Author: Javier Martínez
Querido diario, Tengo cuarenta y siete años. Soy un hombre corriente, más bien una rata gris que pasa desapercibida. No tengo buena figura, no soy guapo
¿De dónde saca usted la idea de que yo tenga que mantener a su hijo? Él es mi marido, es un hombre; debe ser él quien me mantenga a mí, no al revés estalló
17 de abril No sé a dónde ir. De verdad, no tengo ningún sitio. Podría pasar unas noches en la estación de Atocha, ¿y después? De repente me asalta una
Después del funeral de mi esposo, mi hijo me llevó a una carretera del bosque y me dijo: «Aquí está tu sitio». No lloré en el entierro, aunque habíamos
Recuerdo, como si fuera ayer, los cuarenta años que compartí con mi esposo, Ignacio, un hombre de sesenta y tres años. Juntos criamos a nuestros hijos
La sentencia familiar la dictó la hermana mayor, Crisanta. Nunca se casó, pues su carácter ácido y sus imposiciones la mantuvieron soltera hasta los treinta
28 de febrero Hoy vuelvo a escribir mi día, como quien intenta darle sentido a los fragmentos que se me escapan entre los recuerdos y la realidad.
La sala de partos del Hospital Universitario La Paz rebosaba de gente, algo inusual para una entrega que, según todos los indicadores, transcurría con
Yo les relato la vida de María, una huérfana que quedó sola a los cinco años. Su madre cayó enferma y falleció; poco después el padre la perdió también.
EL PATITO HERMOSO Al salir del Hospital Universitario La Paz, Elena chocó con la puerta contra un hombre que la miró fijamente. Disculpe dijo él, deteniéndose en su mirada.









