Author: Javier Martínez
A las doce tiene programada la operación. Simple, programada. Una hora de anestesia, maniobras sencillas y alta el mismo día. En teoría habría debido acompañarla
Verónica Guzmán amaba a los gatos como a nadie; decía que ella misma era una de ellos, aunque en realidad se parecía más a una perra de verdad.
Pilar era la amante. El matrimonio nunca le había sonreído; pasó hasta los treinta años entre novias sin compromiso y, cuando el tiempo ya se escurría
El niño abrió la puerta y se adentró en el apartamento. No pronunció la frase de siempre: «¡Mamá, ya estoy en casa!». A Almudena le resultó extraño que
Me llamo María. Cuando la conocí, tenía veintidós años y un peso enorme sobre los hombros. Acababa de quedar huérfana de mis dos padres, había abandonado
¿Otra vez sobres para ellos y solo un tarro de pepinillos para nosotros? pienso mientras observo la mesa de la cocina de mi suegra. Estoy sentada con mi
Lo recuerdo como si fuera ayer, cuando la enfermedad me reveló la verdad sobre mi padre. Desde hacía tiempo me sentía indispuesta; llegué a la enfermera
Déjala en la maternidad insistían los parientes. ¿Por qué la llevaste a casa? se descontrolaba el marido, señalando a la recién nacida en su cuna.
Oye, resulta un poco incómodo admitirlo dijo Diego, sonriendo con cierta culpa y golpeando ligeramente la mesa con los dedos pero he dejado la cartera
Conocí a Rafael en una clase de física cuántica. Suena tan aburrido como una junta de la comunidad de vecinos, pero entre ecuaciones y teorías de universos









