Author: Javier Martínez
Cuando cumplí dieciséis años, una anciana gitana del mercadillo de la Plaza Mayor me tomó del brazo, repasó las líneas del destino y me dijo: Nunca llegarás a casarte.
Después de veintiún años de matrimonio, una noche mi esposa, Lucía, me miró y dijo: «Tienes que invitar a otra mujer a cenar y al cine».
Hoy, mientras me sentaba en la silla del salón de la casa familiar en el corazón de Madrid, me di cuenta de que mis manos tiemblan al abotonar la chaqueta
Hoy, mientras me sentaba en la silla del salón de la casa familiar en el corazón de Madrid, me di cuenta de que mis manos tiemblan al abotonar la chaqueta
Yo recuerdo aquel día, hace ya muchos años, cuando mi nieta, Inés, se convirtió en madre a los diecisiete. Tenía la mirada todavía de niña, sueños de una
Me casé con el vecino, un señor de ochentados años, y él sigue asegurando que fue su mayor locura. Cuando lo conté a mi hermana, casi se ahoga con un pastel
Hace mucho tiempo, en un pequeño caserío de ladrillos de arcilla que él mismo había levantado en la sierra de la Segarra, se vivía una historia que aún se recuerda.
Doña Teresa entró al portal del bloque donde vivía la familia de su hijo, con el corazón rebosante de una alegría que casi no cabía en ella.
Querido diario, Hoy he vuelto a la casa de mis padres en Zaragoza tras una larga jornada como conductor de camiones de la empresa Transoil.
Querido diario, Hoy vuelvo a pensar en cómo nació nuestro hijo más listo, Pablo. Clara y yo sólo terminamos la escuela secundaria, y fue gracias a la bondad









