—¿Y ahora se va a quedar a vivir con nosotros? —preguntó él a su esposa, mirando a su hijo…

Life Lessons

¿Y ahora va a vivir con nosotros? le preguntó a su mujer, mirando a su hijo…

Concepción Rodríguez llegó a casa y se quedó sorprendida al ver a su hijo. Jaime llevaba ya dos años viviendo con su mujer aparte y solo se veían un par de veces al mes, y eso si acaso en fin de semana. Pero esta vez era martes.

¿Ha pasado algo? preguntó Concepción, saltándose el saludo.

¿Y eso, no te alegra verme? intentó Jaime bromear, pero al ver la mirada seria de su madre, respondió: Me he separado de Lucía.

¿Que te has separado? le preguntó ella con firmeza.

El carácter de mi madre nunca ha tolerado bromas, quizá porque lleva toda la vida trabajando en un centro de reeducación de menores. Las cosas por su nombre.

Bueno… nos hemos peleado murmuró Jaime, sin ganas de entrar en detalles.

¿Y entonces qué? ¿Vas a venir corriendo cada vez que te enfades con tu mujer? le miró fijo.

¡Nos vamos a divorciar! exclamó él de repente.

Concepción siguió mirándole, exigiendo explicaciones. Suspirando, Jaime confesó:

Quiere que le ayude más en casa. Pero yo llego muerto del trabajo.

¿Y qué? ¿Te caes los brazos por ayudarle un poco? replicó mi madre sin darle la razón.

Eso mismo me ha dicho ella… Yo le dije que la mujer es quien debe cuidar la casa, que es su papel.

¿De dónde has sacado esa tontería? respondió perdiendo la paciencia.

Estaba cansada después del trabajo, quería ducharse, descansar, comer tranquila con mi padre, y ahí estaba mi hermano con sus lloriqueos y esas ideas de otro siglo. Mi madre siempre ha compartido trabajo y tareas con mi padre. Nunca hubo ni división ni discusiones, todo a medias, criando hijos, llevándolo juntos. Ahora resultaba que el “hombre de la casa” se creía especial.

¡Te estoy preguntando! le gritó mi madre, y me imagino que si Jaime fuera menos hombre le habría dado miedo. ¿Dónde has aprendido eso? ¿Has cazado ya los mamuts hasta la extenuación? Si los dos trabajáis, los dos aportáis. Así que las tareas del hogar, igual que los gastos, se reparten. ¿O le has dicho que se quede en casa y deje de trabajar? ¿No? Pues entonces, ¿a qué viene este numerito? ¿Has visto alguna vez que tu padre y yo nos hayamos peleado por quién pone la mesa o quien friega? Porque los dos tenemos suficiente cabeza para tirar del carro juntos.

En ese momento entró mi padre, Antonio Fernández, con una bolsa de la compra, y al ver a Jaime, preguntó extrañado:

¿Ha pasado algo?

Hasta las preguntas son iguales, pensó Jaime, pero en voz alta respondió:

Me divorcio de Lucía.

Pues eres un idiota contestó secamente mi padre mientras llevaba la compra a la cocina.

Antonio, nuestro hijo está hecho un tonto le comentó mi madre, explicándole el motivo de la pelea.

¿Y ahora piensa vivir aquí con nosotros? preguntó Antonio a Concepción, y luego se dirigió a Jaime:

¿Sabes qué significa realmente la palabra cónyuge? Viene de yugo compartido. Es decir, los dos tiran del carro juntos. Y si uno se escaquea, el otro tiene que sudar el doble. Al final, uno se rompe o la carreta se va al traste.

Mi hermano se quedó pensativo, aunque herido por la discusión con su mujer esperaba que mis padres le apoyasen. Pero en el fondo, le hicieron ver la otra cara. Después mis padres siguieron con sus cosas, sin prestarle mucha atención. Antonio sacaba los productos de la bolsa y Concepción los iba guardando. Se notaba que entre ellos no había espacio para dramas, ni para mimar a Jaime como si fuera un niño chico.

Jaime observaba su pequeña armonía, sin entender cómo podían ser tan duros y a la vez tratarse con tanta ternura.

¿Y qué haces aquí plantado? Anda, ve y arregla las cosas con tu mujer le dijo mi padre, tajante. Y olvídate de esa basura mental de quién debe hacer qué. Lo que debéis hacer es cuidaros y ayudaros, eso es lo único importante. Venga, fuera, que nosotros tenemos nuestras cosas.

Salió de casa completamente descolocado, no era la respuesta que esperaba. Pero, al menos, la rabia por Lucía se le había pasado y vio que él también había exagerado. Al final, entendió que lo que más deseaba era construir una familia tan feliz como la de sus padres.

Rate article
Add a comment

thirteen − three =