¡A los 72 años, mi padre me contó que se casaría con su compañera de clase!

Life Lessons

Mi padre, JoséAntonio, me contó cuando cumplía 72 años que iba a casarse con una vieja compañera de clase. Cuando me lo soltó, quedé como una piedra: ¡¿a sus setenta y dos años, en serio?!

Durante veinte años había estado soltero, desde que falleció mi madre, MaríadelCarmen. Hace ya treinta años me mudé de Almagro a Valencia para montar mi familia. No lo he olvidado; cada Navidad y en verano voy con mi mujer, Elena, y mis hijos, Luis y Ana, a visitarlo. Tengo la suerte de que mi padre es una piedra dura de roer, no se queja de su salud y se las apaña solo, aunque Elena y yo seguimos echándole una mano cuando hay que ordenar el huerto o cortar leña para el invierno.

Hace poco me llamó por teléfono y, con voz de entusiasmo, me dijo que era hora de traer a casa a una mujer. Resultó ser Begoña, una compañera del instituto con la que había sido muy amigo; después de acabar los estudios se fueron a ciudades distintas y perdieron el contacto, y ahora, con los años, han decidido reencontrarse y unir sus vidas. ¿No parece una broma del destino?

Al enterarme de la boda, le dije sin rodeos que no podía contar con que nosotros, los hijos, estuviésemos presentes en la ceremonia, pero eso no le detuvo. Se casaron hace unos meses y organizaron una pequeña celebración.

Me pregunto qué le faltó a mi padre para no haber esperado hasta el final de su vida para dar este paso.

La cuestión es que la casa de JoséAntonio es enorme, tiene una gran parcela y una finca en el corazón de la provincia. Su nueva esposa, Begoña, tiene varios nietos y niños que seguramente querrán echarle el ojo al patrimonio. Por eso me surgen mil preguntas: ¿será todo esto una movida económica?

Mi mujer y yo vivimos en un piso de tres habitaciones en Valencia, cuya hipoteca hemos pagado durante quince años. Tenemos dos hijos y siempre pensé que, si alguna vez necesitábamos cambiar de sitio, dejaríamos el piso a los mayores y el terreno del padre al más joven. Ahora, sin saber quién heredará qué, todo se complica.

Hace seis meses que no volvemos a visitar a mi padre, y la idea de acercarnos ya no me apetece, sobre todo ahora que está construyendo una nueva vida. Los parientes nos llaman a todas horas, diciendo que debemos estar contentos de que mi padre haya encontrado el amor a su edad. Claro, me alegraría verlo feliz, pero no puedo evitar pensar que quizá Begoña solo quiere su parte y que, en el futuro, nos encontraremos peleando con una avalancha de parientes por la casa donde he pasado la mitad de mi vida.

No sé qué hacer. No puedo seguir ignorando a mi padre y tampoco tengo la energía para fingir que todo está bien. ¿Qué me aconsejaríais para salir de este entuerto?

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