“Tú solo ayúdale, que de los niños me ocupo yo”, dijo mi suegra.

Life Lessons

Estuve de baja maternal casi cuatro años. Resulta que no hay demasiada diferencia de edad entre mis hijos, así que cumplo mi misión de madre. Mi marido tiene dos trabajos, tenemos nuestro propio piso, así que vamos tirando.

¿Y tú qué has conseguido con 25 años? Por lo menos deberías haber empezado una carrera, como mi hija me soltó mi suegra en la sobremesa.

Mi cuñada no tenía ninguna prisa por casarse, ella sí que tenía aspiraciones. Su juventud y belleza eran lo primero, no tenía ninguna intención de enterrarlas criando hijos pequeños. Pero bueno, cada una toma sus decisiones; yo escogí mi camino hace cinco años. Tampoco es que la carrera de mi cuñada fuera para tirar cohetes, precisamente. Lo suyo era la envidia y el cotilleo.

La chica no perdía el tiempo: siempre viajando, de vacaciones, una vida bohemia que ya la quisiera Rosalía para un videoclip. Y hace cosa de un mes apareció corriendo a mi puerta para pedirme un favor. Resulta que su supervisora se iba de baja maternal y buscaban a alguien para cubrirla. El puesto sería para quien presentase el mejor proyecto. Eso sí, entre nosotros, la informática nunca ha sido lo suyo, así que ya me dirás

Ahí fue cuando mi suegra me empezó a meter presión. Yo pensaba, ¿cómo se supone que voy a montar un proyecto con dos fierecillas correteando por el salón? Pero la buena señora me juró que se encargaría de todo en casa si yo ayudaba a su adorada hija. Así que, ingenua de mí, acepté.

No puedo llevarme a los niños, tengo que irme al pueblo a hacer mermelada y poner tomates en botes. Ya os apañaréis me llamó mi suegra al día siguiente como si nada.

Mi cuñada tampoco apareció. Al final, me quedé trabajando a deshoras, desbordada y medio zombie. Quise ayudarla, pero claro, sin nadie que me echase un cable con los peques, imposible.

¿Por qué no está hecho? ¡Si me lo habías prometido! empezó a berrear mi cuñada.

Tú y tu madre prometisteis ayudarme con los niños, pero aquí sigo, igual que siempre. ¿Cuándo se supone que iba a tener tiempo yo para un trabajo de los serios?

La niña se puso hecha una furia y gritó que lo haría todo sola. Naturalmente, no hizo nada porque la pereza puede más que ella, y así se quedó sin ascenso.

¡Eres cruel, le has tendido una trampa a mi niña! ¡Es pura envidia! chilló mi suegra.

A estas alturas me resbalan ya los dramas. Mi marido ya lo ha entendido todo, me ha prohibido volver a cruzar palabra con su hermana. Que corra libre y autosuficiente, a ver hasta dónde llega. ¿Quién necesita telenovelas teniendo familiares así?

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