Hoy, Lucía tuvo un incidente en el trabajo. Una rodaja de manzana salió volando hacia ella. Clientes del establecimiento, compañeros, la encargada y la directora, todos fueron testigos.
Por su apariencia, nunca dirías que está fuera de lugar, comentaron algunos visitantes. La mujer que lanzó aquella ofensa hacia Lucía parecía respetable: vestía un traje impecable, llevaba el pelo perfectamente peinado y mostraba una manicura elegante. Sus zapatos de tacón eran relucientes. ¿Qué sucedió? Los empleados de la tienda la habían visto por última vez hace unos dos meses. Tuvieron ocasión de conocerla bien, porque en aquella ocasión estuvo cinco horas eligiendo un vestido.
¿Todos aquí sois tan vagos y maleducados?, dijo en aquel momento. Pero nadie fue grosero con ella, compró el vestido y se marchó. Eso fue todo. Hoy ha vuelto decidida a devolver el vestido. Podría pensarse que era por algún defecto, pero no. Simplemente lo había usado durante dos meses, se cansó del color y decidió devolverlo, pese a que ya no era posible debido a los plazos superados con creces. Lucía rechazó educadamente su petición.
Pues bien, entonces tramita una devolución por defecto, propuso la señora. Lo siento, pero eso no es posible, ya que no hay defecto visible. Si quiere, podemos enviar el vestido a una revisión, contestó Lucía. No tengo tanto tiempo. De acuerdo, indica simplemente que es un defecto, empezó a hablar la mujer con voz cada vez más alta. Entiendo su postura. Pero no podemos declarar un defecto sin un peritaje. ¿Tengo que viajar a otro país para reemplazarlo? Lucía no entendía qué tenía que ver otro país en esto. ¿De qué hablaba? La señora insistía y empezó a levantar la voz cada vez más. La directora salió del despacho al escuchar los gritos.
¿Qué ocurre? ¿Es usted la directora? ¡No me devuelven el dinero! ¿Puede decirme la fecha de compra? ¿Por qué os obsesiona tanto la fecha? El producto está defectuoso, tiene una mancha. Sí, es cierto que hay una mancha, pero no podemos tramitar la devolución sin una revisión. Es importante saber si la mancha ya estaba cuando lo compró
Ilegalidad, engaño por todas partes, interrumpió la mujer chillando a la directora. Lucía intervino de nuevo: Lo siento, pero ha usado el vestido durante dos meses, lo ha manchado y ahora quiere devolverlo. No podemos regalar productos ni sustituir el vestido. Y justo en ese momento, una rodaja de manzana le golpeó a Lucía. Nadie supo de dónde la había sacado la señora. Lucía se sintió profundamente ofendida y abandonó el puesto. La mujer continuó discutiendo con la encargada y la directora.
Devolvamos el dinero y que se marche, sugirió la encargada. No, respondió la directora, que siempre trataba de apaciguar los conflictos. No vamos a ceder a sus exigencias. Ha venido a engañarnos, no permitiremos que nos manipule, dijo y llamó a la policía.





