Descaro sin límites: ¿Por qué alquilar la casa de la playa a la familia puede acabar en drama y malas caras (y sin un céntimo en el bolsillo)?

Life Lessons

Descaro sin límites

A ver, Lucía, dime la verdad empezó a quejarse Julián. ¿Qué más te da a quién le alquilemos la casa? ¿A conocidos o a extraños? El dinero es el mismo.

Lucía terminó de tender la ropa en el tendedero. Mejor que no fuese tan pesado y me echara una mano, pensó.

Julián respondió ella, cariño, lo que pasa es que luego a los familiares no hay dios que les saque el dinero.

¿Lo dices por Sergio? qué poco me gusta escuchar esto. ¡Pero si Sergio es mi hermano! Va a pagar, te lo aseguro cien por cien. Ni siquiera pide rebaja. La alquilará pagando el precio completo, todo el verano. Y así no tenemos que buscar inquilinos por nuestra cuenta.

Julián, es una casa en la costa. Encuentro inquilinos en cinco minutos.

Explícame, ¿por qué te empeñas tanto en alquilarla solo a desconocidos?

Con desconocidos todo es claro: contrato, señal, si no pagan, fuera, y a otra cosa mariposa. Pero con los tuyos empieza lo de ay, Lucía, tú entiendes, tenemos niños, ya te pagaré más adelante, ay, hemos roto la tele, pero no nos vas a cobrar, ¿no?. Créeme, lo he visto demasiadas veces. No sabes en lo que acaba esto.

La casa de la costa le llegó a Lucía por sus padres, que también la alquilaban. Vivían en Valladolid, pero la casa en la costa era un suplemento estupendo para la nómina. Lucía siguió el ejemplo, pero con una norma: ni amigos, ni familia. Ya había visto a sus padres perder dinero con los amigos de turno.

¿Y en qué acababa? preguntó su marido.

En que los familiares ni pagaban, ni se disculpaban luego. ¿Qué os cuesta dejarnos un fin de semana? No, hombre. La casa es un negocio, Julián, no un hostal gratis para tu familia.

Sergio había decidido hace poco que tres meses en la playa era justo lo que necesitaba su mujer y sus tres hijos. El verano es temporada baja para él en el trabajo, así que podían disfrutar. Y Lucía no dudaba ni un instante de que Sergio no pensaba pagar ni un euro.

¡Pero si Sergio no ha pedido que le salga gratis! insistía Julián. Va a pagar, de verdad.

Sí, siempre prometen pagar.

¿Por qué tenemos que meternos en líos? Para esa casa hay cola de gente dispuesta a pagar el precio que toca. Esa gente firma, paga, y yo duermo tranquila. No. Familia, no. Ni amigos. El dinero, por un lado. La amistad, por el otro.

No era fácil rebatir la lógica de Lucía, pero Julián sabía cómo insistir.

Vale. No te fías de Sergio. ¿Pero de mí te fías?

Lucía lo miró con paciencia.

Hombre, claro, ¿y qué?

Si Sergio no paga, te pago yo el alquiler. Palabra se lanzó Julián, como un héroe.

Pero era un argumento flojo.

Maravilloso. Me lo pagas del dinero de los dos.

Bueno… Lo que digo es que buscaré un trabajo extra. Por las tardes, por ejemplo. Lo que gane, todo para ti. Será solo tuyo, no nuestro. ¿Te vale?

Lucía no pensó que para Julián esto fuera tan importante. Quizá si él estaba tan seguro de su hermano, ella también debería confiar

Convences a cualquiera le respondió. Pero tú asumes toda la responsabilidad. Vale.

Faltaba bastante para verano, así que Lucía tuvo tiempo de enfriarse y hasta de confiar un poco en Julián.

Empezó junio. Y con junio, los problemas. Julián llamaba a Sergio día sí, día no, para recordarle que habría que pagar al menos un mes por adelantado, y las respuestas siempre eran optimistas.

Sí, sí, ¡todo bien, Julián! ¿El dinero? Estoy esperando un pago grande de un cliente, me lo suelta a final de mes. Tú tranquilo, en cuanto llegue te lo ingreso. No pasa nada, solo es cuestión de días.

Se acabó junio.

El dinero nunca llegó.

Lucía aguantó un mes sin protestar, ni preguntar, ni meter prisa. Julián le había pedido que confiara en él, y ella confió. Pero tras otra llamada inútil a Sergio, Lucía no pudo evitar preguntar:

¿Y? ¿Ha pagado?

Le falta ese pago por un trabajo, pero en cuanto lo tenga, nos lo paga seguro.

Sí, la excusa de siempre.

En la lengua le bailaba un te lo dije.

¿Ves? Los familiares siempre tienen motivos muy importantes para no pagar a tiempo.

¡Lucía, pero esto es casualidad! intentó defenderse Julián. No lo hace aposta. Parece mala suerte, solo hay que esperar.

Claro, esperemos hasta septiembre, cuando se lleven las maletas y nos digan ¡gracias por el veranito, ya te llamaré!.

Lucía, en todo caso tú no pierdes nada. Si hace falta, yo busco un trabajo extra.

¿Tú? ¿Ahora mismo?

Julián bajó el tono.

Dale un par de semanas. Si no, te pago yo… si es tan importante para ti.

Yo no te obligué a prometer nada. Lo dijiste tú, para demostrarme que tu hermano era persona de palabra. Pues adelante, demuéstralo.

El ambiente en casa se volvió más frío. Julián ya no hablaba igual.

Julio trajo un calor horrible. Por las noches, Lucía pilló a Julián consultando ofertas de empleo en internet, pero sin atreverse a mandar ni un solo mensaje.

Julián, ¿te has dado cuenta de que hoy es treinta de julio? Dos tercios del verano y aquí no hemos visto ni un céntimo del alquiler le recordó.

Sergio sigue sin pagar, pero…

En cuanto llegue, ¿verdad?

¡Nos lo va a devolver! En cuanto tenga el dinero, lo primero será pagarnos. Hasta nos dará algo extra por las molestias.

Ya no me lo creo. Tú te comprometiste. Dijiste: si Sergio no paga, te pago yo. Entonces paga. ¿Dónde está ese extra-trabajo?

Está claro que lo de trabajar de más ya no entusiasmaba a Julián. Decirlo es fácil, hacerlo no tanto.

Buscaré. Pero vaya ofertas… No me veo cargando sacos con mi espalda, la verdad.

Pues mejor que tu hermano de tanto en tanto ayude a cargar algo. Tú lo prometiste. O buscas curro, o llamo yo a Sergio y le digo que si no me paga aunque sea la mitad antes del viernes, los echo según la ley y le reclamo la deuda en el juzgado.

A Julián le sudaron las manos.

¡No llames a Sergio! ¡¿Un juicio?! ¿Cómo va a quedar eso con la familia? ¿Qué le digo a mi madre? ¿Que denuncié a mi hermano?

Sergio no quería pagar, Julián no quería cumplir su promesa, no quería problemas legales y, de repente, encontró la manera de hacerme culpable a mí.

Mira tú, ¡qué bien cuidas a tu marido! Te da igual que me mate a trabajar para devolverte tu maldito alquiler.

¡Julián, no te obligué! Quisiste hacerlo para demostrarme algo.

¡No sabía que Sergio nos iba a fallar!

Pues yo sí contestó Lucía. Lo vi demasiadas veces. Pero no me quisiste escuchar.

¡Ya lo he pillado! dijo haciéndose la víctima. Pero tú, Lucía, tampoco cambias. Si insistes en que pague yo, es porque no me quieres nada. Prefieres el dinero a mi salud. ¿Y si me da un infarto? ¿Te da igual que trabaje el doble?

¡No te obligo! Solo te pido que cumplas lo que prometiste tú.

¡Vale! respondió finalmente Julián. Buscaré un trabajo y pagaré el alquiler por Sergio. ¿Contenta?

Cumplió la parte mala del trato: Julián acabó trabajando de repartidor por las noches y me miraba con rabia al llegar.

Todo esto es culpa tuya… me soltó un día.

¿Por mi culpa?

¡Sí!

Ojalá así entiendas… le respondí. Es fácil ser el bueno, pero con el bolsillo de otro. Ahora verás lo que cuesta pagar.

La verdad, todavía tenía la esperanza de que a Sergio le surgiera algo de vergüenza y cumpliera, aunque fuera tarde. Y, justo al pensarlo, me llamó él. A mí, no a Julián.

¿Sería posible que me pagara al fin?

Lucía, verás, tengo un favor que pedirte…

Sergio, no tengo tiempo para favores. Ya deberías haber pagado agosto, y seguimos esperando el de julio. Ahora es cosa de Julián, que fue quien respondió por ti.

Sí, Julián me lo dijo. Pobre. Pero mira, resulta que el coche se me ha estropeado y me he gastado todo en la reparación. Tengo que llevar a la familia de vuelta, así que el alquiler… ya te lo pago más adelante…

Previsible.

Colgué la llamada.

Julián, al ver mi cara, lo entendió todo.

Vale admitió. Tenías razón, fiarme tanto de él no ha sido buena idea. Pero tú… tú tampoco me perdonas un tropiezo. Ni una palabra de ánimo.

¿Y tenía que estar sonriendo, diciendo no pasa nada, Julián, que veraneen gratis mientras me aguanto? Fuiste tú quien prometió pagarlo todo.

¡Sí, lo dije! se amargó. Pero no esperaba que aceptarías tan fácil que yo me matara trabajando. ¿Y tú piensas en mí?

¿Y tu hermano ha pensado en ti?

No es mala persona, simplemente se ha liado…

Perfecto. Él, genial. Yo, que solo quiero lo mío, soy la mala.

Julián no supo qué decir.

Parece que nuestro matrimonio va a entrar en una etapa complicada.

Rate article
Add a comment

two + nineteen =