Cuando mi hija dio a luz a su séptimo hijo, me di cuenta de que ¡ya se había agotado toda mi paciencia!

Durante los últimos veinte años he vivido con mi hija y su marido, pero ya no tengo fuerzas para seguir así.
Tengo 65 años y soy abuela de siete nietos. Muchos pensarían que tengo mucha suerte, y yo misma lo habría dicho si no fuera porque me toca cuidarles y aguantar cada día el estruendo de la casa. Mi hija, Clara, parece no darse cuenta de la realidad de tener tantos niños bajo el mismo techo…
Cuando nació mi sexta nieta, me senté con Clara para mantener una conversación seria. Nunca creí que tendría que hablar de anticonceptivos con mi hija de treinta y cinco años. Pero decidieron ir a por el séptimo, y el mundo se me vino encima. En casa solo hay cinco habitaciones, y ahora convivimos nueve personas.
Clara ha tenido suerte de que mi marido y yo nos pasamos la vida ahorrando para ampliar la casa y comprar un pequeño terreno en Toledo. Ahora mi yerno, Sergio, trabaja la tierra y se autonombra agricultor. Clara le echa una mano en todo, mientras yo paso el día en la cocina, porque tengo que alimentar a esta clase entera. Los niños crecen y piden más: nada de comida recalentada, solo lo recién hecho.
Cuando nació la sexta, quise creer que Clara vería mi sufrimiento, y que por fin podría descansar del llanto infantil y los pañales. Pero no, otra vez las cosas fueron a peor.
Siempre he estado en contacto con mi hermano, Alfonso, que tras irse su hija a vivir a Alemania, lleva años solo en Ávila.
Una tarde me llamó diciendo que necesitaba que fuese a ayudarle; no andaba bien de salud. Lógicamente, me preocupé, pero lo cierto es que sentí alivio de escapar de mi rutina. Ahora que Alfonso se encuentra mejor, no sé si seré capaz de volver a esa casa tras estas mini vacaciones, sabiendo que me espera otra vez el ruido y las carreras.
Estos días con Alfonso he recordado cuánto disfruto leyendo, escuchando zarzuelas o viendo buenas películas. Por fin puedo saborear la vejez, en vez de esperar a que mis nietos crezcan, pero no sé cómo decírselo a mi familia
Ahora Clara no para de llamarme, suplicando que vuelva porque no puede con todo ella sola. ¿Qué debo hacer yo ahora…?

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