo que el amor no se elige y que las cosas pasan porque sí. Él aseguraba que conmigo ya no era feliz. Yo me quedé solacon la vergüenza y el dolor. Por suerte no había hijos; de haberlos, la herida habría sido aún más cruel.

Pasaron tres años. Seguí adelante como pude. Ellos seguían juntos, o eso parecía. Hasta que, un día, otra vez por medio de terceros, supe que ya no estaban. Él se había ido. Y tampoco estaba solo: se había marchado con la mejor amiga de mi hermanauna mujer que había estado desde el principio, que conocía la historia entera, que era su confidente y apoyo.

Mi hermana se vino abajo. Una vez más, él repitió sus argumentos: que no era feliz, que esta vez la culpa era de mi hermana, que estaba perdida y confundida. Pero ya nadie le creía.

A día de hoy, la familia sigue hecha pedazos. No tengo relación con mi hermana, y ella tampoco la tiene ya con quien fue su mejor amiga. Él nunca pidió perdón. Nunca reconoció nada.

¿Es esto el destino? No sé si lo llaman así. Yo solo sé que la herida no se cierra.

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