Esto ni se discute – NINA VA A VIVIR CON NOSOTROS, NI SE TE OCURRA DISCUTIRLO – dijo Zacarías dejando la cuchara a un lado. Ni siquiera había tocado la cena, señal de que estaba dispuesto a ponerse serio. – Hay habitación, justo hemos terminado de reformarla. Así que en un par de semanas nuestra hija se muda. – ¿No te olvidas de nada? —preguntó Ksenia tras contar hasta diez mentalmente.— Por ejemplo, que esa habitación la preparamos para nuestro FUTURO hijo EN COMÚN. Y también que NINA tiene madre, con la que debería vivir. – Sí, sé que hablamos de tener un hijo –respondió Zacarías, frunciendo el ceño. Confiaba en que su esposa aceptara sin rechistar y así evitar más discusión— Pero no pasa nada, lo podemos posponer un par de años. Además, aún tienes que acabar la carrera, no estamos para niños. Y NINA no quiere hermanos. En cuanto a su madre… —Zacarías esbozó una amarga sonrisa—, le voy a quitar la custodia. Es peligroso para la niña estar bajo el mismo techo. – ¿Peligroso? —Ksenia alzó las cejas—. ¿No tiene ya doce años? Vaya niña mayor, por cierto. ¿Y el peligro es que su madre no le deja salir después de las diez, o que le hace hacer los deberes quitándole el móvil o el WiFi? ¡Tu ex debería ser santa, que ni le ha dado aún un azote! – No tienes ni idea —Zacarías apretó los dientes—. NINA me enseñó moratones y mensajes con insultos y amenazas. No voy a dejar que le arruinen la vida. – Justo eso estás haciendo, cediendo siempre a sus caprichos. Ksenia se apartó serenamente de la mesa, dejando la sopa intacta. Se le había quitado el apetito y la sola presencia de su marido ya le provocaba dolor de cabeza. Le advirtieron: “No te cases tan rápido, probad a vivir juntos primero”, pero claro, era la más lista y quiso adelantarse a las amigas. ¿Por qué todos desaconsejaban esa boda apresurada? Fácil: Zacarías ya era su segundo marido, le sacaba quince años y, además, tenía una hija bastante mayor que era su ojito derecho. Tres elementos aparentemente insignificantes, pero juntos… casi una catástrofe. Las primeras dos razones no le molestaban demasiado. Al fin y al cabo, a ella le gustaba la madurez de su marido y su experiencia en la vida familiar. Además, sabía de primera mano que el divorcio fue de mutuo acuerdo y sin rencores. La tercera razón era NINA. Una niña consentida e indisciplinada, criada casi siempre por la abuela porque sus padres trabajaban sin parar para asegurarle un buen futuro. El divorcio de los padres le daba igual, su padre nunca la dejaría de lado aunque se casara otra vez. El nuevo matrimonio de la madre, en cambio… Eso no lo aceptó. No solo el padrastro se había puesto totalmente en plan estricto, sino que su madre se quedaba ahora más tiempo en casa y apoyaba a su nueva pareja. Toque de queda, deberes, profesores particulares porque NINA iba atrasada en varias asignaturas… Todo esto crispó a la niña, acostumbrada a estar pegada a la tele o el ordenador toda la tarde. Tanto, que empezó a inventarse historias para poner nervioso a su padre. NINA quería vivir con su padre porque sabía que, por su trabajo, pasaría sola la mayor parte del tiempo. A Ksenia ni la consideraba, no pensaba obedecer a una madrastra apenas nueve años mayor. Todo por una “vida libre”. Y estaba dispuesta a cualquier cosa. ********************** – NINA llega hoy. Prepárale su habitación y, por favor, no la alteres, bastante ha pasado ya —ordenó Zacarías a su mujer mientras elegía corbata—. Si llego a saber que Ala, por ese hombre, empezaría a tratar mal a su hija… Pero ya da igual, no se puede volver atrás. – ¿Así que sigues en tus trece? ¿De verdad quieres que se venga a vivir aquí? —Ksenia todavía esperaba que no lo consiguiera– ¿Y quién va a estar pendiente de ella? Si tú llegas a casa como mucho a las ocho… – Ya la vigilarás tú —dijo encogiéndose de hombros—. No tiene tres años, es bastante autosuficiente. – Y yo tengo la universidad encima, decías que tenía que concentrarme —sonrió sarcástica—. Espero que NINA sepa fregar y barrer, porque estas dos semanas le tocan a ella esa labor. – No es ninguna criada… – Ni yo —le cortó Ksenia—. Pero si va a vivir aquí, colaborará en casa. Mejor que hables cuanto antes con ella de las normas. ************************ – Papá, ¿y vas a dejar que me trate mal? Ni siquiera puedo salir tranquila con las amigas, tu mujercita me carga todo el trabajo de la casa y ella se tumba tan feliz a ver la tele. Ksenia, que escuchó por casualidad la conversación, sonrió torcida. Ya, claro, que la haga ella limpiar… Antes cae granizo en agosto. – Hablaré con Ksenia, lo prometo. Pero tú también podrías llevarte bien con ella. Sé que es duro, pero no puedo estar siempre pendiente de ti. Demuestra que puedes convivir con Ksenia, que eres buena chica. – Vale, lo intentaré —respondió NINA sin ganas, viendo que no sacaba más de su padre—. Por cierto, ¿es verdad que le compraste un coche? – Sí, ¿y qué? – Nada, absolutamente nada… Y a mí me dijiste que no tenías dinero para mandarme de vacaciones al extranjero. ¡Y yo que tanto lo soñaba! – No puedes irte sola, ni tienes edad, apenas tienes doce y yo trabajo. El verano que viene, nos vamos toda la familia. – ¡Pero yo no quiero ir en familia! ¡No me quieres! ¿Por qué me quitaste de mamá? Solo soy un estorbo para esa mujer tuya y tú nunca tienes tiempo… Ksenia dejó de escuchar. Entendió que, tarde o temprano, NINA se saldría con la suya. No solo el viaje: esa niña lista se iba a cargar a otra aspirante a los ahorros de papá. Y seguramente lo lograría. Ksenia estaba cansada de las quejas del marido, y decidió en serio: otra pelea y pide el divorcio. Y, al final, le fastidiaría a la niña su victoria, diciéndole que aunque se separasen, Zacarías tendría que pasarle una pensión. Como compensación. ********************** Y Ksenia tenía razón —empezó la tarde llena de reproches. Los escuchó y luego, tranquila, anunció el divorcio. – Yo quiero vivir tranquila, no escuchar reproches día sí día también. Y sí, te lo advertí: dejarte manipular por tu hija no era buena idea —al ver la sonrisa triunfante de NINA, Ksenia la bajó de la nube—. Y tú no te alegres tanto, a ver cómo te va. Por ejemplo, puedo poner a tu padre entre la espada y la pared: o quiere ver a nuestro hijo —se acarició el vientre— o te vas de vuelta con tu madre. O algo por el estilo. Mientras NINA buscaba palabras para protestar y Zacarías digería la situación, Ksenia cogió la maleta y se largó de casa. En realidad, no estaba embarazada, pero quería poner nerviosa a la niña. Y darle una lección a un hombre que no sabe nada de psicología infantil…

Life Lessons

Esto no se discute.

Nina va a venir a vivir con nosotros y punto deja la cuchara a un lado y lo dice Jacobo con un tono que no deja lugar a réplica. Ni siquiera ha probado la cena, se ve que había guardado apetito para una conversación seria. Hay habitación, justo terminamos las reformas. Así que en un par de semanas, mi hija se mudará a casa.

¿No se te olvida nada? pregunta Macarena, respirando profundo para no saltar, contando hasta diez en silencio. Como por ejemplo, que esa habitación es la que preparamos para nuestro FUTURO HIJO. Además, supongo que has pasado por alto que Nina tiene madre y que lo normal sería que viviera con ella.

Ya sé que hablamos de tener un hijo concede Jacobo, frunciendo el ceño. Él esperaba que su mujer aceptara todo sin rechistar y no verse obligado a estas charlas. Pero bueno, eso puede esperar un par de años. Tú tienes que acabar la carrera, así que no es el momento. Y además, Nina no quiere ni hermanos ni hermanas. Y sobre su madre… hace una mueca. Le voy a quitar la custodia. ¡Es peligroso que la niña viva con esa mujer!

¿La niña? Macarena alza las cejas, incrédula. ¿No tiene ya doce años? Menuda niña… ¿Y cuál es el peligro? ¿Que no la deja salir después de las diez de la noche? ¿O que la obliga a hacer los deberes bajo amenaza de retirarle el móvil o cortarle el WiFi? Pues tu exmujer es de oro si aún no ha recurrido a la zapatilla.

No tienes ni idea musita Jacobo entre dientes. Nina me ha enseñado moretones, y me ha dejado leer mensajes llenos de insultos y amenazas. ¡No voy a dejar que destrocen la vida a mi hija!

Lo que tú estás haciendo es dejar que ella te manipule.

Macarena se levanta lentamente de la mesa, dejando el plato de sopa casi intacto. El apetito se le ha cortado y mirar a su marido solo le da dolor de cabeza. Ya se lo decían: No te precipites con el matrimonio. Vive con él un par de años sin papeles, pon a prueba los sentimientos… Pero claro, ella siempre ha sido la más lista. Yo sé lo que hago. Y, además, quería presumir antes que sus amigas.

La razón de ese consejo estaba clara: Jacobo ya había estado casado, era quince años mayor que Macarena y tenía una hija que era su ojito derecho. Motivos de sobra, que por separado pueden parecer pequeños, pero juntos son casi una bomba de relojería.

En realidad, los dos primeros motivos nunca le molestaron. Le gustaba tener un marido con experiencia y serenidad, sabía de primera mano que el divorcio fue de mutuo acuerdo y que Alba, la exmujer, nunca le puso pegas.

Pero la tercera razón Nina. Una niña mimada hasta la médula, acostumbrada a pasar casi toda la infancia con la abuela, porque sus padres, siempre trabajando, querían que no le faltara nada. El divorcio no lo vivió como un drama: tenía claro que papá nunca la dejaría sola, ni aunque se volviera a casar. Pero el nuevo matrimonio de mamá… eso no lo supo digerir.

Porque el padrastro se tomó muy en serio la educación de Nina y la madre, al cambiar de trabajo, pasaba mucho más tiempo en casa, respaldando al marido.

Toque de queda, deberes, profesores particulares porque la niña iba peor que el resto en casi todas las materias… Aquello era un escándalo para Nina, acostumbrada a vivir pegada a la tele o al ordenador. Se enfadó tanto que empezó a inventarse historias para poner de los nervios al padre.

En el fondo, a Nina le interesaba vivir con Jacobo porque sabía que, con el trabajo que él tenía, pasaría la mayoría del tiempo sola. Ni pensaba obedecer a Macarena, la madrastra que apenas era nueve años mayor que ella.

Y todo por una vida libre, Nina estaba dispuesta a cualquier cosa.

**********************

Nina llega hoy. Prepárale su cuarto y, por favor, no la pongas de los nervios, que la pobre bastante ha pasado ya Jacobo le deja claro el plan a Macarena mientras se coloca la corbata nueva frente al espejo. Si hubiera sabido antes que Alba, por culpa de ese tipo, acabaría maltratando a la cría Qué le vamos a hacer, el pasado no se puede cambiar.

¿Así que lo mantienes? ¿Vas a traer a tu hija aquí? aún guardando la esperanza de que Jacobo no logre su objetivo, pregunta Macarena. ¿Y quién va a estar pendiente de ella? Tú no llegas antes de las ocho.

Pues tú responde Jacobo, como si fuera lo más natural. Nina ya es mayor y puede apañarse sola.

Tengo los exámenes a la vuelta de la esquina, lo decías tú mismo: que necesitaba centrarme en la carrera responde ella, con una sonrisa ácida. Así que espero que Nina sepa fregar platos y barrer, porque durante las próximas dos semanas, eso será su principal tarea.

¡No es una sirvienta!

Ni yo tampoco le corta Macarena, seria. Así que, si va a vivir aquí, tendrá que colaborar con la casa. Y deberías empezar a hablar con tu hija sobre las normas de convivencia.

************************

Papá, ¿y vas a dejar que me trate así? No me puedes obligar a hacer todo en casa, ni siquiera puedo salir a estar con mis amigas. Y tu mujercita ahí, tan tranquila viendo la tele.

Macarena, que pasa por el pasillo y pilla la conversación de casualidad, apenas puede reprimir una sonrisa amarga. ¡Sí, cómo no! ¡Si consigues que haga algo de provecho, que baje san Pedro y lo vea!

Hablo con Macarena, te lo prometo. Pero tú también tienes que intentar llevarte bien con ella. Lo sé, hija, es duro, pero no puedo estar todo el día pendiente. Haz un esfuerzo, muestra quién eres en realidad, una chica responsable.

Vale, lo intentaré dice Nina, sin mucha fe, viendo que de su padre no saca nada. Oye, ¿es verdad que le has comprado un coche a Macarena?

Sí, ¿por qué?

Por nada… Solo que a mí me dijiste que andabas justo de dinero para que me fuera de campamento este verano fuera de España. ¡Y yo tenía una ilusión!

Pero no puedes ir sola, solo tienes doce años, y yo trabajo. El verano que viene iremos todos juntos.

¡Yo no quiero ir en familia! ¡No me quieres nada! ¿Para qué me has traído, entonces? ¡Si a tu mujer solo le molesto y tú nunca estás!

En ese punto, Macarena deja de escuchar. Sabe que, le guste o no, Nina se sale siempre con la suya. Y el viaje no va a ser lo único. En el fondo, la niñata busca quitarse del medio a otra persona que pueda sacar tajada del dinero de papá. Y parece que lo va a conseguir.

Macarena no soporta más los reproches de su marido y toma una decisión: una discusión más, y pide el divorcio. Para rematar, se encargará de aguarle el triunfo a la chiquilla, soltando que Jacobo tendrá que pasarle una pensión después. Como pensión de alimentos.

**********************

Macarena tenía razón: la noche empezó con una lista entera de quejas. Mantuvo la calma hasta que al final declaró que iba a solicitar el divorcio.

Quiero tranquilidad, no soportar que me echen cosas en cara cada dos por tres. Y sí, ya te advertí que darle todos los caprichos a tu hija era un error y viendo la sonrisa triunfante de Nina, se apresura a cortarle las alas. Tampoco te fíes, que igual las cosas cambian pronto. Por ejemplo, puedo ponerle a tu padre la condición de que, si quiere ver a mi hijo Macarena se acaricia la barriga, tendrá que devolverte con tu madre. O algo así.

Mientras Nina balbucea intentando encontrar palabras para expresar su indignación y Jacobo asimila el golpe, Macarena recoge la maleta preparada de antemano y sale del piso. En realidad, no está embarazada, solo quiere poner nerviosa a la niña pija. Y darle una lección al hombre que no sabe nada, pero nada, de cómo tratar con adolescentesUn silencio denso se instala en el salón. Jacobo se queda sin aire, mirando la puerta cerrarse tras su esposa. Nina, por primera vez en mucho tiempo, no encuentra a quién culpar. Sin testigos, sólo le queda contemplar el sofá vacío, la televisión apagada y el eco de sus propios caprichos rebotando en las paredes.

Se sienta, jugueteando con el móvil. Espera un mensaje, una llamada, una promesa de que todo volverá a la normalidad. Nada. Afuera, la ciudad sigue su curso, ajena a su pequeña guerra.

En el pasillo, Jacobo tropieza con la maleta olvidada de Nina, todavía medio llena. Lee entonces un papel sobre la mesa: una lista de normas de convivencia escrita por Macarena, con letra redonda y pulcra. Al pie, una frase subrayada: Aquí no hay princesas, ni siervas: sólo familia.

Jacobo la deja caer, dolido. Quizápiensa por primera vezel error no era Alba, ni Macarena, ni siquiera Nina. Quizá el error haya sido negarse a crecer, refugiándose en el papel de salvador, sin escuchar realmente a ninguna de las mujeres que amaba.

Sabe que ha perdido algo más que una discusión. Y Nina, abrumada por la ausencia de rivales, se levanta despacio. Mira la puerta y, por primera vez, siente que quizá el mundo fuera de la burbuja de papá no da tanto miedo.

En la noche, cada uno aprende una lección: que ni el amor, ni la familia, ni la libertad se ganan a pulso de caprichos o amenazas, sino de verdades, renuncias y, sobre todo, respeto. Y cuando las certezas construidas sobre la comodidad se tambalean, solo queda levantarse y empezar a ser honestos. Uno a uno, sin héroes ni víctimas. Como de verdad debería ser una familia.

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