Cómo afrontar la vida cuando tu esposa se ha convertido en una auténtica “cerdita” en casa

Life Lessons

Llevo doce años casado con mi mujer, y no puedo decir que tengamos una mala historia familiar, ¿verdad? Al principio todo marchaba de maravilla: yo trabajaba y ella se ocupaba de la casa, me dio dos hijos estupendos una hija que se llama Cayetana y un hijo, Álvaro.

Hace poco me ascendieron en el trabajo y los ingresos familiares mejoraron mucho. Uno pensaría: ya está, a disfrutar de la vida. Pero los problemas han venido justo por donde menos me lo esperaba. Resulta que mi mujer se ha vuelto adicta a las telenovelas. Y no discrimina, le da igual que sean policíacas, culebrones turcos o esas series coreanas que ahora están tan de moda y cuya palabra doramas aprendí hace poco.

Mira que no me molestaría en absoluto, todos tenemos derecho a evadirnos un poco. Pero, con el tiempo, empezó a dedicarles todo su tiempo. Ha dejado prácticamente de limpiar la casa y de cocinar. Cuando se lo menciono, me dice que si nos lo permite el dinero, pidamos comida a domicilio. Cuestión de euros, que desde luego ahora tenemos, pero ¿van a comer los niños cosas preparadas todos los días?

Por si fuera poco, ella misma ha empezado a engordar, claro, a base de estar sentada delante de la tele picando algo a todas horas. He intentado distraerla, le propuse apuntarnos juntos al gimnasio, o a la piscina municipal, pero siempre responde lo mismo: Estoy agotada. ¿Cansada de qué, me pregunto yo? Un día, para ver si reaccionaba, contraté a una limpiadora que dejó la casa como los chorros del oro. Y lo que pasó fue que mi mujer pensó que ya no le hacía falta volver a hacer nada en casa. Ni siquiera siempre le dedica tiempo a los niños; está siempre liada con sus queridas telenovelas.

De verdad, no sé cómo entenderme ahora con ella. La mujer animada y llena de intereses que conocí y de la que me enamoré parece haberse convertido en otra persona, alguien completamente centrada en lo que les ocurre a unos personajes de la tele. A menudo, regreso del trabajo para poner la lavadora o ayudar a los niños con los deberes. Mi suegra, que antes pensaba que yo no estaba a la altura de su hija, ahora la apoya a ella en todo, así que por ahí tampoco espero ayuda alguna. Empiezo a pensar hasta en la separación. Me da muchísima pena por los niños, que son los que más sufren, por supuesto. No sé qué hacer ni si existe alguna salida, pero al menos he aprendido que en la vida familiar hay que hablar las cosas cuando empiezan a torcerse, para que las distancias no se hagan insalvables.

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