En España adoptamos niños de orfanatos, así que decidí sacar a mi abuela de la residencia: mis amigos y vecinos no entendían mi decisión, pero sabía que era lo correcto. Antes éramos cuatro en casa; tras el fallecimiento de mi madre, sentí que aún tenía fuerza para cuidar de alguien. Mi abuela, abandonada en una residencia tras la muerte de su hijo y el abuso de su pensión, volvió a vivir con nosotras. Ahora mis hijas y yo despertamos cada mañana con el aroma a tortitas recién hechas y el cariño renovado de tener a la abuela en casa.

Life Lessons

Mira, te cuento una cosa que hicimos en casa y que a casi nadie le pareció bien. Resulta que mucha gente habla de sacar niños de los orfanatos, pero yo pensé: ¿y si saco a mi abuela de la residencia donde estaba?

Mis amigos y vecinos, ninguno estaba de acuerdo. Me miraban un poco raro y decían: Con lo mal que están las cosas, ¡y te metes en esto!. Pero de verdad te digo, yo sentía en mi interior que era lo correcto, vamos, lo sabía.

Antes éramos una familia de cuatro: yo, mis dos hijas y mi madre. Por desgracia, mi madre falleció hace ocho meses y desde entonces hemos sido solo nosotras tres. Pero en estos meses nos dimos cuenta de que aún nos quedaba mucha energía y ganas para cuidar de alguien. Pensé en una cosa Yo tenía un amigo desde el instituto. Fíjate, en vez de montar una familia o centrarse en su trabajo, con treinta años se dejó llevar por la bebida. Y lo peor de todo fue que se gastaba la pensión de su madre en alcohol. Cuando ella dejó de darle dinero, el tío no se cortó y la metió en una residencia, le quitó el piso y lo malvendió mientras seguía bebiendo.

La madre de este amigo, doña Pilar, me ha conocido de toda la vida, como yo a ella. Una vez al mes íbamos mis hijas y yo a verla a la residencia y le llevábamos alguna que otra cosilla rica para alegrarle el día. Un día lo propuse en casa y a mis hijas la idea les pareció genial. La pequeña, Lucía, que tiene casi cinco años, pegó un grito de alegría: ¡Vamos a tener abuela otra vez!

Pero tú no sabes la alegría que le dio a doña Pilar la propuesta. Se puso a llorar de felicidad, pero a mares, y tuve que tranquilizarla. Ya llevamos casi dos meses viviendo con ella en casa y la verdad es que estamos todas encantadas, y ella también.

No te imaginas de dónde saca la energía esta mujer, ¡si ya anda cerca de los ochenta años! Cada mañana se levanta a las seis y nos despierta el olor a tortitas o a crepes recién hechos. De verdad, es como tener en casa una alegría constante.

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