Author: Carlos Fernández
Querido diario, Hoy he llegado al punto de no aguantar más la situación con Begoña. No entiendo por qué Diego ha cambiado tanto con ella;
Cuando Pablo llevó a la chica a su casa, su padre quedó boquiabierto y una gota de sudor cubrió su rostro. El primer engaño de Pablo: una lección que no
Yo recuerdo a Ana María sentada en el banco del jardín de la residencia de ancianos de Barcelona, sollozando. Hoy cumplía ochenta años y ni su hijo Luis
Me levanto temprano, tal como me pidió mi mujer: Mamá, prepara la sopa, dije, y ella repitió con firmeza: Que la haga quien la parió. Yo, Pedro, estaba
Oye, Lucía mamá ha traído una cacerola nueva dije, mirando la cocina y rascándome la nuca dice que es de acero inoxidable, alemana, de esas buenas.
Se negó a pagar la operación de su esposa, le reservó una parcela en el cementerio y se marchó a la costa con su amante. En una de las salas de la clínica
Yo recuerdo, como si fuera ayer, los días en que la muerte cerró la puerta de la casa de la sierra de Castilla. En el funeral de Clemencia, su marido
Los niños de María del Carmen son extraños susurró la portera mientras limpiaba la mampara de cristal. Muy calladitos, como ratoncitos. Sólo se miran con
Oye, Lucía mamá ha traído una cacerola nueva dije, mirando la cocina y rascándome la nuca dice que es de acero inoxidable, alemana, de esas buenas.
¡Anda ya! Esa anciana no nos sirve de nada, grité, intentando convencer a mi hija de que tenía razón. Cayetana frunció el ceño, como a punto de llorar









