¡Ya está bien, me voy! ¡Hasta aquí hemos llegado, no aguanto más!
Ya está bien, me voy, necesito respirar. El niño, su eterna fatiga, siempre el ayúdame, ayúdame ¡pero yo quiero salir, como antes! ¡Quiero sexo! ¡Trabajo, joder! ¡Quiero volver a casa con mi mujer, mi pareja voy a quedarme unos días en casa de mi amigo, y luego ya encontraré a alguna joven qué desastre sentado al volante y pensando que hoy había llegado al límite con su mujer, Javier daba caladas nerviosas al cigarro.
La historia de Javier y su mujer era la de siempre. Se conocieron, se enamoraron perdidamente, pasión, sin protección, y al poco ella le enseñó el test con las dos rayas.
Por supuesto, adelante, juntos podemos con todo dijo Javier convencido, y todo el mundo, abuelas, abuelos, familiares, asentía con la cabeza, te ayudaremos, no te preocupes, tenlo. Luego boda, parto, lágrimas felices ¡un hijo!… Y ahí terminó la vida despreocupada. Ella se convirtió en una madre agotada, sin arreglar, siempre cansada, el niño llorando sin parar, también de noche, ayúdame, ayúdame sin cesar ¿Dónde quedó aquella chica de la que se enamoró? Los parientes desaparecieron y se quedaron solos con la maternidad.
No puedo más, no estaba preparado le dijo Javier hoy a su mujer y salió dando un portazo, dejando atrás a su mujer llorando con el bebé en brazos.
Un chirrido de frenos de repente, apareció ante el coche una figura encorvada y oscura.
¿¡Pero se te ha ido la cabeza!? soltó Javier, lanzándose fuera del coche.
El hombre de la gabardina, enderezándose, miró a Javier con esos ojos tristes de viejo y susurró:
Sí.
Javier, sin esperarlo, se quedó frío:
Abuelo, ¿necesita ayuda? ¿Le llevo donde haga falta?
No quiero vivir más dijo el anciano.
¿Pero qué dices? Venga, le llevo a casa, y me cuenta, y si puedo, le ayudo Javier tomó al viejo de la mano y lo llevó despacio hacia el coche.
Venga, cuénteme, abuelo Javier encendió otro cigarro.
Es una historia larga.
Tengo todo el tiempo del mundo.
El anciano miró con atención a Javier, luego a la foto colgada del retrovisor.
Hace cincuenta años conocí a una chica, me enamoré al instante, todo fue muy rápido, familia, hijo, heredero parecía que aquello era la felicidad. Pero yo quería que todo siguiera como antes: amor, pasión, juventud. Mi mujer estaba agotada, el niño pequeño, la casa, yo no la ayudaba, todo sobre ella conocí a otra mujer en el trabajo, nos liamos mi mujer lo descubrió, divorcio. Nada funcionó con la otra, no me importó, viví la vida, sin compromisos. Y ella rehizo su vida, se puso guapa, el hijo llamaba padre al padrastro, y yo como si nada.
¿Y usted? preguntó nervioso Javier, encendiendo otro cigarro.
Yo viví, y ahora no tengo ni familia, ni esposa, ni hijos. Hoy mi hijo cumple cincuenta, fui a felicitarle, ni me dejó pasar el viejo rompió a llorar Yo tuve la culpa. Me dijo que no soy su padre, que siga mi camino
¿Dónde quiere que le lleve, abuelo? preguntó Javier, golpeando el volante.
Vivo aquí cerca, no te preocupes el anciano salió del coche y se dirigió al bloque de pisos de nueve plantas pegado a la carretera. Javier aguardó a que entrara en el portal, luego arrancó. Paró en el supermercado, compró flores.
Perdóname, por favor al llegar a casa, se arrodilló frente a su mujer llorando descansa, cariño.
Cogió a su hijo en brazos, fue al cuarto, y mientras lo mecía empezó a cantar con voz ronca: Duermen los juguetes cansados
El niño, sorprendido, se durmió enseguida, apoyando la manita en el pecho de su padre. Javier lo miró enternecido: Quiero ver crecer a mi hijo, quiero escuchar papá.
¿Otra vez rescatando naufragios? le soltó la abuela al viejo al abrir la puerta en su piso. Él, sonriendo, colgaba la gabardina.
Sí, siempre. Hay que meterles las verdades en la cabeza a los jóvenes.
¿Cómo sabes quién necesita ayuda?
Yo mismo la necesité a esa edad
Vamos a cenar, salvavidas, y recuerda: mañana vamos a la fiesta de cumpleaños del hijo, nada de naufragios por la tarde la abuela miró con cariño a su marido.
No lo olvido, ¡cincuenta años cumple nuestro chico, nuestro amor! ¿Cómo iba a olvidarlo? abrazando a su mujer, el viejo se la llevó a la cocina, sonriendo.




