Te cuento algo curioso sobre la abuela de mi marido, que en paz descanse. Él pasaba todos los veranos en su casa de Salamanca. A ella nunca le importaba tenerle allí, ¡al contrario! En aquellos tiempos, la mujer llevaba su propio negocio. Se lo montaba todo sola: organizaba, repartía y vendía hierbas medicinales a farmacias de la zona. Mi marido nunca supo muy bien cómo se apañaba, pero recuerda que, para aquel entonces, ganaba un dineral, muchísimo más que la mayoría.
Eso sí, tenía una personalidad muy peculiar. Quería mucho a mi marido, nunca escatimaba en la comida, pero si le pedía algo de dinero para comprarse una chorrada, jamás veía ni una moneda. Toda la familia pensaba que ahorraba para algo grande. La casa estaba llena de armarios enormes, todos con compartimentos cerrados con llave.
De pequeño, mi marido sentía mucha curiosidad por lo que guardaba allí, pero la abuela siempre le decía: Eso es para el trabajo, hijo. Los años pasaron, y las cosas cambiaron. Lo de emprender se volvió algo normal, y ella acabó perdiendo terreno por culpa de la competencia. Entonces se dedicó a ser curandera. Jamás cobraba nada por sus servicios, pero vamos, venían a verla familias bastante pudientes.
Todavía la visitábamos cuando estaba viva, y te juro que vivía con lo justo, siempre vestía con ropa vieja y nunca comía de más. Cada vez que íbamos, le llevábamos comida y alguna cosa especial, pero ella lo rechazaba, decía que no quería que la malacostumbráramos, que estaba hecha a esa vida modesta.
Cuando falleció, dejó la casa a mi marido. Volvimos a Salamanca a arreglar los papeles y nos pusimos a revisar la despensa: estaba repleta de comida, pero toda caducada. Resulta que sus clientes, en agradecimiento, le traían alimentos… pero ella nunca los tocaba. Pero lo que de verdad nos dejó a cuadros fue cuando abrimos sus armarios: había un montón de objetos carísimos de los años noventa, ¡parecía un museo de rarezas! Tenía un montón de cosas de esas, en cantidades absurdas. Nunca entenderé por qué guardaba toda su fortuna en cosas que iban a perder valor con el tiempo. ¡No consigo descifrar a esa mujer!






