Su marido es el padre de mi hijo.
Con esas palabras, una desconocida se acercó a donde estaba comiendo tranquilamente Beatriz. Sin el menor reparo, la mujer se sentó frente a mí y esperó una reacción a su sorpresiva declaración.
¿Y cuántos años tiene su niño? le pregunté en tono sereno, como si escuchar este tipo de cosas fuera lo más normal del mundo y no me afectase en absoluto.
Ocho me respondió la tal Lucía, haciendo un gesto de fastidio; noté que esperaba escándalo, reproches o, al menos, una pizca de indignación. ¿Desdén? ¿Palabras acusatorias? Nada de eso encontró en mí.
Estupendo dije, volviendo mi atención al exquisito pastel de cerezas que sirven solo en esa confitería de la calle Serrano. Arturo y yo llevamos casados solo tres años, así que todo lo que sucedió antes no me interesa. Solo una pregunta permití mostrar algo de curiosidad, ¿él lo sabe?
No replicó Lucía, recostándose con altivez en la silla. ¡Pero da igual! Voy a denunciarlo para que pague la pensión. ¡Y pagará, ¿queda claro?!
Por supuesto, faltaría más respondí con calma. Mi marido adora a los niños; si lo hubiese sabido antes, seguro habría participado en la vida de su hijo. Por cierto, ¿cómo se llama?
Pablo contestó casi sin pensar, y luego me miró mal. Pero, ¿no te importa que tu marido tenga un hijo fuera del matrimonio?
Te lo repito: lo que ocurriera antes de mi boda no es asunto mío le aseguré, manteniendo la sonrisa. Comprendía perfectamente que me casaba con un hombre de treinta años, no con un chiquillo. Sé que tuvo otras relaciones, y eso no me afecta. Lo fundamental es que ahora soy la única.
Pues nos veremos en los juzgados. Ve preparando la cartera, exigiré todo lo que la ley le corresponde a mi hijo.
Lucía se fue, dejando tras de sí una estela de perfume demasiado denso. Me costó no fruncir la nariz: parecía que se había vaciado medio frasco encima justo antes de entrar.
Intenta lo que quieras murmuré para mí, mientras apuraba el último bocado del pastel. Lo que quizá no sepa es que la nómina oficial de Arturo es solo de mil euros, porque el negocio está a nombre de su padre… y además cuida de su madre enferma. Al final, lo que cobre será una miseria.
Me dio cierta pena el niño, que no tiene culpa de nada. Quizás algún día me acerque a ver cómo viven, y lleguemos a un acuerdo para ayudarle de una forma más digna cada mes.
Eso sí, si de verdad Pablo resulta ser hijo de Arturo. Que hay demasiadas historias así…
*********************
El análisis de ADN se hizo enseguida; con dinero, todo fluye más rápido. El resultado fue inequívoco: Pablo era hijo de Arturo.
El chiquillo, en la sala de espera, me pareció demasiado tranquilo, demasiado apagado. ¿Quién ha visto a un niño de ocho años quedarse hora y media sentado, mirando al vacío, mientras los adultos rellenan papeles? Ni pidió ver dibujos animados, ni correteó, ni hizo el menor ruido… Nada de lo habitual en los críos.
Me dio mala espina. Ahora tenía más razones para visitar a este nuevo miembro de la familia.
La casa estaba en un buen barrio, con portero y todo. Un piso de dos habitaciones, reformado y bien decorado…
No entendía cómo, viviendo así, Lucía se quejaba de falta de dinero.
El juicio es la semana que viene me gruñó al abrirme la puerta, podrías haberte esperado.
Solo quiero conocer un poco mejor a Pablo. Arturo está decidido a implicarse en su vida; quizás algún día se lo lleve algún fin de semana, si el niño lo acepta.
¡Eso no lo permitiré nunca! soltó indignada.
El juez decidirá. Arturo es su padre, tiene derecho. Por cierto, no veo ni un juguete a la vista…
¡No puedo gastar en cosas de esas! me contestó de mala gana, apenas me llega para vestirle, ¿y tú piensas que voy a gastar en tonterías?
¿En serio? miré el bolso de firma sobre la mesa, la ropa de marca tirada en el sofá, la cosmética de alto precio preparada frente al espejo. ¿Y aun dices que no te llega?
¡Soy joven! ¡Tengo derecho a rehacer mi vida! me replicó a la defensiva, odiando el tono con que le hablaba.
¿Y con quién dejas a Pablo cuando sales? insistí, porque me empezaba a cuadrar por qué el niño era tan reservado.
Ya no es un bebé, puede quedarse solo. ¿Algo más? Si no, nos veremos en el juzgado.
Pienso pedir que justifiques hasta el último euro que se asigne para el niño le advertí, con ganas de marcharme cuanto antes. Me indignaba su actitud hacia su propio hijo. Sinceramente, creo que la sentencia no te gustará…
**********************
…El tribunal acuerda: estimar parcialmente la demanda presentada por doña Lucía Torres Gómez. Declarar que don Arturo Muñoz Fernández es padre biológico de Pablo Torres Gómez y ordenar la correspondiente inscripción en el Registro Civil. En cuanto a la pensión reclamada para el menor, se deniega. Se estima la demanda reconvencional de don Arturo Muñoz y se establece que la residencia del menor será con su padre…
No pude evitar sonreír. Se consiguió lo que buscábamos: Pablo vivirá con nosotros. Puede que algunos me critiquen, que digan que le he quitado su hijo a su madre, pero fue la mejor decisión. Todos los vecinos de la urbanización coincidían en que Lucía jamás se preocupaba por el niño, que solía gritarle, incluso lo había agredido delante de testigos. El psicólogo infantil también fue claro: Pablo no podía quedarse con ella. Lo apoyaban profesores y antiguos cuidadores.
Ahora Pablo tendrá una habitación luminosa para él solo, muchos juguetes, un ordenador y, sobre todo, el cariño de unos padres que le quieren y lo acogen de corazón. Porque tanto Arturo como yo hemos aprendido a querer profundamente a ese pequeño.
Hoy he entendido que la familia se elige, y que a veces, dar amor a quien más lo necesita es la mayor responsabilidad y también el mayor privilegio de la vida.







