Un amigo mío que se llama Álvaro siempre soñó con vivir cómodamente a costa de los demás. Se esforzó mucho por conquistar a una chica de una familia adinerada. Era evidente que no la amaba de verdad y que de esa relación no iba a salir nada bueno. Pero él estaba convencido de que una esposa rica sería la clave para una vida fácil y despreocupada. Quizá podría ser así si ella supiera realmente cómo ganarse la vida. Resultó que la familia de la muchacha solo tenía dinero gracias a su madre, que era propietaria de varias tiendas importantes en Madrid.
Intenté razonar con mi amigo:
No pensarás que van a mantener a alguien vago. Es mejor ser independiente y tener un trabajo digno. Anda ya, hombre. Vamos a tener un hijo. ¡Confían plenamente en mí! respondió mi amigo, entusiasmado.
Nunca pude comprenderle. No me parecía correcto actuar así con tu pareja. Simplemente no era justo. Un hombre debe trabajar y sacar adelante a su familia.
Un tiempo después, sentí curiosidad por saber cómo le iban las cosas. Le pregunté dónde trabajaba. Resultó que ni él ni su mujer hacían otra cosa que quedarse en casa: se pasaban el día jugando a la consola, viendo la televisión o durmiendo. Era la madre de ella quien les pasaba dinero para todo. Hasta llegué a tenerles algo de envidia, porque Álvaro había conseguido lo que quería.
La madre de mi mujer es muy rica, nunca nos hará falta trabajar decía Álvaro, presumiendo de su vida cómoda.
Quizá todo habría seguido igual, pero empezaron los problemas en el negocio; los ingresos cayeron en picado. La madre se vio obligada a poner a trabajar tanto a su hija como a su yerno.
Había pasado un mes desde la última vez que le vi. Entonces, una tarde, me sonó el móvil: era Álvaro, con voz preocupada, pidiéndome si podía prestarle cinco mil euros durante un par de semanas.
Estoy buscando trabajo. Si paso la entrevista y me hacen un adelanto, te devuelvo el dinero enseguida. Estamos totalmente en la ruina confesó con tristeza.
Así fue como su vida de despreocupaciones se terminó de golpe. Desde ese momento, tanto él como su esposa tuvieron que empezar a trabajar. Me devolvió el dinero, eso sí. Y esa es toda la historia de una familia rica. No puedes depender de otros, hay que ser autosuficiente y contar con uno mismo. Solo así te puedes sentir seguro y feliz.





