Mira, te voy a contar una historia que me tiene pensando estos días.
En la puerta apareció un desconocido.
Mira, Sergio llevaba coladito por Carmen desde el instituto. Le escribía notitas, hacía cualquier cosa con tal de llamar su atención.
Pero a Carmen le gustaba Daniel, un chico alto, rubio, que jugaba al voleibol con ella en el equipo del cole.
Sergio, que era más bien torpón y encima iba flojo en los estudios, ni le interesaba.
Al poco, Daniel empezó a salir con Paloma, una chica de la clase de al lado.
Después de terminar el instituto, Sergio volvió a intentar conquistar a Carmen.
Hasta le pidió matrimonio en la fiesta de graduación
Pero Carmen le cortó en seco: ¡No!. Ni loca quería saber nada de él.
Más adelante, después de la universidad, Carmen empezó a trabajar de contable en una empresa en Madrid, y su jefe era un moreno atractivo, diez años mayor que ella.
Flipiaba con su profesionalidad, su porte y su inteligencia.
No tardaron mucho en enredarse. A Carmen no le preocupaba que él estuviera casado y tuviese un niño pequeño.
Valentín González le prometía que se iba a divorciar y que sólo la quería a ella.
Pasaron unos años en los que Carmen se fue acostumbrando a pasar los fines de semana y las fiestas sola, siempre esperando que su amado se separara y pudieran estar juntos al fin.
Hasta que un día, la vio en El Corte Inglés con su mujer, embarazada, y él la llevaba de la mano con todo el cariño del mundo. Luego cogió las bolsas y se fueron juntos al coche.
Carmen, con lágrimas en los ojos, presenció aquella escena.
Al día siguiente, presentó su carta de renuncia.
Se acercaba Nochevieja y ella no tenía ni ganas de comprar nada, ni de decorar la casa, ni de celebrar nada.
Un día llegó a casa y notó que hacía un frío tremendo. Resulta que la caldera se había estropeado. Carmen vivía en un chalecito a las afueras de Toledo.
Intentó llamar a varios técnicos, pero justo antes de las fiestas todos pedían un dineral para ir, más cuando se enteraban de que era por las afueras.
Ya desesperada, llamó a su amiga Laura. El marido de ella trabajaba en ese mundo y a lo mejor podía echarle un cable.
Laura prometió llamarle en cuanto pudiera.
Un par de horas después, Carmen oyó el timbre.
En la puerta estaba un tipo que no reconoció al principio, pero al mirarle bien ¡era Sergio, su compañero del cole!
¡Hola Carmen! ¿Qué te ha pasado aquí?
Eh ¿Cómo lo has sabido?
El jefe me ha llamado para venir a esta dirección, dice que aquí hace más frío que en la sierra. ¿Has vaciado el agua del circuito para que no revienten los radiadores?
No No tengo ni idea de cómo se hace eso.
¡Ay, madre! Así se te puede estropear la calefacción para siempre. Menos mal que no ha helado demasiado.
Sergio se puso manos a la obra, vació el sistema, trasteó con la caldera y luego se fue.
Al rato volvió con las piezas que hacían falta.
Al poco la casa estaba calentita otra vez. Sergio se lavó las manos, y luego le comentó:
Carmen, te cae agua del grifo y hay una bombilla parpadeando ¿Es que tu marido no puede arreglar esas cosas?
No tengo marido
¿Por qué? ¿Sigues esperando un príncipe azul?
¿Príncipe azul? Si no tengo a nadie le confesó de repente.
¿Y por qué me dijiste que no entonces? le preguntó riéndose Sergio.
Ella no supo qué responder.
Después de arreglar el grifo y cambiar la bombilla, él se marchó de nuevo.
Carmen se quedó pensando en su infancia, su adolescencia, en aquel chico rechoncho que tan colado estuvo por ella.
Sergio había cambiado mucho, ahora era un hombre alto y delgado, de ojos marrones intensos. Pero su sonrisa seguía siendo la misma.
Ni le dio tiempo a preguntarle si estaba casado.
El 31 de diciembre, de pronto, alguien llamó de nuevo a la puerta.
Carmen, extrañada, fue a abrir; no esperaba visita.
Allí estaba Sergio, esta vez con traje nuevo y un ramo de flores en la mano.
¡Carmen! Te lo vuelvo a preguntar. ¿Quieres casarte conmigo, o vas a esperar al príncipe hasta que cobres la pensión?
A Carmen se le saltaron las lágrimas y le dijo que sí con la cabeza, feliz.
A la segunda, la propuesta tuvo final feliz.





