Esto no se discute.
Nina va a venir a vivir con nosotros y punto deja la cuchara a un lado y lo dice Jacobo con un tono que no deja lugar a réplica. Ni siquiera ha probado la cena, se ve que había guardado apetito para una conversación seria. Hay habitación, justo terminamos las reformas. Así que en un par de semanas, mi hija se mudará a casa.
¿No se te olvida nada? pregunta Macarena, respirando profundo para no saltar, contando hasta diez en silencio. Como por ejemplo, que esa habitación es la que preparamos para nuestro FUTURO HIJO. Además, supongo que has pasado por alto que Nina tiene madre y que lo normal sería que viviera con ella.
Ya sé que hablamos de tener un hijo concede Jacobo, frunciendo el ceño. Él esperaba que su mujer aceptara todo sin rechistar y no verse obligado a estas charlas. Pero bueno, eso puede esperar un par de años. Tú tienes que acabar la carrera, así que no es el momento. Y además, Nina no quiere ni hermanos ni hermanas. Y sobre su madre… hace una mueca. Le voy a quitar la custodia. ¡Es peligroso que la niña viva con esa mujer!
¿La niña? Macarena alza las cejas, incrédula. ¿No tiene ya doce años? Menuda niña… ¿Y cuál es el peligro? ¿Que no la deja salir después de las diez de la noche? ¿O que la obliga a hacer los deberes bajo amenaza de retirarle el móvil o cortarle el WiFi? Pues tu exmujer es de oro si aún no ha recurrido a la zapatilla.
No tienes ni idea musita Jacobo entre dientes. Nina me ha enseñado moretones, y me ha dejado leer mensajes llenos de insultos y amenazas. ¡No voy a dejar que destrocen la vida a mi hija!
Lo que tú estás haciendo es dejar que ella te manipule.
Macarena se levanta lentamente de la mesa, dejando el plato de sopa casi intacto. El apetito se le ha cortado y mirar a su marido solo le da dolor de cabeza. Ya se lo decían: No te precipites con el matrimonio. Vive con él un par de años sin papeles, pon a prueba los sentimientos… Pero claro, ella siempre ha sido la más lista. Yo sé lo que hago. Y, además, quería presumir antes que sus amigas.
La razón de ese consejo estaba clara: Jacobo ya había estado casado, era quince años mayor que Macarena y tenía una hija que era su ojito derecho. Motivos de sobra, que por separado pueden parecer pequeños, pero juntos son casi una bomba de relojería.
En realidad, los dos primeros motivos nunca le molestaron. Le gustaba tener un marido con experiencia y serenidad, sabía de primera mano que el divorcio fue de mutuo acuerdo y que Alba, la exmujer, nunca le puso pegas.
Pero la tercera razón Nina. Una niña mimada hasta la médula, acostumbrada a pasar casi toda la infancia con la abuela, porque sus padres, siempre trabajando, querían que no le faltara nada. El divorcio no lo vivió como un drama: tenía claro que papá nunca la dejaría sola, ni aunque se volviera a casar. Pero el nuevo matrimonio de mamá… eso no lo supo digerir.
Porque el padrastro se tomó muy en serio la educación de Nina y la madre, al cambiar de trabajo, pasaba mucho más tiempo en casa, respaldando al marido.
Toque de queda, deberes, profesores particulares porque la niña iba peor que el resto en casi todas las materias… Aquello era un escándalo para Nina, acostumbrada a vivir pegada a la tele o al ordenador. Se enfadó tanto que empezó a inventarse historias para poner de los nervios al padre.
En el fondo, a Nina le interesaba vivir con Jacobo porque sabía que, con el trabajo que él tenía, pasaría la mayoría del tiempo sola. Ni pensaba obedecer a Macarena, la madrastra que apenas era nueve años mayor que ella.
Y todo por una vida libre, Nina estaba dispuesta a cualquier cosa.
**********************
Nina llega hoy. Prepárale su cuarto y, por favor, no la pongas de los nervios, que la pobre bastante ha pasado ya Jacobo le deja claro el plan a Macarena mientras se coloca la corbata nueva frente al espejo. Si hubiera sabido antes que Alba, por culpa de ese tipo, acabaría maltratando a la cría Qué le vamos a hacer, el pasado no se puede cambiar.
¿Así que lo mantienes? ¿Vas a traer a tu hija aquí? aún guardando la esperanza de que Jacobo no logre su objetivo, pregunta Macarena. ¿Y quién va a estar pendiente de ella? Tú no llegas antes de las ocho.
Pues tú responde Jacobo, como si fuera lo más natural. Nina ya es mayor y puede apañarse sola.
Tengo los exámenes a la vuelta de la esquina, lo decías tú mismo: que necesitaba centrarme en la carrera responde ella, con una sonrisa ácida. Así que espero que Nina sepa fregar platos y barrer, porque durante las próximas dos semanas, eso será su principal tarea.
¡No es una sirvienta!
Ni yo tampoco le corta Macarena, seria. Así que, si va a vivir aquí, tendrá que colaborar con la casa. Y deberías empezar a hablar con tu hija sobre las normas de convivencia.
************************
Papá, ¿y vas a dejar que me trate así? No me puedes obligar a hacer todo en casa, ni siquiera puedo salir a estar con mis amigas. Y tu mujercita ahí, tan tranquila viendo la tele.
Macarena, que pasa por el pasillo y pilla la conversación de casualidad, apenas puede reprimir una sonrisa amarga. ¡Sí, cómo no! ¡Si consigues que haga algo de provecho, que baje san Pedro y lo vea!
Hablo con Macarena, te lo prometo. Pero tú también tienes que intentar llevarte bien con ella. Lo sé, hija, es duro, pero no puedo estar todo el día pendiente. Haz un esfuerzo, muestra quién eres en realidad, una chica responsable.
Vale, lo intentaré dice Nina, sin mucha fe, viendo que de su padre no saca nada. Oye, ¿es verdad que le has comprado un coche a Macarena?
Sí, ¿por qué?
Por nada… Solo que a mí me dijiste que andabas justo de dinero para que me fuera de campamento este verano fuera de España. ¡Y yo tenía una ilusión!
Pero no puedes ir sola, solo tienes doce años, y yo trabajo. El verano que viene iremos todos juntos.
¡Yo no quiero ir en familia! ¡No me quieres nada! ¿Para qué me has traído, entonces? ¡Si a tu mujer solo le molesto y tú nunca estás!
En ese punto, Macarena deja de escuchar. Sabe que, le guste o no, Nina se sale siempre con la suya. Y el viaje no va a ser lo único. En el fondo, la niñata busca quitarse del medio a otra persona que pueda sacar tajada del dinero de papá. Y parece que lo va a conseguir.
Macarena no soporta más los reproches de su marido y toma una decisión: una discusión más, y pide el divorcio. Para rematar, se encargará de aguarle el triunfo a la chiquilla, soltando que Jacobo tendrá que pasarle una pensión después. Como pensión de alimentos.
**********************
Macarena tenía razón: la noche empezó con una lista entera de quejas. Mantuvo la calma hasta que al final declaró que iba a solicitar el divorcio.
Quiero tranquilidad, no soportar que me echen cosas en cara cada dos por tres. Y sí, ya te advertí que darle todos los caprichos a tu hija era un error y viendo la sonrisa triunfante de Nina, se apresura a cortarle las alas. Tampoco te fíes, que igual las cosas cambian pronto. Por ejemplo, puedo ponerle a tu padre la condición de que, si quiere ver a mi hijo Macarena se acaricia la barriga, tendrá que devolverte con tu madre. O algo así.
Mientras Nina balbucea intentando encontrar palabras para expresar su indignación y Jacobo asimila el golpe, Macarena recoge la maleta preparada de antemano y sale del piso. En realidad, no está embarazada, solo quiere poner nerviosa a la niña pija. Y darle una lección al hombre que no sabe nada, pero nada, de cómo tratar con adolescentesUn silencio denso se instala en el salón. Jacobo se queda sin aire, mirando la puerta cerrarse tras su esposa. Nina, por primera vez en mucho tiempo, no encuentra a quién culpar. Sin testigos, sólo le queda contemplar el sofá vacío, la televisión apagada y el eco de sus propios caprichos rebotando en las paredes.
Se sienta, jugueteando con el móvil. Espera un mensaje, una llamada, una promesa de que todo volverá a la normalidad. Nada. Afuera, la ciudad sigue su curso, ajena a su pequeña guerra.
En el pasillo, Jacobo tropieza con la maleta olvidada de Nina, todavía medio llena. Lee entonces un papel sobre la mesa: una lista de normas de convivencia escrita por Macarena, con letra redonda y pulcra. Al pie, una frase subrayada: Aquí no hay princesas, ni siervas: sólo familia.
Jacobo la deja caer, dolido. Quizápiensa por primera vezel error no era Alba, ni Macarena, ni siquiera Nina. Quizá el error haya sido negarse a crecer, refugiándose en el papel de salvador, sin escuchar realmente a ninguna de las mujeres que amaba.
Sabe que ha perdido algo más que una discusión. Y Nina, abrumada por la ausencia de rivales, se levanta despacio. Mira la puerta y, por primera vez, siente que quizá el mundo fuera de la burbuja de papá no da tanto miedo.
En la noche, cada uno aprende una lección: que ni el amor, ni la familia, ni la libertad se ganan a pulso de caprichos o amenazas, sino de verdades, renuncias y, sobre todo, respeto. Y cuando las certezas construidas sobre la comodidad se tambalean, solo queda levantarse y empezar a ser honestos. Uno a uno, sin héroes ni víctimas. Como de verdad debería ser una familia.







