Author: Javier Martínez
¡Renuncia! ¡Me prometiste que dimitirías! Víctor, ¿estás perdiendo la cabeza? exclamó María, recuperando el aliento. ¿Quién renuncia a un puesto así?
¡No podemos ni siquiera dividir el sofá! gritó Aitana, lanzando su bolso sobre el mueble con un forcejeo que hizo temblar la habitación.
Querido diario, Hoy me encuentro sentada en la mesa de la cocina de la casa de Antonio García, la que alquilamos en la calle Gran Vía de Salamanca.
Oye, te voy a contar lo que le pasó a Santi, ese chaval del orfanato de Madrid, y cómo todo cambió para él. Hace once años, cuando su madre descubrió que
Inmaculada crió a su hijo sola. Tras el nacimiento se separó de Miguel, su marido, que resultó ser un mujeriego. El padre de Inmaculada, Don Antonio, la
Recuerdo que, hacía ya varios inviernos, regresaba a casa de madrugada tras una larga jornada en la clínica veterinaria del barrio de Lavapiés.
Cris abrió la llave y se quedó helada: tres peluditos estaban sentados en la puerta. Ese chaparrón aburrido de otoño no paraba de golpear la ventana del patio.
Hija mía, hoy cumples treinta y dos años. Te lo digo de corazón y te entrego este recuerdo dijo Natalia Fernández, madre de Eulalia, mientras le tendía
Yo recuerdo cómo Tigre se quedó sentado junto al portón, esperando. Día tras día, una semana… la primera nevada cayó y él siguió allí, con las patitas
Caminando por la nueva ruta Sergio García salió de la puerta del antiguo taller de rodamientos de Avilés, apretando en el bolsillo un papel de cálculo.









