Me crió mi abuela, pero ahora mis padres han decidido que debo pasarles una pensión alimenticia

Life Lessons

Mis padres vivían en Sevilla y yo me establecí en Madrid.

Llevábamos más de veinte años sin vernos. Toda su vida estuvo dedicada al arte y al canto en el coro popular, siempre de gira por pueblos y ciudades de la península. Cuando cumplí cinco años, empecé a vivir con mi abuela. Para hacerle la vida un poco más llevadera a mi abuela, ella tuvo que mudarse con unos familiares a la provincia de Ávila. Al principio, mis padres venían a visitarnos dos o tres veces al año, pero poco a poco las visitas se fueron espaciando hasta que casi se esfumaron. Al final dejé de pensar en ellos. Nuestra comunicación terminó por romperse del todo. Ya en la facultad, durante el tercer curso de medicina, me casé.

Ahora mi marido y yo tenemos nuestra propia clínica dental en el centro de Madrid y ganamos muy bien la vida. Hace un año, de repente, aparecieron mis padres. Llamaron varias veces a la clínica, ya que ni siquiera disponían de mi número de móvil. Las conversaciones se resumían en quejarse de sus vidas y sus infortunios.

Yo escuchaba sus lamentos y les respondía que ellos mismos tomaron ese camino el día que decidieron dejar a su hija a cargo de su abuela. A veces enviaban unas pocas monedas a mi abuela, pero en realidad vivíamos básicamente de su pensión. Ella me lo contó muchas veces y yo lo comprendía perfectamente, porque teníamos que ajustarnos el cinturón para todo.

Siempre me fue muy bien en los estudios y así pude matricularme en la universidad sin coste alguno. Para tener con qué vestirme y pagar los gastos, trabajaba de auxiliar de noche en un hospital. Ahora pienso que yo tengo mi propia vida y mis padres la suya; que cada uno siga su propio camino.

Cuando mi padre y mi madre entendieron que yo no les iba a ayudar económicamente, empezaron a advertirme que iban a reclamarme una pensión de alimentos. Pero, dado el clima social y político que vivíamos en aquel entonces, dudo mucho que lograran sacar nada. Sus palabras terminaron por alejarme de ellos definitivamente. Antes aún dudaba si ayudarlos o no, sentía cierto remordimiento, pero después de aquello no quise saber nada más. ¿Crees que hice lo correcto o debería haber procedido de otra manera con mis padres?

Rate article
Add a comment

twenty − seventeen =