Oye, te cuento algo que me tiene preocupada y que necesito desahogar contigo. Desde que nuestro hijo se casó, parece que se ha olvidado de nosotros. Ahora siempre está con la madre de su esposa, esa mujer siempre tiene alguna urgencia o problema que necesita su ayuda. No entiendo cómo ha podido vivir sola hasta que su hija empezó a salir con nuestro hijo.
Nuestro hijo lleva más de dos años casado y, después de la boda, se mudó con su mujer a un piso que compramos para él cuando empezó la universidad. Siempre hemos sido unos padres comprensivos, apoyándole desde pequeño. Incluso antes de casarse, ya vivía solo porque su piso está cerca del trabajo.
No voy a decir que no me cae bien mi nuera, pero siempre sentí que esa chica no era lo suficientemente madura para la vida en pareja, aunque nuestro hijo solo tenía dos años más que ella. La nuera muchas veces se comporta como una niña, incluso tiene esos caprichos que no acaban nunca. Nuestro hijo es tan buena persona y yo me preguntaba cómo iba a sobrellevar la vida junto a alguien tan inmadura.
Cuando conocí tanto a ella como a su madre, ya me quedó claro de dónde vienen las cosas. Aunque la madre de mi nuera tiene mi misma edad, a veces parece que tiene diez años menos. ¿No te ha pasado de encontrarte con personas que en vez de adultos, parecen niños permanentemente? Gente muy infantil y completamente perdida. Para cuando su hija se casó con nuestro hijo, esa mujer llevaba ya seis divorcios a sus espaldas.
Nunca hemos tenido conversación fluida porque parece vivir en su propio universo, aunque tampoco se mete en nuestras cosas. Nuestra relación se resume en saludarnos cordialmente en las celebraciones familiares y poco más.
Las primeras señales fueron antes de la boda, cuando la nuera ya arrastraba a nuestro hijo a casa de su madre para cualquier cosa: que si el grifo gotea, que si hay que cambiar una toma de corriente, que si una balda de la cocina se ha caído Bueno, pensé que en su casa falta una mano masculina y que sería normal que pidiera ayuda.
Pero con el tiempo, los problemas nunca acababan en la casa de la suegra. Nuestro hijo ya casi ni aparece por la nuestra, siempre excusándose porque iba con su esposa a la casa de su madre. Ahora celebran San Juan, Navidad, cualquier fiesta, siempre en casa de la suegra, y nosotros nos quedamos solos, el padre, la abuela y yo.
Te soy sincera, al principio dolía que dejara de venir a las fiestas familiares, pero lo peor fue cuando empezó a ignorar nuestras peticiones de ayuda.
Hace poco compramos un frigorífico y le pedimos a nuestro hijo que nos ayudara a traerlo. Al principio dijo que sí, pero luego llamó diciendo que no podía porque la lavadora de la madre de su mujer perdía agua y tenían que ir a arreglarla juntos.
Cuando mi marido le llamó, escuchó a la nuera decir por detrás: “¿Tus padres no pueden contratar a un transportista?”. Al final vino nuestro hijo, pero estaba tan de malas…
Papá, ¿no podías haber llamado a una empresa de mudanzas? ¡Ahora tengo que hacerlo yo!
Ahí empecé a preguntarme por qué la suegra no llama a un profesional para sus arreglos… ¿Vive en otro mundo donde no existen fontaneros ni electricistas? Nuestro hijo dice que allí siempre intentan engañar, cobran pero nunca reparan nada.
En ese momento mi marido, que ya no podía más, soltó que la suegra será muy torpe con los electrodomésticos, pero en dirigir a su hija es una experta, como quien pastorea ovejas. Nuestro hijo se enfadó muchísimo y se fue. Yo no quise intervenir, aunque creo que mi marido tiene razón, porque las nuevas parientes siempre están aprovechándose de nuestro hijo. Él es fontanero, electricista, reparador, lo que haga falta para ellas, pero cuando nosotros le necesitamos nunca tiene tiempo.
Desde esa bronca, nuestro hijo no ha hablado con su padre en más de dos semanas. Además, el padre tampoco quiere buscar la reconciliación. Yo estoy aquí, en medio, sintiéndome hecha polvo. Mi marido tiene razón, pero pienso que podía habérselo dicho de una forma más suave. Ahora nuestro hijo está dolido y no quiere acercarse, y yo no quiero perderlo por una tontería.
El padre se niega a dar el primer paso, y nuestro hijo tampoco piensa ceder hasta que el padre le pida disculpas. En toda esta historia, la única que parece que sale ganando es la suegra, la verdad.







