El padre de Lucía había decidido criar a su hija como si fuera un chico cuando nació, esperando tener un hijo varón, pero recibió una niña. Creciendo rodeada de muchachos, Lucía se sentía una más de ellos y sus padres solían bromear con su nombre tan femenino. Lucía prefería un estilo desenfadado, llevaba vaqueros y camisetas anchas, y el pelo siempre lo recogía en una coleta sencilla. Si alguien no veía su larga coleta, sino solo la estela de polvo detrás de ella tras jugar al fútbol con los chicos en la plaza, no habría imaginado nunca que se trataba de una chica. Sin embargo, a pesar de esa crianza, durante sus años en la Universidad Autónoma de Madrid, Lucía se transformó en una joven sofisticada y madura.
Una tarde fue invitada al cumpleaños de una compañera de clase. Su madre dudó en dejarla salir hasta tan tarde, pero finalmente cedió, con la condición de que Lucía la mantuviera informada durante la noche. Decidida a acudir a una fiesta normal, Lucía se puso un minivestido rojo y unos delicados tacones de aguja, luciendo increíblemente femenina. Cuando su padre la vio, no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas, pues siempre se la había imaginado como una chica fuerte, no como una figura frágil.
De regreso a casa, tras la fiesta, Lucía se vio en una situación peligrosa frente a tres hombres borrachos. Antes de que pudieran hacerle daño, apareció un inesperado héroe: un joven alto portando lo que parecía un bastón pesado. Al verle, los posibles agresores salieron huyendo y Lucía sintió un gran alivio y gratitud por su salvador, Álvaro.
Con el tiempo, Lucía y Álvaro se conocieron mejor y acabaron saliendo juntos. Finalmente se casaron: Lucía se convirtió en profesora de educación física y Álvaro obtuvo un puesto respetado en el sector energético en Madrid. Su historia de amor estuvo marcada por la admiración y el entendimiento mutuo. Tuvieron una hija y, aunque Álvaro era de ideas tradicionales respecto a la feminidad, se esforzó en que su hija creciera como una mujer fuerte y segura de sí misma, siempre a su lado. Su mujer estaba encantada de compartir su visión educativa y el padre de Lucía encontró finalmente en Álvaro al hijo que siempre había soñado tener en la familia.







