La chica no sabe lo más básico… ¿Qué debo hacer? Mi suegra falleció hace algunos años y, tras el …

Life Lessons

¿Sabes qué me ha pasado últimamente? Mira, te lo tengo que contar porque aún estoy dándole vueltas y no sé si me estoy haciendo la cabeza o no.

Mi suegra falleció hace unos años ya, y desde aquel entonces, te juro que hice dos promesas. La primera: nunca hablar mal de los que ya no están. Y la otra, casi más importante para mí: prometí que nunca me convertiría en la suegra cascarrabias que ella fue conmigo.

Pero claro, una cosa es lo que quieres y otra lo que pasa en la vida real. Ya sabes cómo es esto.

Mi hijo, Rodrigo, que ya tiene 25, este verano me trajo por primera vez a casa a su novia, que por cierto se llama Carmen, una chiquilla majísima de 22 años.

Fiel a mi promesa, la recibí sin juzgarla, con una sonrisa y procuré no meterme en nada. No iba a caer ni en los prejuicios, ni en los consejos no pedidos, ni en mirarle hasta el último detalle como hacía mi suegra conmigo, que acabamos las dos odiándonos, literal. No pienso perder a Rodrigo por ninguna tontería, ni mucho menos quiero que Carmen se sienta desplazada. De hecho, me hace hasta ilusión prepararles el desayuno los findes, saber cómo les gusta el café, mimarles un poco… Durante la semana no me da la vida, así que suelo escabullirme: a veces me voy con mi marido a pescar a la sierra o a casa de mi madre a preparar un poco de mermelada, o me lío en la cocina haciendo conservas con una amiga. Así, ellos pueden estar su aire por casa.

Hasta aquí todo perfecto, pero verás lo que pasó hace nada. Una tarde, Carmen me enseña tan contenta una blusa que se ha comprado en el Pull&Bear de Gran Vía, monísima y además de oferta porque le faltaba un botón. Se la prueba, le queda fenomenal, y no había manera de notar que le faltaba el dichoso botón.

Al día siguiente, quedamos para ir a casa de una amiga y le pregunto, “¿Te vas a poner la blusa nueva?”… y me responde que no, porque resulta que no sabe coser el botón. Vamos, que no tiene ni hilo, ni aguja en casa, y además, nunca le han enseñado.

Te juro que me quedé de piedra y no pude evitar soltarle un “¡Vaya!” así espontáneo, porque no me lo podía creer. Una chica de 22 años y no sabe coser un botón… ¿Y si mañana le hace falta? ¿Cómo va a cuidar una casa, tomar decisiones cuando toque o apañárselas con pequeños problemas del día a día?

Ahora estoy en esa duda de si debería cosérselo yo sin más y ya está, o si debería enseñarle cómo se hace, o si, simplemente, mejor dejarlo y si quiere la blusa bien y si no… pues ahí se queda en el armario.

Lo único que tengo claro es que no quiero convertirme en esa suegra pesada que no deja respirar. De verdad te lo digo, con lo que he visto, no quiero repetirlo Pero ay, a veces cuesta tanto.

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