Author: Javier Martínez
Ante la entrada esperaba un limo negro, brillante como la noche que devolvía los destellos de la Gran Vía madrileña. El chófer abrió la puerta con una reverencia.
La chaqueta azul y el rostro que reconocí al instante: era Santiago Rodríguez, el policía de barrio de nuestro bloque en Usera. No venía solo;
Almudena está de pie, con el móvil en la mano. La voz de su madre suena en sus oídoshúmeda, desesperada, como una lluvia que no cesa. No sabe qué sentir. ¿Pena?
María está de pie frente al lavabo, con las manos sumergidas en el agua helada. Por la ventana se observa cómo el crepúsculo se desplaza lentamente sobre
¡Señora, no lleva billete! ordena con brusquedad el conductor, Antonio Ruiz, mientras mira a la mujer encorvada con su abrigo viejo, intentando aferrarse
Azahara desató con cuidado el nudo, sintiendo cómo el botoncito de la zapatilla temblaba entre sus dedos. Las sogas estaban firmes, recién compradas, nada
La lluvia de la noche se desparramó sobre las callejuelas de Madrid, arrastrando el rastro de un lápiz labial que aún se aferraba al rostro empapado de
Querido diario, Hoy vuelvo a la esquina de la Gran Vía, bajo el farol que siempre me ha sido refugio. Llevo mi vieja flauta, raída por los años, pero todavía
¡Escucha, Almudena mamá ha traído una cacerola nueva! Alejandro asomó la cabeza a la cocina y se rascó la nuca. Dice que es de acero inoxidable, alemana
12 de noviembre Hoy me he despertado con la sensación de que mi vida se ha convertido en una partida de ajedrez donde los peones son mis propias paredes.









