Mi hija tiene un novio vago que vive en su piso y no paga las facturas.

Life Lessons

Madrid, 14 de junio

Hoy me vuelvo a sentar frente a este diario con el corazón algo apesadumbrado. Mi marido y yo siempre hemos formado un matrimonio respetable. Es la primera boda para ambos y ya llevamos veinticinco años compartiendo la vida. Jamás hemos discutido delante de nuestra hija, siempre mostrándonos el cariño y respeto que merecemos. A decir verdad, creo que hemos construido una relación bastante feliz, de esas que sirven de ejemplo. Siempre pensé que, al verla crecer en un hogar estable y lleno de afecto, ella también sabría forjar su propia felicidad. Dicen que los hijos, al fin y al cabo, aprenden de lo que ven en casa.

Sin embargo, la realidad me está enseñando que no siempre es así de sencillo. Nuestra hija, Clara, todavía no se ha casado, aunque mantiene una relación con un chico desde hace un tiempo. Hace un par de años falleció mi madre, su abuela, y le quedó de herencia el piso donde ahora vive. Mi esposo y yo acordamos que sería lo mejor dejarle ese piso a Clara, y poco después nos contó que quería compartirlo con su pareja.

No nos molesta que quiera vivir su propia vida, ni mucho menos, pero lo cierto es que este chico no nos inspira ninguna confianza. No mueve un dedo en la casa; ni una bombilla cambia ni una avería arregla. Cuando surge cualquier problema, lo primero que hace Clara es llamar a su padre, en vez de pedirle ayuda a su novio. Se lo hemos preguntado varias veces, pero ella siempre responde con evasivas o con la promesa de que, más adelante, él empezará a colaborar.

Y para colmo, me he enterado hace poco de que ni siquiera tiene trabajo. Clara se está dejando la piel trabajando en dos sitios para sacar la casa adelante, y él ni se inmuta. No aporta ni un euro, y me duele ver que toda la carga recae sobre los hombros de mi hija. No creo que este chico le tenga el más mínimo aprecio de verdad.

No pude evitar decírselo: este camino no le trae nada bueno, que está cometiendo un error. Pero parece que mis palabras resbalan sobre ella, convencida de que él cambiará y todo irá bien. Está enamorada y yo… yo también la amo. Por eso me duele tanto. Verla entregar su vida y esfuerzos a alguien que ni sabe ni quiere corresponderle es algo que me parte el alma.

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