Cuando Vera fue a recoger a su hijo de la guardería, él corrió a abrazarla con fuerza y le susurró apasionadamente al oído:

Life Lessons

Cuando Inés llega a la guardería para recoger a su hijo, el pequeño Marcos se lanza a sus brazos y le susurra apasionadamente al oído:

Mamá, mamá, ¿podemos llevarnos a la abuela de Pablo a casa, por favor?

¿Qué? ¿Qué abuela? ¿De qué hablas? Inés no entiende nada. Venga, ponte el abrigo rápido, que papá nos espera en el coche.

Esa abuela Marcos señala con el dedo a una señora mayor que camina despacio con un niño hacia la salida. ¡La de Pablo! ¿No me oyes?

No digas tonterías, cariño. Esa abuela es de otra familia.

¿Y qué más da? Marcos frunce el ceño. Pídeselo, que sea también mi abuela. Por favor…

Pero si tú ya tienes dos abuelas tuyas. ¿Para qué queremos otra? Venga, suficiente imaginación por hoy. Ponte el pantalón.

Jo, mamá… Marcos pone cara de pena y empieza a meterse los pantalones de chándal. Mis abuelas no son abuelas de verdad. La de Pablo sí que es auténtica, de las de verdad.

¿Y por qué dices que las nuestras no lo son? Inés sonríe, un poco incómoda. Son muy reales, hijo. Nacieron a papá y a mí, no esa señora. La abuela de Pablo no tiene nada que ver con nosotros.

Eso da igual le contesta el niño con desconsuelo. Haber nacido no basta. Abuela de verdad es como la de Pablo.

¿Y cómo es eso? ¿Cómo tiene que ser una abuela auténtica?

Pues, como la de Pablo empieza a explicar Marcos. Ella deja que Pablo le llame abuela alto y fuerte, sin regañarle. Una de mis abuelas me obliga a llamarla solo Carmen, y la otra me riñe cuando la llamo abuela por la calle.

¿Cómo te riñe?

Pues dice que soy una abuela muy joven, que no la avergüence delante de los vecinos.

¿De verdad mi madre te dice eso?

Sí. Y que tú me encasquetas cuando no puedes. La abuela de Pablo, en cambio, siempre le dice que él es lo mejor que le ha pasado en la vida. Yo también quiero ser lo mejor de la vida de mi abuela…

No puede ser que mi madre dijera eso… Inés mira preocupada a Marcos y le habla menos severa. Vamos, termina de vestirte, que papá se va a inquietar. ¿Y la abuela Carmen también te riñe si la llamas abuela?

No me riñe Marcos baja la cabeza. Simplemente no responde cuando la llamo así. Pero si la llamo Carmen, entonces me sonríe y me felicita. Y mamá, dime, ¿por qué mis abuelas no saben hacer comida de verdad, la buena?

¿Cómo que no? Inés mira curiosa a su hijo. ¿Acaso mis padres y los de tu padre te dejan sin comer cuando te quedas con ellos?

Sí responde Marcos enérgico. Sin comer.

¿Cómo puedes decir eso? Si yo he visto lo que te cocinan. ¡Nada de eso comíamos ni nosotros de pequeños! Todo lo mejor para ti.

Ya…, resopla Marcos. Jamón, croquetas congeladas, ensaladillas… Eso no es la mejor comida.

¿Y cuál es la buena?

Tortitas.

¿Tortitas? repite su madre, sorprendida.

Sí. O magdalenas. Hoy la abuela de Pablo le decía al irse: En cuanto lleguemos a casa, te preparo unas tortitas bien calientes, con nata y mermelada. ¿Te acuerdas cuando hicimos mermelada juntos en verano, Pablo? Y Pablo sonreía tan contento… Pero mis abuelas nunca hacen mermelada conmigo.

Ay, Marcos… Inés mira a su niño con lástima. ¿Y si esta noche tomamos té con mermelada? Pasamos por el supermercado y compramos.

No sabe igual la del super…

¿Y eso cómo lo sabes?

Porque ya les pedí a mis abuelas… y lo han comprado.

¿Y les has pedido tortitas?

He pedido… dice Marcos mientras se pone la chaqueta, con tristeza. Dicen que es mucho lío y me llevan a la cafetería. Hacen tortitas ahí, pero están frías y con mermelada de bote. Pero la abuela de Pablo siempre dice que las que hace en la sartén recién hechas son lo mejor del mundo.

Vaya que sí… suspira Inés con nostalgia, tomando la mano de Marcos y saliendo de la guardería. Las más ricas del mundo… Mi abuela me hacía eso también…

Mientras van caminando hasta donde espera el padre de Marcos en el coche, Inés llama por teléfono a su amiga.

Sofía, ¿estás en casa ahora? pregunta con voz de disculpa.

Sí responde Sofía al instante.

¿Te puedo pedir un favor? Pero prométeme que no te vas a reír.

¿Qué pasa?

Siempre has dicho que tus tortitas son una maravilla, que tu hijo se las devora.

¿Y?

Pues pásame la receta… Cuando Sofía se ríe, Inés la interrumpe: ¡Te he dicho que no te rías! Es que me hace falta de verdad.

Mejor vente a casa y te enseño a hacerlas.

¿Y cuándo?

Ahora mismo.

No puedo ahora Inés titubea. Estoy recogiendo a Marcos de la guardería. Mi marido me espera en el coche.

Pues venid todos juntos. Así se conocen los niños. Os espero. Y Sofía cuelga.

Al día siguiente, Inés pide una tarde libre en el trabajo y se va a casa de su madre para aprender a hacer tortitas. Su madre protesta un poco, resopla y dice algo sobre cómo viven hoy en día las mujeres mayores, pero Inés le corta con firmeza:

Mamá, si te molestamos tanto, te prometo que no traigo a Marcos más contigo. ¿No te das cuenta de qué hace auténtica a una abuela? ¿Por qué nunca cocinas mermelada en verano, teniendo nietos?

Su madre está a punto de contestar airada, pero al ver la mirada decidida de Inés, guarda silencio. Por si acaso.

Rate article
Add a comment

two × 1 =