Author: Carlos Fernández
Jana volvió del hospital de maternidad y, al entrar en la cocina, se encontró con un segundo frigorífico. “Este es mío y de mamá. No pongas tu comida aquí”
Disculpe ¿dónde estoy? murmuró la mujer, mirando por la ventana del coche como si no comprendiera lo que ocurría. Doña Marcelina, hemos llegado.
Mamá, ¡otra vez dejaste la luz encendida toda la noche! exclamó Alejandro, entrando en la cocina con irritación. Ay, sí, me quedé dormida, hijo Estaba
¿No ha llamado otra vez, mamá? preguntó Andrés, mirando a la mujer sentada a la mesa con ojos desarmados. No, mi cielo… Tu padre debe estar ocupado
La segunda esposa de mi padre apareció en nuestra puerta una tarde. Llevaba una caja llena de dulces y dos pequeños caniches que movían el rabo con entusiasmo.
La nueva esposa de mi padre llegó un día con una caja gigante de dulces y dos pequeños caniches que movían la cola con alegría. Mi hermana y yo nos quedamos
Hoy, como cada día, camino hasta el colegio de mis nietos. No soy profesor ni trabajador del centrosolo soy un abuelo con un bastón y un corazón que no
¿El corazón? Solo tienes doce años, ¿qué sabes tú del corazón? Sé que si late mal, el hombre muere dijo la niña, con una mirada seria. Voy a aprender a arreglarlos.
Hoy recuerdo con cariño a la señorita Carmen. Todo empezó cuando mi madre hablaba con el director y otra profesora en el pasillo del colegio.
Todos los días voy al colegio de mi nieto. No soy profesor, ni conserjesolo un abuelo con un bastón y un corazón que no sabe quedarse en casa.









