Author: Javier Martínez
José había huido a Francia con otra. Lo que María logró levantar sola para sus dos hijos te dejará sin aliento. María nunca amó la ciudad.
Dolores volvía del consejo de padres y maestros. Una vez más la profesora había regañado a Víctor por no entregar los deberes y por contestar de mala gana.
¡Abuelo, mira! Crisanta se pegó la nariz al cristallo. ¡Un perrito! Tras la verja corría una callejera. Negra, sucia, con los huesos marcados.
¡Ay, madre qué rico huele a usted por aquí! Me entra un hambre tremenda. ¿Me regalaría uno de esos? Nunca he probado nada así musitó la ancianita, abrazando
«Si arreglas este motor, te doy mi puesto», dijo el jefe, riendo. María Hernández, a diferencia de los demás empleados, no se echó a reír.
Querido diario, Hoy la abuela de la familia Morán, Doña Morgana, me dejó una advertencia que llevo grabada en la piel: «Tendrás un poder inmenso, pero
Querido diario, 31 de septiembre, el cementerio municipal de Madrid. La procesión fúnebre avanza lentamente tras el ataúd. Yo, Víctor, bajo la cabeza y
El perdón Olga Pérez nació en una familia acomodada. Su padre era un alto ejecutivo de una multinacional, su madre se encargaba del hogar, planchaba los
El suelo de mármol de la cocina estaba helado, duro, implacable. Sobre ese piso gélido estaba sentada Doña Rosario, una anciana de setenta y dos años.
Por primera vez en mi vida me encuentro en una boda de la que la propia novia huye. Si alguien me hubiera contado un caso así, quizá lo habría tomado con









